Por Mayte Barba Abad, Luis Gerardo González López y Jorge Alberto Ordóñez Tovar

Conforme la pandemia inició en el mundo en el año 2020, se generó un proceso acelerado de incorporación al teletrabajo en aquellas industrias que por sus condiciones, infraestructura y contexto así pudieron hacerlo, buscando de esta manera mantener la continuidad de las operaciones sin poner en riesgo a las personas. En muchos casos en América Latina, lo anterior no fue posible dada la naturaleza de los trabajos, pero también debido a las propias posibilidades y contextos tan diversos, así como las desigualdades de las que partimos, que son obstáculos cotidianos para muchas industrias y negocios pequeños.

Delaporte y Peña (2020) utilizaron una base armonizada del Banco Interamericano de Desarrollo que cubre 23 países para predecir la factibilidad del teletrabajo en diversos países de América Latina y el Caribe de acuerdo con los puestos y actividad a desempeñar. Según esta investigación, Guatemala tiene un potencial de teletrabajo del 7%, Nicaragua y El Salvador del 8%, Ecuador del 9%, México del 10%, Colombia del 11% Argentina y Panamá del 14% y Costa Rica del 16%, contrastantes con el 37% que tiene Estados Unidos o el 40% de Europa. Este potencial de teletrabajo está relacionado con diferentes factores incluyendo el ingreso de los países o el tipo de industria que predomina en ellos.

Sin embargo, a pesar de estas cifras, prácticamente de un día para otro, en todas partes del mundo, las casas se convirtieron en oficinas y la división que existía entre el hogar, la familia, la escuela y el trabajo se disolvió. Esto, por supuesto, para los casos que contaban con la posibilidad de realizar sus labores desde casa, pues recordemos que también existieron trabajadores que no pudieron confinarse, lo que incrementó su sentimiento de vulnerabilidad y el estrés frente a la pandemia de COVID-19, al enfrentar de manera más intensa temores por su salud y la de su familia, por la posibilidad de perder su empleo o por la imposibilidad de hacer frente a sus compromisos económicos ante la reducción de sus ingresos y las crisis financieras previstas.

Frente a esta situación, los trabajadores que tenían la posibilidad de quedarse en casa tuvieron que aprender a lidiar con responsabilidades convergentes como el cuidado de la familia, actividades propias del hogar, clases de los hijos y las actividades del trabajo. Esto llevó a muchas personas a perder el equilibrio entre su vida laboral y personal con repercusiones importantes en su salud y bienestar como el aumento del estrés, depresión, ansiedad, problemas de espalda y sobrepeso, entre otros.

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Muchas organizaciones empezaron a notar estos síntomas en sus colaboradores y buscaron estrategias de apoyo, ofreciendo capacitación sobre temas variados de balance de vida, administración efectiva del tiempo, entrenamiento en meditación, mindfulness, nutrición, yoga o ejercicio físico. Por otro lado, establecieron políticas que permitieron horarios flexibles, proporcionaron herramientas que mejoran la ergonomía del trabajo en casa y algunas promovieron momentos de desconexión donde los colaboradores y directivos se alejaran de las pantallas y tuvieran descanso; además de comunicar a los líderes que no buscaran a su equipo fuera de los horarios de jornada laboral.

El regreso paulatino a la actividad presencial ha sido considerado por algunas organizaciones como la posibilidad de recuperar esa distinción entre estos diferentes ámbitos de vida de los colaboradores. Sin embargo, no está exento de nuevos retos ante la incertidumbre que todavía generan aspectos relacionados con la pandemia, como cuarentenas o confinamientos preventivos en los mismos centros de trabajo o en las escuelas, lo que implica ajustes adicionales en las rutinas laborales de esta nueva normalidad. Por otro lado, también existe el dilema entre el deseo de los colaboradores de aprovechar los aprendizajes de la pandemia para tener mayor flexibilidad laboral y la tentación de regresar a lo mismo que teníamos antes, cortando de tajo uno de los aprendizajes más importantes para muchas organizaciones: no todo tiene que ser presencial.  

Así, para lograr el balance de vida y carrera existe una situación de corresponsabilidad. Por un lado, las organizaciones deben estar atentas a las nuevas dinámicas laborales que están surgiendo y que son inevitables, para poder intervenir cuando estos desajustes empiezan a afectar a sus colaboradores. En contraparte, este balance requiere de las personas autodisciplina, implica enfocar la atención a la tarea, sin dejar de cuidar los momentos y espacios para los otros aspectos de nuestra vida como la salud, el ejercicio, la familia, las relaciones sociales, e incluso nuestras dimensiones intelectual y espiritual. De acuerdo con Martín Seligman, director del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania y autor destacado en temas de Psicología Positiva, el optar por dedicar tiempo a estas actividades requiere de dos aspectos del carácter: el temple, definido como un esfuerzo muy grande provocado por extrema persistencia, y el autocontrol. Estos son aspectos en donde somos nosotros mismos los que debemos marcar la pauta y asumir con templanza y disciplina nuestra propia responsabilidad en el cuidado propio y de las otras dimensiones de vida que nos conforman.

Los cambios para lograr este balance de vida no tienen que ser enormes. Recuerde que pequeños hábitos diarios pueden modificar dónde se encontrará en su vida dentro de 5 o 10 años. Sin embargo, la toma de consciencia de nuestros desbalances es el primer paso para poder lograr cambiar las cosas para bien.

Algunas ideas que puede realizar para empezar a retomar ese balance son:

  • Tomar dos litros de agua al día
  • Caminar al menos 20 minutos
  • Dormir 8 horas
  • Meditar de 5 a 10 minutos
  • Cuidar la alimentación
  • Hacer un chequeo médico y dental
  • Ponerte protector solar del 50 FPS
  • No fumar
  • Ahorrar 5% de tu sueldo
  • Salir con tu pareja a una cita romántica una vez a la semana
  • Desconectarse de las redes
  • Leer 20 minutos diarios

El autor Zig Ziglar afirmaba que ser exitoso es tener un balance de historias exitosas en muchas áreas de nuestra vida. Invertir nuestro tiempo en cuidar nuestra salud, mente y relaciones será de las mejores decisiones que podamos realizar en este regreso a lo presencial para disfrutar una vida equilibrada donde podamos trabajar, crear, descansar y disfrutar.

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* La Dra. Mayte Barba Abad es profesora de liderazgo de la Escuela de Negocios (EN) del Tecnológico de Monterrey, campus Cuernavaca; el Dr. Luis Gerardo González López es profesor asistente de gestión y liderazgo de la EN del Tec de Monterrey, campus Toluca; el Dr. Jorge Alberto Ordóñez Tovar es director de la división de Negocios del Tec de Monterrey, campus Puebla.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.