Por Catalina Jiménez Combariza

Hace 17 años, cuando nació mi agencia de Relaciones Públicas, debo reconocer que lo que menos claro tenía era un plan de negocio, pero sí sabía cuál era mi visión, (aunque en aquel entonces no lo llamara de esta manera) quería dedicarme a hacer lo que me más gusta en la vida y es conectar a las personas. Creo que esa es una de las grandes ventajas al emprender a una edad relativamente joven (tenía 23 años), cuando aún tienes una energía casi adolescente que está concentrada en disfrutar, más que en planear y definitivamente no tienes miedo a ningún tipo de reto.

Algunos dirán que podría haber sido la fórmula perfecta para el fracaso: No planeación + Querer disfrutar = “fracaso asegurado”. Dos décadas después, puedo decir que al contrario, pasó justo como tenía que suceder y es que el éxito no estaba en el plan, sino en la visión. No quiero decir que esa sea la mejor manera de emprender, sin embargo, sí fue mi manera perfecta, ya que lo hice sin miedos, sin planes y llena de un deseo enorme por pasarla bien. Confiando 100% en mi capacidad y en mí misma. En mi casa mis papás, siempre me transmitieron una tremenda narrativa sobre lo capaz que era y cómo podía alcanzar cualquier cosa… por suerte para el público no quise ser cantante, porque también me habría creído buenísima.

Mi mamá siempre me habló de ser feliz, la recuerdo diciéndome que yo era maravillosa y que podía hacer lo que quisiera si me gustaba (aún hoy me lo repite)… siento que se lo creí y que además me tomé muy en serio al transitar por el mundo adulto haciendo lo que siempre he querido: Trabajando por conectar a las personas, por generar narrativas que creen puentes, por dar espacio para visibilizar historias que tal vez, sin la ayuda correcta, no se conocerían y sobre todo por disfrutar de lo que hago. Mi papá por su parte me ha hecho saber que si me equivocó él me respalda, así que en mi universo, ¿por qué tendría miedo? o ¿qué me impediría intentarlo?

Ahora bien, debo reconocer que esa falta de planeación me llevó a muchos momentos empresarialmente difíciles, deudas, impuestos, contabilidad, etc. Por supuesto que en mi historia como emprendedora he cometido muchos errores, pero también he conseguido grandes aciertos y creo que lo importante de las equivocaciones ha sido poder verlas como una enorme oportunidad para crear nuevos escenarios, afrontar mis errores  y avanzar.

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En la vida, en las relaciones  y en las empresas un error no nos define, pero sí la forma en qué lo afrontamos. Hace un par de meses en un viaje con amigas, literalmente nos dejó el tren para encontrarnos unas con otras, las que nos quedamos en la estación, nos miramos y ¿qué hicimos? Compramos tiquetes de avión y llegamos incluso antes a nuestro destino, lo que al final, era lo único que nos importaba en ese momento.

Los planes son fantásticos, nos dan muchas veces seguridad, una ruta, un mapa por el cual transitar, pero si se rompen, todo está bien. Y algunas veces, también funciona no tener ese esquema, o tener la certeza de que, aunque no lo planeemos siempre habrá un camino A, pero también debemos estar dispuestos a transitar por el plan B o el C. Siempre que tengamos nuestra visión clara y confiamos en nosotros mismos.

Escribo esta columna mientras se celebra la semana internacional de la mujer emprendedora; cuando desde el 2014 el consejo de las Naciones Unidas instauró el 19 de noviembre para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Emprendedora, una jornada cuyo objetivo es visibilizar la importancia del empoderamiento femenino para terminar con la desigualdad de género y reconocer así, el esfuerzo y el valor de las mujeres emprendedoras.

He tenido la fortuna de trabajar con grandes líderes femeninas y en todas ellas veo muchas de las características que las teorías de gerenciamiento coinciden en destacar como las de un buen líder: 1) tener una excelente comunicación, 2) tomar decisiones (aunque se equivoquen) y, 3) siempre buscar ayuda cuando sienten que necesitan respaldo. Y queremos que cada día tengamos más y más de esto en nuestra sociedad y que los días para conmemorar a la mujer emprendedora no sean necesarios, porque estaremos hablando entonces, de una sociedad con auténtica equidad.

Como celebración de esta fecha y como propuesta para los 365 días del año, me gustaría invitarlos a que usemos la comunicación para crear puentes, para empoderar mujeres. Construyamos narrativas desde donde estemos y el cargo que ocupemos, para que cada día más mujeres y niñas se sientan respaldadas para llegar a liderar equipos de trabajo, para ser parte de las juntas directivas en las organizaciones y para crear empresas. Como mujeres apoyémonos unas a otras, volvámonos referente para otras, seamos espejo para nuestras hijas. Quiero invitar a hombres y mujeres a que, en nuestras casas, trabajos y entre amigos, utilicemos la comunicación como una poderosa herramienta de empoderamiento, en donde nos sintamos seguras, respaldadas, inspiradas y completas.

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Sé que yo no tenía un plan, pero tenía la confianza y la visión, muy seguramente dadas desde lo que se me dijo desde siempre. Las palabras, el tono y el mensaje importan. La comunicación es un SUPER PODER, ojalá más niñas, jóvenes y mujeres adultas aprendan a confiar en ellas y sean tocadas por la magia de la narrativa adecuada en sus entornos.

*La autora es fundadora y directora de Sentidos Comunicaciones

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.