Centroamérica, una región compuesta por 7 economías, no siempre se estructuró como hoy se estructura. Lo que hoy conocemos como Centroamérica, hace años, no era una región geográfica como hoy es. Hace más de dos siglos, los territorios que hoy se encuentran bajo este marco geográfico se configuraron de tal forma, que se unieron todos bajo una misma constitución, así como una bandera que representaría los colores de lo que denominarían como “República Federal de Centroamérica”. Un proyecto de nación que, durante 15 años, trató de consolidar lo que hoy sería la sexta economía de América Latina.

En el 1824, tras la Guerra de la Independencia Hispanoamericana y la liberación de los pueblos americanos bajo dominio español, de la Asamblea Nacional Constituyente, celebrada en Guatemala el 22 de noviembre del citado año, nace la constitución de la República Federal de Centroamérica. Una federación compuesta por 5 países, siendo estos Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Panamá y Belice, por su parte, se habían adherido, en el caso de Panamá, a Colombia, mientras que Belice, en aquel momento, era colonia británica.

Este conjunto de economías, que se unían formalmente bajo una misma constitución y bandera, impulsó rápidamente beneficiosas reformas que trataban de consolidar un proyecto de nación que venía de una guerra civil, así como de un largo periodo bajo el dominio de España y México. En lo relativo a los derechos humanos, la abolición de la esclavitud destaca por ser una reforma atribuida a esta nueva república. En lo relativo a la capacidad del Estado, este no podía violar determinados derechos civiles y políticos. El sufragio universal o la división de los poderes del Estado, como las anteriores, también fueron reformas impulsadas por esta nueva nación.

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Pero además de lo comentado, la República Federal de Centroamérica no solo era un proyecto de nación que trataba de consolidarse en el plano político y social, sino también en el económico. Y es muy interesante observar los datos para ver la dimensión de esta república cuando todas estas economías, al igual que se unían bajo una misma constitución, se unían bajo un mismo producto interior bruto (PIB). Dicho de otra forma, si sumamos el PIB de estas economías y lo exponemos como si de una región, hoy, se tratase, estaríamos hablando de que este alcanzaría los $200.000 millones.

En otras palabras y como hemos mencionado al inicio –ahora fundamentando con datos–, la República sería la séptima economía más grande de América Latina y el Caribe después de Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia y Perú. Lo que, de facto, la sitúa por delante de Ecuador, de República Dominicana, de Uruguay, de Venezuela, así como de otras economías de América Latina. Y estamos hablando de modelos muy simplistas, proyecciones muy superficiales. Haciendo un análisis detallado, y teniendo en cuenta cómo se habría dado el crecimiento si estas economías hubieran enfrentado todos los frentes como nación, así como el desarrollo con el tiempo, tanto el PIB como su capacidad podría haber sido notablemente superior.

Si hoy existiera la República Federal de Centroamérica, esta nación contaría con 46 millones de habitantes, así como un territorio de 423.000 kilómetros cuadrados. Como país, hablaríamos de un país de gran envergadura. Sin embargo, las diversidades y las profundas fracturas de intereses provinciales generaron numerosos conflictos. Además, las propias divergencias entre territorios, donde Guatemala ocupaba, como capital, un lugar privilegiado, también alimentaron estos conflictos internos. Una situación a la que se le sumó el no reconocimiento por parte de los principales socios comerciales, así como numerosos escollos que provocaron la extinción de esta república en el 1839, tras 15 años de unión.

Hay analistas que ven en esta desintegración una oportunidad para numerosas economías, como Costa Rica, que, gestionando bien la situación, han podido hacerse un hueco en los mercados, ganando una posición económica bastante óptima con relación a sus homólogos en la región. Con la descentralización, hubo países que gestionaron mejor la situación, ganando terreno y despertando un desarrollo que ya se hace notar en estas regiones. Sin embargo, como con todo, hay quien no lo percibe así.

Por otro lado, otros analistas defienden que la integración es la vía para el desarrollo. La capacidad que tendrían estos países unidos, teniendo en cuenta que hablamos de países pequeños y con pocos recursos, podría ser muy superior si estos se integraran y actuasen como una sola economía. No obstante, dado que hablamos de una república que se extinguió en el siglo XIX, si hubiera tenido éxito o no el proyecto de nación es una pregunta a la que no podemos responder, pues solo un hombre con poderes divinos es capaz de proyectar el hipotético desarrollo de una nación compuesta por sociedades muy heterogéneas y tensionadas, y ello durante dos siglos.

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Podemos extraer diversas conclusiones del texto que en estos momentos nos ocupa, pero si algo debemos tener claro es que no he venido a hablar de fronteras y de nuevas naciones. Atravesamos un duro momento de excepcional incertidumbre y en el que la región, para salir adelante, debe trabajar unida. En el siglo XIX, Centroamérica demostró que estas regiones deben cooperar y trabajar de forma coordinada. Hoy, en un escenario de crisis y en el que la globalización exige competir, esa coordinación es más precisa que nunca. Pues no fui yo el que hace siglos acuñó la frase: “La unión hace la fuerza”.

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