Por Mirciny Moliviatis
Cuando recuerdo mi infancia, inmediatamente mi mente se llena de imágenes de mi abuelita Chave cocinando en su casa. Días enteros giraban en torno a la cocina cuando estaba con mi abuela. A primera hora, después de un rico desayuno, mis hermamos y yo teníamos fuerzas para caminar nueve cuadras para ir al mercado. Al llegar nos esperaba una cátedra sobre cómo ir de puesto en puesto y escoger los mejores ingredientes;

De regreso a casa una sinfonía de olores desfilaba a lo largo del corredor. No importaba si cocinaba para dos o para cien personas, ella siempre hacía ver la preparación de los platillos como algo fácil y divertido.

Si me preguntan qué platos son los que más recuerdo de la cocina de la Chave, puedo mencionar el fiambre, el caldo de cocido, y el gallo en chicha, pero los tamales eran su sello de oro, lo mejor de lo mejor.

Los tamales son un plato tradicional que no falta en la mesa de los guatemaltecos, los sábados era el día oficial de la semana cuando toda la familia y amigos encontraban la excusa perfecta para reunirse. Con una cervecita bien fría y muchas risas, todos esperaban a que saliera del fuego el primer tamal. ¡Eso nos unía como familia, para ayudar a prepararlos y para comerlos, por supuesto! Mi hermano Bassylis era el catador oficial, ya que decía: “Chave, tengo que probar otro porque con el primero no le siento bien el sabor”. Mi abuela sonreía y le daba el segundo tamal.

Abuela, ¿Cuál es el mejor consejo para hacer tamales?”, le pregunté . Ella me respondió que la preparación de la olla. Con paciencia me dio estas instrucciones que atesoro: “Cuando terminemos de envolver estos tamales, toma la olla grande, cubre las paredes y el fondo con hojas de plátano. Ordena los tamales y agrega agua hirviendo esta debajo de las hojas no tocando los tamales y  nunca agregues mucha agua. Agrega una cucharada de sal, tápalos con más hojas, y pon una bolsa plástica encima a manera de cubrirlos. Pon la tapadera y déjalos cocinar. Si falta agua, es mejor agregarle agua caliente poco a poco, que pasarnos al principio. No olvides, que el éxito de mi receta es que siempre escojo los mejores ingredientes, nunca pongo en juego la calidad ni la cantidad, cuido y limpio muy bien las hojas de plátano para envolverlos y que nunca falte el ingrediente principal, el cariño con el que cocino para ustedes”.

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Al iniciar con la preparación, todos en fila teníamos una responsabilidad. Yo, por ser la más pequeña, era la encargada de poner los tamales en la olla. Más allá de hacer tamales, recuerdo las historias que tíos, primos, hermanos y amigos llegaban a contar ese día que, sin darnos cuenta, hacía que todo el corre corre de la semana quedara atrás. Lo único que importaba era la excelente compañía y la buena comida. Quisiera regresar en el tiempo y vivir esos día una vez más.  

Pero un platillo que marca las familias guatemaltecas, debe de tener una historia? Es por eso que contacto al Dr Francisco Estrada Belli, Arqueólogo guatemalteco quien trabaja en la Universidad de Tulane en New Orleans. Al encontrarme con  Francisco me dice “¿Estas lista? Nos toca una aventura selva adentro, en donde te enseño cómo la gastronomía siempre esta ligada a la historia, y lo que tengo para ti se que te gustará.

Tomo maletas y nos vamos hacia Petén Flores, 9 horas de camino, en donde al llegar debemos tomar un helicóptero para viajar 35km de Tikal, que son 20 minutos más de viaje para llegar a este sito. Al llegar nos espera un picop modelo 80 con unas llantas gigantes para un carro normal y pregunto:  ¿a donde vamos? Y me dice para llegar a Holmúl queda una hora mas de camino en medio de la selva, no hay carreteras, ten cuidado con la cabeza porque pasamos por varias ramas de los árboles y disfruta de la vista.

Mi fascinación era mucha, al escuchar a Francisco hablarme sobre este yacimiento maya precolombino que data de 1000 años AC. ¿Francisco, que es este friso maya tan importante para mi como cocinera?. Francisco me contesta: Mirciny tus ojos no lo van a creer, pero para nuestra Civilización Maya la gastronomía era muy importante.

Al llegar, veo un lugar impactante, una cuidad maya bien conservada entre la selva. Holmúl significa cabeza de cerro ya que esta construida en la punta del cerro.

Al subir al templo dos, entramos a una tumba que todavía tiene el estuco negro original, caminamos dentro del túnel, resintiendo el calor húmedo de la selva, el túnel  cada vez se hace mas estrecho, al llegar a una puerta, Francisco al abrirla, refleja  en sus ojos el orgullo de mucho trabajo realizado para descubrir un friso que cuenta parte importante de nuestra historia.

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Lo más importante de este descubrimiento gastronómicamente hablando me cuenta Francisco son los Dioses del inframundo sentados después de haber creado a los humanos, ofreciéndole la comida que extrajeron de la tierra  al Rey que esta resurgiendo como Dios llamado Och Chan Yopaat, que significa “el Dios de la tormenta entra en el cielo”.

Esto que ves, esta forma circular con un rectángulo encima  significa na waj o “primer tamal”. El tamal es la comida más antigua de los mayas y una de las más sagradas. Esto que tienes delante de ti, es la referencia más antigua escrita sobre los tamales. Al escuchar estas palabras mis ojos, mi corazón no pueden dejar de sentir emoción, el estar frente a un pedazo de historia tan importante, en donde un plato guatemalteco como los tamales, toman un significado diferente, pasan de ser el plato de los sábados a tener un significado histórico sacro-ceremonial.

*La autora es una chef guatemalteca, empresaria y productora de televisión.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.