Por Eduardo Valcárcel*
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) acordados en 2015 por las Naciones Unidas y los países integrados a la organización ha cobrado una nueva dimensión en el contexto de la pandemia.

Siguiendo la Agenda 2030, para ese año se ha propuesto erradicar o aminorar la pobreza, salvaguardar el planeta y sus recursos y proveer mejores condiciones de vida para la ciudadanía.  Así pues, los ojos del mundo están sobre la ejecución de las empresas para alcanzar esos objetivos. 

En muchas de las empresas dominicanas, la sostenibilidad forma parte ya de su ADN corporativo, integrada medularmente a su visión y a sus programas, entendiendo que sostenibilidad se equipara con productividad, innovación y buen desempeño. Esto significa operar con responsabilidad empresarial, impactando mínimamente al medioambiente y tomando acciones para mitigar la huella de carbono; cumpliendo con las leyes y normas locales e, incluso internacionales, y basándose en valores sociales y éticos. 

Regirse por esa filosofía en la empresa: comportarnos bien con el planeta, con nuestros relacionados, adoptar valores como la equidad, transparencia y cumplimiento, también trae otros atractivos beneficios.

Empecemos por la retención y atracción de talento. Todo el mundo quiere sentirse orgulloso de aquel para quien trabaja; quiere sentirse parte de algo más que de una mera actividad comercial, de servicios o manufactura. Sentir y saber que la empresa donde se trabaja opera bajo estándares de excelencia, de compromiso social, protección del empleo, cuidado ambiental y sostenibilidad, nos hace querer permanecer y crecer en ella.

Además, las mejores prácticas nos sitúan más alto en los rankings de reputación y reconocimiento. Tener esta valoración de nuestros relacionados y de la opinión pública coadyuva a que hagamos más negocios, logremos mejores condiciones en el precio del dinero para préstamos e inversiones, y cumplamos con las obligaciones para con el Estado. 

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Semejantes resultados pasan a un círculo virtuoso, mejorando nuestra interacción con los inversionistas, por igual pendientes de que los objetivos del negocio estén en línea con un impacto social y medioambiental positivo. 

No es casual que el sector financiero esté incorporando en sus criterios de inversión aspectos medioambientales, sociales y de buena gestión, y no sólo de rentabilidad financiera, pues todo esto repercute en una mayor valoración de la empresa a la hora de querer venderla, asociarnos o atraer aliados. 

Comportarnos con justicia, integridad y ética rentabiliza más en estos tiempos. Desarrollar y practicar una filosofía de sostenibilidad nos hace bien a todos: gana el empleado, la sociedad, el mercado, el consumidor, el accionista y los gobiernos.

*Managing Partner de Newlink Group

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Linkedin: Eduardo Valcarcel B.

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