Por César Addario Soljancic

El Salvador sufrió en 2020, al igual que sus vecinos centroamericanos, una fuerte contracción económica, producto de una combinación de factores relacionados con la pandemia del COVID-19. Pese a que la crisis sanitaria se niega a finalizar, la economía de esta nación centroamericana comienza a dar signos de recuperación.

Tal y como lo describimos en este espacio editorial cuando se iniciaba la emergencia por el COVID-19, las características de la pandemia obligaron a las autoridades a ordenar cierres prolongados, confinamientos y suspensiones de la actividad productiva, que llevaron a una distorsión importante por el lado de la demanda. Esta crisis de consumo se ha convertido, globalmente, en un problema de oferta que está complicando el panorama para la recuperación.

En el caso salvadoreño, esto se acompañó, por orden del presidente Nayib Bukele, con medidas compensatorias, como la entrega de un fondo de emergencia de US$300 por familia, la suspensión de pagos por los servicios básicos durante tres meses, y la repartición mensual de despensas de alimentos, que continúa a la fecha.

Estas medidas, parte de la estrategia del presidente Bukele para aminorar el impacto de la crisis, permitieron mantener a flote las economías domésticas en momentos en los que la pandemia golpeaba con especial severidad a los trabajadores independientes y a los comerciantes informales, mientras suponía un bache importante para los negocios medianos y grandes, imposibilitados para operar.

Para el Estado salvadoreño, al igual que para otros países de la región, esto derivó en un golpe fiscal fuerte, primero, por el mayor requerimiento de recursos para hacer frente a la emergencia sanitaria y para apoyar a las familias, y segundo, por la reducción de la recaudación debido a la caída en la actividad económica. Todo esto llevó a que el Producto Interno Bruto (PIB) salvadoreño bajara casi un 8 % al cierre del año pasado.

Cifras económicas del segundo trimestre de 2021, reflejadas en un informe elaborado por EXOR LATAM Centroamérica, muestran un panorama más alentador para este año. El PIB trimestral alcanzó un avance del 14.5 % a junio de 2021, un avance más que significativo en comparación con la caída del 7.2 % que se acumulaba para el mismo mes de 2020.

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El informe destaca que las medidas tomadas por la administración del presidente Bukele para apoyar al sector productivo han permitido que sean tres rubros los que mayormente han sostenido esta mejora: el de la construcción, el de la industria manufacturera, y el de servicios.

Veamos cuál ha sido el desempeño de estos tres rubros. La construcción, por ejemplo, venía de ser uno de los únicos sectores que, a junio de 2020, no presentaba una caída y más bien registraba un crecimiento del 5.6 % con respecto al mismo mes de 2019. Para mediados de 2021, lidera la recuperación, con un crecimiento del 34.8 %.

El sector de la industria, que para junio de 2020 había caído ya un 5.8 %, ha marcado un avance del 16.5 % para el mismo mes de 2021. Por su parte, el sector de servicios, que a mediados del año pasado retrocedía un 10.9 %, para el mismo periodo de 2021 cuenta con un avance del 16.3 %.

Estas cifras nos indican que, de mantenerse la tendencia, El Salvador estaría recuperando el terreno perdido por la pandemia, y reencausando la ruta del crecimiento económico para 2022, adelantándose a otras naciones latinoamericanas que no tendrán crecimientos netos positivos sino hasta 2023.

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*Experto en estrategias de Deuda Soberana de los Mercados Emergentes en América Latina.

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