Por Alberto Mora Román*

El 15 de setiembre del este año los cinco países centroamericanos conmemoraron el bicentenario de su independencia de la Corona Española. Esta es una fecha no para discursos difusos y vacíos, sino para análisis y debates concretos sobre el presente y futuro de la región.

En este contexto es relevante plantear: ¿qué han hecho los países con la autonomía que les confirió la independencia?, ¿en qué medida las sociedades han sido capaces de construir oportunidades de desarrollo y bienestar?, ¿cuál ha sido el rol de las elites en ese proceso?

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Responder estas preguntas es fundamental para con sensatez y responsabilidad hacer un balance y dimensionar los retos que enfrentan los países. De acuerdo con el Sexto Informe Estado de la Región (2021), el Bicentenario de la independencia encuentra a Centroamérica sumida en la peor crisis de las últimas tres décadas debido, por un lado a la convergencia de los rezagos históricos y tendencias desfavorables en materia de desarrollo humano sostenible y graves retrocesos en el ámbito político – institucional, y por otro, a los graves efectos de la pandemia.

Independientemente del sentido que se otorgue al bicentenario, su conmemoración es un momento oportuno para hacer además de evaluar críticamente nuestro devenir como repúblicas independientes, dimensionar los retos y las oportunidades compartidas.

Países con valioso patrimonio

Si bien hoy buena parte de los cerca de 45 millones de habitantes de la antigua provincia colonial viven en condición de pobreza y exclusión social, especialmente en los países más grandes y poblados: Honduras, Guatemala y Nicaragua, la región cuenta con un valioso patrimonio natural y cultural e infraestructura que debe revaluar para superar una de las coyunturas más complicadas de su historia contemporánea.

Centroamérica cuenta con cerca de medio millón de kilómetros cuadrados y una rica biodiversidad: 12% de las especies del planeta en 2% del territorio. Además, posee alrededor de 4 mil kilómetros de costa en el Océano Pacífico y poco más de 3 mil en el Caribe e importante infraestructura compartida: 11 puertos internacionales en el litoral Pacífico y 14 en el Caribe, 20 aeropuertos internacionales, el Canal de Panamá como punto neurálgico del comercio mundial y una carretera que se extiende a lo largo de 5.470 km entre Nuevo Laredo, México y Yaviza en Panamá.

Este patrimonio requiere ser gestionado de manera coordinada entre los países. La acción regional también es necesaria para optimizar recursos y esfuerzos para atender las dinámicas sociales, económicas, ambientales y políticas que trascienden las fronteras y que los entrelazan e influencian recíprocamente.

Dinámicas compartidas

El cambio climático agudiza los altos niveles de riesgo y vulnerabilidad de la región y expone sus recursos limitados e infraestructura pública y privada a recurrentes pérdidas. La condición de Centroamérica como puente entre América del Sur y América del Norte, supone la operación de diversas organizaciones criminales en su territorio para viabilizar la logística y redes necesarias para viabilizar el narcotráfico, el cual también amenaza y ha logrado penetrar la institucionalidad de los Estados a nivel nacional y local en algunos países. A ello se suman las migraciones y las pandillas como algunos de las dinámicas en las que los márgenes de maniobra de los países, actuando por separado, son muy limitados.

Sobre los beneficios potenciales de la acción regional se cimentaron las bases del Mercado Común Centroamericano en 1961 y la creación del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) en 1991. Pese a los logros de esos esfuerzos, los resultados son dispares entre aquellas instituciones que cuentan con financiamiento estable y fuerte apoyo político y las que dependen de la cooperación internacional y lo que ello significa en términos de la definición y sostenibilidad de su agenda de prioridades.

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Liderazgo responsable y sensato

Hoy, en una de las coyunturas más complejas de su historia contemporánea la integración regional podría jugar un rol fundamental y está debilitada por la dispersión institucional y falta de compromiso político de los Estados miembros. Pese a ello, el Sexto Informe Estado de la Región identificó existen altas y generalizadas disposiciones integracionistas entre líderes sociales y políticos centroamericanos, así como entre personas de alto nivel educativo en la región, un activo político de gran valor para el establecimiento, por parte de Estados y sociedades, de un marco efectivo de cooperación para atender los desafíos estratégicos de la región.

Al igual que en el pasado, la clave es lograr acuerdos políticos duraderos, primero para restituir y fortalecer la democracia, luego para tomarse en serio la integración y la acción regional y concebirlos como una plataforma para la implementación de políticas públicas nacionales.

Enfrentar los retos y aprovechar las oportunidades de Centroamérica es una responsabilidad compartida, pero quienes ocupan posiciones de liderazgo social, económico y político tienen un compromiso indelegable y determinante para evitar convertir estas aspiraciones en frustración y que ello perpetúe la existencia de perdedores y ganadores netos de los beneficios y oportunidades del bienestar y el desarrollo.

*El autor es el coordinador del Informe Estado de la Región del Programa Estado de la Nación.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.