Si hay lugares en los que la pandemia ha dejado una importante huella, esos son precisamente aquellos lugares que menos capacidad económica presentaban de cara a combatir la pandemia con recursos. Ante una situación sanitaria que impedía toda actividad económica en el planeta, los Gobiernos se vieron en la obligación de contener la situación e hibernar la economía ante una elevada tasa de contagio que impedía lo contrario. Sin embargo, como es de esperar, este estado de hibernación tiene un coste.

Debido a la situación a la que se enfrentaba la sociedad en todo el planeta, y la vulnerabilidad de esta ante una elevada tasa de contagio y una elevada tasa de mortalidad, las medidas aplicadas por los Gobiernos abogaban por el cierre de las actividades y el confinamiento general en los distintos países. Cierres que tuvieron que ser paliados por los Gobiernos, concediendo ayudas directas para solventar los problemas relacionados con los ingresos, y permitiendo a los empleadores, siendo su intención la de contener el gasto, reducir la carga económica que suponen sus trabajadores.

Sigue la información sobre la economía y el mundo de los negocios en Forbes Centroamérica

España, por ejemplo, suspendió las actividades. Sin embargo, de la misma forma, puso en marcha mecanismos y herramientas como los ERTE, por ejemplo, que permitían al empleador suspender la contratación del empleado, haciéndose cargo el Estado de este, mientras la actividad se encontraba bloqueada por la pandemia. Estados Unidos, debido a su mayor capacidad y con una respuesta equivalente al 18% de su PIB, por ejemplo, puso en marcha el helicóptero monetario, el cual dotó a millones de estadounidenses de recursos para enfrentar la pandemia en un momento en el que obtener ingresos no era, siquiera, una posibilidad.

No obstante, estas medidas, en el caso de España y los ERTE, por ejemplo, dejan una factura que roza los 19.000 millones de euros (22 mil millones de dólares). En el caso de Estados Unidos, teniendo en cuenta que hablamos del 18% de su PIB, podemos hacernos una idea de que el gasto en España por los ERTE no es más que las migajas en contraste con el paquete de estímulos norteamericano. Con todo, hablamos de un gigantesco coste para los distintos Gobiernos, los cuales están teniendo que financiar esta situación con cargo a la deuda pública; razón por la que los niveles a nivel global han crecido tanto.

De media, la Universidad de Columbia de Nueva York cifra en un 6,7% del PIB el gasto fiscal para enfrentar la pandemia en las economías desarrolladas, en promedio. En lo que respecta a las ayudas fiscales como porcentaje del PIB, estas superan ampliamente el 18,8% en estas economías desarrolladas. Incluso a nivel global, el promedio relativo a la respuesta fiscal como porcentaje del PIB se sitúa en el 3,7% del PIB. En el caso de América Latina, o lo que es lo mismo, de las economías emergentes de América Latina, esta respuesta fiscal no alcanza el 2,4% del PIB, en promedio. Si observamos el porcentaje de ayudas fiscales como porcentaje del PIB, el GAP es mayor incluso, no superando el 8,5% de su PIB en promedio.

Le invitamos a seguir nuestra página de Facebook

Como vemos, hay economías que son claramente vulnerables ante situaciones de crisis económica.  Estas economías cuentan con menos recursos, por lo que, también, pueden destinar menos esfuerzos a combatir la pandemia, quedando al amparo de una ayuda externa que, pese a que fluye, no fluye al mismo ritmo que en años anteriores. Esto, de acuerdo con la OCDE, lleva a los países a una recuperación divergente, la cual rompe su uniformidad cuando contrastamos la incidencia del virus en las distintas economías, los ritmos de vacunación en los distintos territorios, así como la política económica impulsada por sus respectivos bancos centrales.

Esta incapacidad para destinar recursos viene motivada por un Estado de bienestar que carece de apariencia en esta serie de economías. En algunas economías de América Latina, la informalidad económica y los niveles de informalidad laboral hacen que el Estado sea incapaz de extraer recursos para financiar su operativa. Si miramos el ranking de la OCDE que mide la recaudación fiscal como porcentaje del PIB, el último país en el ranking, con un equivalente al 16%, es México. No obstante, una gran mayoría de economías de América Latina se encuentran en un nivel similar.

Descarga gratis la edición impresa de Forbes Centroamérica

Esto quiere decirnos que el Estado no es capaz de extraer recursos de su economía, o al menos todos los suficientes, como para financiar sus gastos. Por esta razón, cuando llega una crisis que debemos combatir y que requiere de estos recursos, estos países tampoco pueden dotar de un Estado de bienestar óptimo a su ciudadanía, pues recordemos que aquellos que se encuentran en la economía informal no pagan casi impuestos directos para sustentar los servicios que debe ofrecer un Estado, pero de la misma forma, no cuentan siquiera para un Estado que no puede reconocerlos, pues se encuentran empleados en el mercado informal. Ante esto, es hora de tomar conciencia y saber que hay determinados retos que, aunque ya suenen a historia vieja, suponen un gran problema, el cual se manifiesta excepcionalmente en escenarios de crisis. Son muchos los retos que enfrenta la región en los próximos meses, y años, por lo que los distintos Gobiernos deben comenzar a reforzar sus distintos Estados de bienestar, reforzando para ello su capacidad para extraer recursos de sus respectivas economías. Pues, de seguir así, los mandatarios siguen condenando a la región a una dependencia externa muy intermitente y cada día menos garantizada.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.