Por Ileana Rojas* y Jorge Sánchez**. 

Antes de que apareciera el Covid-19, casi nadie se preocupaba por cómo llegaban los productos a los supermercados, el combustible a las estaciones o cómo transportábamos bienes, servicios y materias primas de un extremo del planeta a otro. Era un tema de logística que pasaba desapercibido, porque funcionaba como un reloj suizo, sin problemas, sin contratiempos.

Apareció la pandemia y el reloj suizo se rompió, el mundo se puso de cabeza. Nunca en la era moderna habíamos tenido un acontecimiento tan disruptivo como este. La situación puso a prueba a las empresas en todo el mundo, ahora con la cadena de suministros en el eje central, diseñando planes de contingencia, analizando datos y tomando decisiones casi en tiempo real para no detener las operaciones. La pandemia nos mostró lo vulnerable que puede este componente crítico del negocio.

El origen del problema

Los cierres de fronteras, puertos y aeropuertos, cuarentenas y suspensión de vuelos, entre otros, generaron una paralización del comercio mundial. Luego, cuando se abrieron nuevamente los mercados, nos enfrentamos a una sobredemanda de productos, especialmente de la industria médica, que colapsó la oferta existente de contenedores para movilizarlos.

Esa escasez de contenedores disparó los precios, según la Cámara de Comercio Exterior de Costa Rica, mientras mover un contenedor de 40 pies desde Asia en julio de 2020 podía costar cerca de USD $1,500, hoy ese mismo flete puede llegar incluso a USD $12,000, costos que no pueden ser trasladados en su totalidad al consumidor y que se traducen en pérdidas para muchas empresas.  Además, los tiempos de entrega aumentaron y los inventarios se vieron afectados.

En el transporte aéreo la situación es similar. La capacidad aún no alcanza los niveles pre-pandemia y los costos también son mayores. Hace tan solo unos meses, el director general de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), indicaba que “los problemas de capacidad siguen amenazando al sector mientras continúan las restricciones a los viajes internacionales, que mantienen buena parte de la flota de pasajeros en tierra. Y, las demoras de las cadenas de suministro podrían intensificarse a medida que las empresas continúen aumentando la producción”.

No hay proyecciones precisas de cuando se normalizará la situación, pero sin duda no será en el corto plazo.  Incluso, no sería de extrañar ver anaqueles vacíos en las próximas festividades o temporadas importantes de comercio a nivel nacional.

Oportunidades en la crisis

En medio de la delicada situación, se han puesto sobre la mesa cartas que podrían representar oportunidades para nuestra región.

Se ha hecho más evidente que nunca para las empresas globales, la importancia de no concentrar las operaciones en una sola geografía, y la necesidad de acercar a proveedores y compradores, lo que se conoce como nearshoring, una tendencia que gana relevancia ante la necesidad de reconfigurar las cadenas de suministros. El nearshoring es un modelo donde parte de los procesos de negocio se llevan a cabo en países geográficamente cercanos a donde se ubica la casa matriz.  Así, al encontrarse en un espacio más próximo, ambas partes salen beneficiadas.

Actualmente son muchas las empresas que siguen una estrategia de nearshoring. Según un estudio realizado en 2020 por la consultora McKinsey, el 40% de los líderes de empresas multinacionales planea acciones de nearshoring y ampliación de la base de proveedores, a fin de incrementar la resiliencia de sus cadenas de suministro.

Un ejemplo claro de esto es el de la industria de semiconductores, que hoy tiene el 80% de su cadena de suministros en Asia y ya toma medidas para cambiar esa situación y rebalancear la producción. Con las inversiones que se están realizando, la industria espera que para 2030 el 50% de la producción se dé en América y en la Unión Europea.

Diversos organismos internacionales coinciden en que esto representa una gran oportunidad para Centroamérica y el Caribe, por su cercanía con Estados Unidos, los tratados de libre comercio existentes y la experiencia en la exportación de productos a dicho país. En los últimos meses comenzamos a escuchar noticias en este sentido, con el traslado o ampliación de operaciones de diversas empresas, lo que sin duda es un gran aliciente para nuestra región, urgida de reactivación económica y generación de empleos.

Pero sacar provecho del nearshoring también implica retos. Es primordial que los gobiernos interioricen que los servicios de logística son vitales y que necesitamos mejoras sustanciales en infraestructura de puertos, aeropuertos, carreteras y aduanas. Las conexiones con el mundo son esenciales.

Encadenamientos e innovación

Quizá en medio de esta crisis, las grandes empresas son las que han logrado responder con mayor rapidez a los desafíos. Empresas más pequeñas han tenido que poner en acción su “plan B” y otras, simplemente no lo lograron.

La innovación es vital ante situaciones como la que vivimos. Las empresas deben invertir en su talento, en ampliar y mejorar sus cadenas de suministros y en hacerlas más eficientes. Los encadenamientos locales cobraron mayor relevancia. Hoy muchas empresas pueden preferir comprar a lo interno para sortear la crisis global y evitar atrasos. Como líderes debemos estar atentos y aprovechar las oportunidades que nos ofrecen nuevos mercados.

Lograr que la cadena de suministros vuelva a funcionar como un reloj suizo llevará tiempo, pero hoy somos más conscientes de los riesgos, de la necesidad de contar con planes de contingencia, con cadenas de suministros más flexibles, con mayores inventarios y la importancia de utilizar mejores herramientas tecnológicas de planeamiento, evaluación de riesgos, y enfoque en optimización de la cadena.

Hoy debemos trabajar en la resiliencia empresarial, adaptarnos al cambio y nunca dejar de avanzar.

Los autores son gerente general de Intel Costa Rica* y gerente de logística en Intel Costa Rica.**