México es el mejor ejemplo de cómo el libre comercio y la apertura comercial, en muchas ocasiones, dejan beneficios extraordinarios para muchas economías. La provechosa relación entre el país azteca y los Estados Unidos, sumado a un escenario en el que las dos economías más grandes en el planeta (EEUU y China) iniciaban una guerra comercial, ha convertido al país mexicano en el principal socio comercial de los Estados Unidos. Una posición clave para un país que, de no ser por el comercio exterior, estaría atravesando una situación aún peor.

Basta observar las cifras para darnos cuenta de la importancia que tiene el comercio exterior para México. Observando estos datos, lo que vemos es que el peso del comercio exterior en el producto interior bruto (PIB) mexicano supera el 80% tranquilamente. Separando entre exportaciones e importaciones, únicamente las exportaciones que realiza el país soportaban el 40% del PIB mexicano. En este contexto, es conveniente resaltar que el peso del sector exterior en el PIB mexicano en el año 1970 era del 17%, mientras las exportaciones no superaban el 4%.

Y es que, como veremos a continuación, en esto que hoy mencionamos ha tenido una gran influencia el país norteamericano, así como los tratados de libre comercio firmados entre estos países. En otras palabras, el T-MEC, que es el nombre del acuerdo que sustituye al ya extinguido TLCAN, es un acuerdo comercial que ha permitido que hoy México pueda participar en los mercados internacionales como lo está haciendo. Gracias al T-MEC, México es el principal socio comercial de los Estados Unidos y, gracias también al T-MEC, numerosas economías se están fijando en la economía azteca para establecer relaciones estratégicas; como puede ser el caso de Reino Unido.

Así, debemos fijarnos en el peso del comercio en el PIB mexicano en el año 1994, cuando México firma el TLCAN, para darnos cuenta de esto que comento. En este sentido, mientras que, en 1994, el comercio exterior en México representaba aproximadamente el 30% del PIB, dos años después, en 1996 y ya habiendo firmado el acuerdo, el peso de este comercio exterior superaba el 50% del PIB. Pero vamos, no deberían sorprendernos estos datos cuando los estudios realizados al respecto por los economistas nos dicen que los acuerdos y tratados de comercio impulsan notablemente el comercio exterior entre regiones.

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Como ejemplo podemos encontrar la Unión Europea, o las propias economías de América Latina.

Pero teniendo todo esto en cuenta, lo curioso es que no se haya tratado de integrar a otras economías de la región, que también lo necesitan, en este tipo de acuerdos. Como sabemos, muchas economías de América Latina están apostando por abrirse al comercio internacional, y su participación en los mercados lo muestra. Pero, pese a ello, aún no hemos visto a estas economías integrarse en estos acuerdos. Una situación que podría analizarse, pues viendo el comportamiento de la economía mexicana y la situación que atraviesan muchas economías en la región, esta apuesta por el T-MEC podría ser una apuesta acertada; Reino Unido lo tiene claro, como decíamos.

Además, también puede servirnos el ejemplo de Nicaragua, siendo el único país con el que Estados Unidos mantiene una relación comercial hasta el punto de presentar un claro déficit. Así, las cifras nos muestran que, en términos relativos, la apertura de Nicaragua y su participación en el comercio internacional con los Estados Unidos no ha dejado de crecer, al igual que con México, siendo el país estadounidense un claro mecenas de la economía nicaragüense.

En este sentido, las cifras nos muestran que el país de Centroamérica que más exporta a EE.UU. es Nicaragua, habiendo llevado a tierras norteamericanas el 60,4% de sus ventas en el exterior durante el ejercicio 2019. Pero cuando hablaba de mecenas, lo decía por el hecho de que Nicaragua, de la misma forma, también es el país que menos compra a los Estados Unidos, siendo solo el 27,1% de sus importaciones.

Como vemos, Nicaragua es otro ejemplo de cómo las relaciones entre estas economías y los Estados Unidos puede ser una vía mediante la que redistribuir la riqueza. En cierta forma, las inversiones norteamericanas en estas economías podrían ayudar a paliar una situación que, en muchos casos, se vuelve insostenible. Pero la pandemia, además, ha acentuado unas debilidades que hacen cada vez más necesario que estas economías busquen alternativas para crecer. Desde la crisis de 2008, la inversión extranjera no ha dejado de caer, de la misma forma que caían las tasas de crecimiento en todas estas economías.

Pero para darme más la razón, no podemos acabar sin señalar las virtudes de un sector al que no le ha hecho daño ni la propia pandemia. No hace mucho tiempo, el país azteca registraba un superávit histórico, de 68 mil 420 millones de dólares. Una relación que crece año tras año, y que, como decíamos al inicio, también en momentos de pandemia sigue cosechando niveles record. De la misma forma, el pasado mes de marzo, el comercio entre México y los Estados Unidos marcó un nuevo record histórico, registrando un incremento del comercio entre México y Estados Unidos, expresado como la suma de exportaciones e importaciones, que se situaba en los 56 mil 908 millones de dólares.

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Con todos estos datos en la mano, con el ejemplo de México y Nicaragua y como escribía en Forbes Colombia, pocos motivos quedan para no apostar por este comercio exterior. Pues hablamos de un clarísimo motor de crecimiento que podría devolver parte del dinamismo perdido a las economías de Centroamérica, si estas formaran parte de estos beneficiosos acuerdos.

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