EFE.- Al grito de “¡Sí, se puede!”, cientos de migrantes se concentraron este martes frente al Congreso de EE.UU. para dejar claro que no van a renunciar a su sueño de una reforma migratoria y que es hora de que los demócratas cumplan las promesas que llevan años haciéndoles.

La protesta duró unas cuatro horas: comenzó en un parque cerca de la sede de una de una de las agencias del Gobierno estadounidense encargada de detener y deportar a migrantes; y terminó frente a la piscina reflectante del Capitolio de EE.UU., donde los activistas erigieron un escenario.

Por ese escenario pasó el líder de la mayoría demócrata del Senado de EE.UU., Chuck Schumer, en el que los migrantes tienen la vista fija porque, en buena parte, de él depende la aprobación de una ley que permita regularizar a ocho de los once millones de indocumentados que se estima que viven en el país.

“¡Sí se puede!”, dijo al subirse al escenario. Ese lema, que simboliza desde hace años la lucha por una reforma migratoria, retumbó hoy en las voces de legisladores, como Schumer, que se acercaron a la protesta y también resonó entre quienes sueñan con un futuro mejor desde hace años.

Schumer dijo que se había sentido “triste” y “enfadado” después de que el domingo la conocida como “parlamentaria” del Senado, que interpreta las reglas del proceso legislativo, determinara que los demócratas no pueden usar una maniobra legislativa para aprobar una reforma migratoria en solitario, sin los republicanos.

“¡Nunca olvidaré a los migrantes que han construido este país!”, prometió Schumer, que habló en inglés a la multitud.

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Sus palabras eran traducidas al español por Gustavo Torres, un activista por los derechos de los migrantes que es conocido por su explosiva oratoria y que llegó a gritar y gesticular más que Schumer.

Para movilizar a la multitud, Schumer intentó terminar su discurso con el lema: “El pueblo unido jamás será vencido”. Sin embargo, hizo una mala traducción del inglés y dijo “las gentes”, ante lo que los manifestantes se mostraron un poco confundidos.

Enseguida remedió el error y la colorida multitud, agitando banderas y pancartas, respondió levantando el puño y aplaudiendo.

Terminado el discurso y rodeado de seguridad, Schumer procedió a entrar en un gran vehículo negro que le esperaba detrás del escenario; pero, una activista aprovechó la ocasión para tomar el micrófono y dirigirse al senador: “Líder Schumer, líder Schumer, consígala ya, consiga una reforma migratoria. No en la próxima elección, sino ¡ahora!”.

“¿Cuándo, cuándo, cuándo?”, gritó la activista a los manifestantes, que respondieron “¡Ahora, ahora, ahora!”.

Entre los asistentes había un sentido de urgencia y un cierto hartazgo debido a que los aspirantes demócratas a la Presidencia o al Congreso llevan años prometiendo a la comunidad latina una reforma migratoria en cada ciclo electoral, pero luego por diferentes razones no se lleva a cabo.

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“El tiempo es ahora. Los demócratas no pueden poner más excusas”, dijo a Efe Lenka Mendoza, nacida en Perú y que lleva viviendo de manera irregular en EE.UU. desde 2001.

Mendoza, que se gana la vida limpiando casas, lleva años participando en el movimiento por una reforma migratoria: ha participado en huelgas de hambre, se ha dejado arrestar por la policía y se ha desgañitado en cientos de protestas como la de este martes frente al Capitolio.

Pero hoy dijo que ya ha tenido bastante y que, si los demócratas no cumplen sus promesas, habrá consecuencias en las urnas.

“Mi hija es ciudadana, ella tiene 15 años y vota en las siguientes elecciones. Mi hija marchó conmigo desde muy pequeñita y ella ya me ha dicho que, si los demócratas no cumplen, ella va a votar en el próximo ciclo y lo tendrá en cuenta. Y -enfatizó- como ella, hay millones de niños ciudadanos con papás indocumentados”.

En concreto, según un informe de este año de la organización American Immigration Council, más de 6 millones de menores de 18 años viven con un familiar, normalmente un padre o una madre, que es indocumentado.

El Congreso lleva 35 años sin aprobar una ley que permita acceder a la ciudadanía a un gran grupo de migrantes.

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La última vez fue en 1986, cuando el entonces presidente, Ronald Reagan, firmó una ley que permitió regularizar a unos tres millones de inmigrantes indocumentados.