Por Lucía Munoz

La respuesta a la pandemia, desde un punto de vista organizacional, impactó como pocos acontecimientos las distintas dimensiones de la empresa.

La disrupción que produjo hizo visible y emergió las fortalezas y las problemáticas en los distintos niveles de la organización:

A nivel individual impactando el lugar de trabajo, las rutinas y hasta las tareas de cada integrante de la organización.

A nivel de equipo, requiriendo equipos fortalecidos en la ambigüedad, que conecten y trabajen más unidos que siempre pese a estar a distancia.

A nivel de liderazgo -quizá una de las dimensiones más desafiadas- demandó líderes resilientes, capaces de leer un contexto diametralmente diferente, adaptándose y liderándolo casi sin margen de preparación.

A nivel organización como un todo, cambió la forma en la que trabajamos, colocando hoy en la agenda de muchos Comités Ejecutivos las siguientes preguntas:

¿Qué mensajes nos dejaron estos últimos meses? ¿qué sigue y cómo prepararnos para liderar el futuro? ¿qué transformación requiere nuestra organización para continuar siendo relevante?

Acompañando a muchas organizaciones a nivel global, regional y local, visualizamos que dichas preguntas se hacen recurrentes, delinean y dan sentido a una oportunidad única de adelantarse a lo que está por venir, respondiendo a los cambios y oportunidades fundamentales que trajo consigo el 2020 y esta primera mitad del 2021, creando la posibilidad de reconstruirse y de potenciar a la organización para liderar el futuro.

Para responder al impacto generado por COVID, las organizaciones debieron cambiar la forma en la que trabajaban, impactando dónde se realiza el trabajo (trabajo virtual, hibrido y presencial), quién realiza el trabajo (nuevas coordinaciones para dar respuesta a situaciones particulares, nueva tecnología implementada, IA, RPA, etc.) y qué trabajo es realizado (cambios en la naturaleza del trabajo para dar respuesta a nuevas demandas y realidades del mercado).

Estos cambios acontecidos durante la respuesta a la pandemia comenzaron a arrojar luz a ciertos conceptos que ya se venían conversando en las organizaciones, pero que aún constituían expresiones de deseo y no esfuerzos reales de implementación: organizaciones flexibles, equipos ágiles, estructuras “líquidas”, etc. Los últimos meses permitieron a las organizaciones hacer tangibles algunos de estos conceptos, comenzando a dar forma al futuro del trabajo.

Durante la pandemia las organizaciones focalizaron sus esfuerzos, en mayor medida, en dar respuesta a dónde trabajamos, acomodando sus modalidades de trabajo para continuar operando más allá de la presencialidad.

Asimismo, tímidamente comenzaron a explorar las dimensiones de quién y qué (quién realiza el trabajo y el valor del trabajo en sí mismo). Sin embargo, la gran oportunidad para liderar el futuro estará en continuar este proceso y plantearse preguntas en relación al cómo: ¿cómo volvernos una organización adaptable? ¿cómo adaptar nuestra cultura a los nuevos contextos? ¿cómo transformarnos profundamente para liderar el futuro de manera exitosa?

Los pasados meses demostraron que las organizaciones requieren comenzar a transformarse para adaptarse de manera exitosa a las distintas disrupciones emergentes. Así, las organizaciones adaptables a los nuevos contextos evidencian una transformación fundamental en la gestión de su diseño organizacional, lo que posibilita a cualquier organización a operar con una mentalidad de start-up e impulsar prácticas modernas con foco en las personas, para lograr la agilidad a través de redes de equipos empoderados.

Cuando el contexto es desconocido y el ambiente está marcado por la disrupción, aquellas organizaciones adaptables que potencian su adaptabilidad y logran generar valor en ambientes cambiantes y desafiantes tendrán mayor oportunidad de liderar y prosperar en el futuro.

Dado su impacto en la fuerza de trabajo, el lugar de trabajo y el trabajo en sí mismo, la recuperación de la pandemia COVID-19 desde una perspectiva de la organización del trabajo requiere estrategias enfocadas tanto en acciones prioritarias de corto plazo como en una profunda mirada al futuro y a la nueva normalidad.

Estas perspectivas presentan una oportunidad única a las organizaciones de replantease su forma de funcionar. Las organizaciones pueden verse tentadas a descartar la necesidad de cambio o imaginar la recuperación como un regreso a la manera en la que hacíamos las cosas antes de la pandemia.

Sin embargo, algunas organizaciones se encuentran tomando impulso, potenciando esta oportunidad única de re imaginar el futuro del trabajo y de la organización en sí misma, anticipándose y orquestando nuevas perspectivas para liderar el futuro en la nueva normalidad.

Lucía Munoz es Líder en Capital Humano de Deloitte Spanish Latin America

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.