Por Erika D. Galván*

La conducta humana siempre ha sido y seguirá siendo compleja; más cuando recordamos el dicho aquel de “cada cabeza es un mundo” y tomamos en cuenta que en este mundo “piensan” más de 7 mil 800 millones de cabezas, de las cuales, muchas son económicamente activas y forman parte de alguna organización en donde se toman decisiones todos los días con la información que cuentan. El problema ocurre cuando no tienen esa información, ya que suelen hacer suposiciones (assumptions).

Existen suposiciones que, sin duda, son positivas. Aquellas que se utilizan para comprobar una hipótesis o teoría para la predicción de resultados previsibles, los cuales después son corroborados con información derivada de la experimentación o contemplación.

Las suposiciones con las que no queremos contar en nuestras organizaciones son aquellas que no son verificadas con algún tipo de información, se establecen como verdades y posteriormente dañan la comunicación, la cultura organizacional y el avance de las empresas.

Es frecuente encontrar líderes que dejan claro lo que esperan de sus colaboradores, de sus pares o de otros equipos, pues definen los objetivos y las actividades que deben realizar. Pero, ¿estamos seguros de que todos entienden lo que realmente se les pide y la manera en la que deben realizarlo? Y si no lo entienden, ¿verifican, preguntan o investigan?

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¿Qué debemos evitar?

En el mundo laboral existen comportamientos humanos que provocan suposiciones que bloquean la velocidad o eficiencia organizacional. Estos pueden ser: miedo a preguntar, asumir que se saben todas las respuestas, caer en la complacencia hacia el jefe, evitar compartir la información necesaria con el objetivo de controlarla y no perder estatus, entre otras. El problema más incapacitante de un negocio es la absoluta ignorancia de cómo funciona, pero todavía peor es creer saber cómo funciona.

Si alguien nos dice algo y no clarificamos, hacemos suposiciones; cuando no nos proporcionan información, hacemos suposiciones para satisfacer nuestra necesidad de saber. Incluso, si escuchamos algo y no lo entendemos bien, hacemos suposiciones sobre lo que ello significa y después creemos en esas suposiciones. Hacemos todo tipo de suposiciones simplemente porque no preguntamos.

Cuando nuestras respuestas están llenas de suposiciones, estamos destinados a encontrarnos únicamente con nosotros mismos.

La mejor manera de enfrentar las situaciones, más aún cuando se trata de circunstancias que nunca antes se nos habían presentado, es a través de la discusión de las mismas. Ya sea de que se trate de la mejora de un producto o servicio, un nuevo proyecto, la transformación de la cultura o la definición del negocio, primero que nada se debe generar un franco diálogo sobre la realidad y clarificar la situación con la información que podamos, en un ambiente en donde todos se sientan cómodos preguntando, con transparencia y comunicación constante. Es fundamental fomentar proyectos en donde se promueva la experimentación, la investigación y el descubrimiento.

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En los negocios se necesitan líderes que se acerquen más a sus colaboradores, que se interesen por sus inquietudes y preocupaciones, que pregunten frecuentemente cómo se sienten y si entienden el propósito de lo que hacen en la organización. Debemos evitar a toda costa que las suposiciones sin fundamento o verificación se conviertan en verdades absolutas y terminen dañando irremediablemente la cultura de la empresa, como cigarrillos que las personas van pasando de mano en mano.

*Es experta en planeación estratégica, comunicación corporativa, tecnología, innovación y liderazgo.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.