Por Rosa María Bolaños / Prensa Libre

Los niveles de visita a los atractivos naturales y culturales del país mejoraron respecto al 2020, pero aún no recuperan los niveles del 2019, concuerdan directivos de asociaciones de pequeños y grandes hoteles.

Además, se observan cambios en las modalidades de demanda de alojamiento, lo que no les permite proyectar el comportamiento a mediano y largo plazo.

Andreas Kuestermann, presidente del Buró de Convenciones (que agrupa a grandes hoteles) y de la Comisión de Turismo Sostenible de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport), explicó que en esos segmentos se observan conductas variadas:

Los hoteles grandes de ciudad aún tienen una demanda baja, con una ocupación de alrededor de 30% en promedio, cuando en prepandemia se registraba 75%, pues se reciben pequeñas cantidades de ejecutivos de negocios, viajeros de deportes u ocio y por algún evento social. En ocasiones hay tripulaciones de aerolíneas o migrantes guatemaltecos que buscan el servicio.

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Mientras que en el interior del país, debido al turismo interno se reporta entre 30% y 40%, mientras que antes del coronavirus estaba entre 55% y 70%, dependiendo del destino.

Aunque se esperan una mejora durante la temporada que tradicionalmente ha sido alta (noviembre y diciembre), Kuestermann expuso que el viajero está haciendo sus reservas o confirmaciones con una anticipación muy corta, tendencia que no les permite tener de forma clara un pronóstico para el fin de año ni para el 2022.

“Ahora la decisión del viajero es de último momento, previendo el tema de su salud o decisiones que pueden desde sus países de origen o Guatemala como destino, respecto a restricciones o protocolos de movilidad por la pandemia”, dijo el ejecutivo.

Carlos Ramos, presidente de la Asociación de Pequeños Hoteles de Guatemala (Apehgua) refiere que ese tipo de establecimientos tiene una ocupación promedio a nivel nacional menor al 35%, y representa solo la mitad de lo que se registraba en el 2019, que se situaba en entre 60% y 70% y durante los fines de semana se podía llegar hasta el 90%. Hoy, entre semana se mantienen entre el 10% o 15%, mientras que el año pasado llegó solo al 20%, en promedio.

¿Qué hacen los viajeros de negocios y de ocio?

En el segmento de negocios, el ejecutivo individual toma una decisión más espontánea derivada de la necesidad de reuniones empresariales o con personas que deben atender, pero todavía están viajando poco. Antes se hacían las reservaciones con varios meses de anticipación y ahora se dan una semana antes, señaló el directivo.

Además, anteriormente los grupos superaban las 50 personas y se hacían reservaciones con un año de anticipación; en la actualidad, son de 20 a 30 participantes y reserva con solo dos o tres meses de anticipación.  Mientras que para los grupos pequeños, la anticipación era de dos a tres meses y ahora son dos semanas o menos.

“La industria de turismo de convenciones no visualiza aún ninguna estimación positiva en los próximos 3 o 6 meses”, comentó Kuestermann.

En los pequeños hoteles, la mayoría de huéspedes son nacionales, principalmente ejecutivos de diferentes empresas como visitadores médicos, supervisores, vendedores o prestadores de servicios y entre semana, el turismo interno no llega mucho, dijo Ramos.

Ellos llegan casi solo el fin de semana, en especial a destinos como Antigua Guatemala, Panajachel y el resto de Atitlán o playas del Pacífico, pero en lugares que no son tan turísticos como Chimaltenango y la capital, los huéspedes son empresariales o ejecutivos, añadió.

El directivo de Apehgua indicó que la estadía de los extranjeros es de alrededor de 5 a 6 días y no cubre solo fines de semana.  El turismo interno tiene otro tipo de demanda, ya que su estancia es menor y no consume mucha artesanía, en tanto que algunos prefieren alojarse en casas de familiares o amigos y se trasladan en transporte privado o propio.

También coinciden en que el turismo local se ha convertido en un salvavidas, principalmente en el interior. Esto contribuye a que en los fines de semana, la ocupación sea superior al 50% y 60% en ciertos destinos como la costa sur y áreas de playa o Atitlán,  en Sololá.

En occidente, mucha más gente está viajando a Quetzaltenango y Huehuetenango, pero a lugares como Petén, la movilidad es más baja, indicó Kuestermann.  De ahí se deriva la decisión de la Corporación Camino Real de mantener cerrado un año más su hotel cercano a Tikal.

Estrategia de costos

Para cubrir los costos de operación, los grandes hoteles en la ciudad (incluyendo en Antigua Guatemala) han establecido diversas estrategias, como mantener cerrados algunos pisos e instalaciones que no se utilizan.

Otra opción es que trabajan con un mínimo de personal de la plantilla que requerían antes de la pandemia. Por ejemplo, en los pequeños hoteles labora alrededor del 50% del personal que tenían en la prepandemia, dijo Ramos.

“Los que han cerrado son los que no pudieron cubrir sus costos, los que aún estamos operando, lo hacemos con malabares, estrategias y mercadeo, tratando de sobrevivir y en espera de que pronto estemos en una operación normal”, comentó.

El Buró de Convenciones está integrado por 17 grandes hoteles y todos permanecen abiertos, aunque algunos establecimientos grandes que no integraban esta asociación han cerrado, como El Panamerican, en la zona 1 y el Howard Johnson Inn, en la zona 9.

Apehgua tenía 157 establecimientos y en agosto del 2020, luego del primer mes de flexibilización de las restricciones implementadas por el gobierno, solo el 75% estaba operando. Ahora están actualizando sus datos para establecer cuántos cerraron definitivamente.

En conclusión, tanto Kuestermann como Ramos coinciden en que es necesario atraer más turismo extranjero al país, puesto que es el segmento que más demanda alojamiento y servicios diversos como tour operadores, transporte y artesanías.

*En alianza con Prensa Libre