Por Juan Carlos Echeverri

El desarrollo económico de una región o comunidad está altamente correlacionado con el nivel de acceso a electricidad que se tenga. Es por ello que dentro de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible – ODS, una iniciativa de las Naciones Unidas adoptada en 2015 y que se orientan en poner fin a la pobreza, cuidar el planeta y en un lograr mejores condiciones para toda la población mundial en 2030, el ODS No.7 “Energía asequible y no contaminante” se enfoca en garantizar este acceso a toda la población al 2030.

En todo el mundo se vienen adelantando proyectos o iniciativas que apunten a este importante objetivo, no obstante, algunos esfuerzos han demostrado ser mas efectivos en alcanzarlo. En la región América Latina y el Caribe – ALC, y tal como lo indica el informe Brecha de inversión para el acceso universal de electricidad al 2030 del HUB de Energía de América Latina y el Caribe, una iniciativa del BID y sus socios, se tiene en términos generales una cobertura del 97.2%, número que, si se compara con el correspondiente a 1970 de 52%, muestra sin lugar a duda un avance muy positivo. Sin embargo, si miramos la otra cara de la moneda, este número refleja la brecha actual que se tiene respecto la brecha de inversión para el acceso a universal de electricidad al 2030, ya que actualmente hay cerca de 18 millones de habitantes que no cuentan con acceso a energía eléctrica en América Latina y el Caribe – ALC y se estiman inversiones cercanas a US$ 13 mil millones para lograr llevar la brecha a cero, pero a 2030 y considerando el crecimiento poblacional, la región requeriría de US$ 25 mil millones para lograr conectar a cerca de 26 millones de hogares al 2030.

Sigue la información sobre la economía y el mundo de los negocios en Forbes Centroamérica

En México se requerirían de US$ 2,551 millones para lograr conectar cerca de 4.6 millones de hogares; en Colombia de US$ 1,238 millones para 1.7 millones de hogares; en Brasil de US$ 8,300 millones para 6.7 millones de hogares y en Chile de US$ 309 millones para 674 mil hogares, resaltando que estos países tienen porcentajes de electrificación muy positivos y superiores al 98.75%, 96.89%, 99.73%, 99.63%, respectivamente.

Según datos del Banco Mundial, el PIB del 2020 de la región a precios actuales, es de US$ 4,838 billones. Además, para los países indicados (México, Colombia, Brasil, Chile) el porcentaje promedio de inversión requerida para cerrar esta brecha sería del orden del 0.33% del PIB del 2020, pero para otros países como por ejemplo Guatemala, la inversión sería del orden del 1.84% del PIB del mismo año.

Si a esta brecha de inversión y por ende de acceso a electricidad, se suman otros aspectos tales como: el incremento en el precio de algunos bienes requeridos para el sector eléctrico (principalmente aquellos de fabricación en otros continentes) a causa de los impactos de la pandemia del COVID-19; el incremento en el nivel de endeudamiento de algunos países para cubrir los efectos de la pandemia; la atención a diferentes necesidades de la población de acuerdo a la senda de recuperación en cada país; la oposición al desarrollo de proyectos de infraestructura por parte de algunas comunidades; entre otros, se evidencia un conjunto de complejidades adicionales que pueden hacer que estas estimaciones económicas aumenten y por ende, hagan aun mas complejo alcanzar el cierre de esta importante brecha  y ocasionen seguramente un desplazamiento en el tiempo del cumplimiento de este y otros objetivos (ODS).

Es en este punto donde los gobiernos de cada país deben identificar muy claramente las obras requeridas para garantizar calidad y confiabilidad en el suministro a la creciente población, principalmente en las grandes ciudades o centros de consumo, pero al mismo tiempo, priorizar las obras orientadas a electrificación rural por medios tradicionales (redes) o zonas no interconectadas por medio del creciente uso de energías renovables no convencionales, para llevar energía a las comunidades que hoy lo requieren.  De igual forma, se requiere que los países de la región se enfoquen en promover cada día y de una forma cada vez mas efectiva, la atracción de capital extranjero para que en conjunto (Estado, Empresas) logren avanzar decididamente en este importante tema. En este aspecto es fundamental el rol de agencias de promoción de inversiones de cada país, para avanzar en prácticas que faciliten y promuevan hacer negocios (inversiones) ya que como lo resalta el informe Doing Business 2020 del Banco Mundial, ni una sola economía en América Latina y el Caribe se encuentra entre los 50 primeros en facilidad para hacer negocios. Finamente, estos actores deberán orientar sus esfuerzos en el aprovechamiento y uso eficiente de los recursos que promueven los organismos internacionales o banca multilateral para poder cubrir estas importantes necesidades de capital.

Le invitamos a seguirnos en la cuenta de Twitter

Sin lugar a duda, el crecimiento económico de la región será impulsado cada vez más, en la medida que el acceso a la electricidad tienda al 100%. Solo de esta forma se podrá garantizar una equidad en términos sociales y mayores oportunidades de desarrollo en la región, además de allanar el camino para que otros impulsadores de desarrollo tales como la educación, acceso a internet, salud, infraestructura, entre otros, se expandan y cubras las necesidades de todas nuestras comunidades en la región y al mismo tiempo, apalanquen el cumplimiento de otros Objetivos de Desarrollo Sostenible.

*El autor es gerente General en Transportista Eléctrica Centroamericana S.A.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.