En junio la prensa local daba a conocer que la avícola nicaragüense La Estrella, con una trayectoria de más de medio siglo, era embargada por los bancos luego de enfrentar un proceso judicial, afectada por la crisis política del país y por la pandemia.

La empresa tenía una participación en el mercado de más del 20% y producía 10 millones de pollos de engorda al año, además de tener 300,000 gallinas ponedoras que le aseguraban una participación de 21% en el mercado de huevo, según el sitio WATTPoultry.

Luis Valle Coello, presidente de la Asociación Latinoamericana de Avicultura (ALA) y de la Asociación Nacional de Avicultores de Honduras (Anavih) observa que la industria tiene importantes desafíos a causa de la disminución en el poder adquisitivo de las personas, sumado a que todavía no se normaliza el sector turismo, actividad que representa un porcentaje importante del consumo de pollo, huevo, pavo y embutidos, a través de restaurantes y hoteles de la región.

También menciona “el impacto por las alzas en las materias primas”, que han tenido incrementos “exagerados”, que lo llevan a expresar que será “complejo escapar al nubarrón de la inflación mundial”, y que a esta industria le pega inicialmente en el consumo de granos para la alimentación de las aves, y luego en el costo de los combustibles, que toca a toda su cadena productiva y de distribución.

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Para Luis Valle “el panorama no se ve bien para los próximos cinco años”, por ser un problema económico cícli- co, sin olvidar los factores climáticos. Otro tema que afecta es el de la “inestabilidad política de los últimos 15 años, pues ya sea en un país o en otro, ha estado presente”, dice Valle.

La industria avícola en América Latina y el Caribe atiende a 700 millones de consumidores. Tan solo en Centroamérica la producción de pollo supera un millón de toneladas.

A finales de 2020, Panamá firmó un protocolo de inspección, cuarentena y requisitos sanitarios veterinarios para la exportación de carne de aves de corral a China, según el ministerio de Desarrollo Agropecuario de ese país.

Pero “estamos preocupados en el tema de la agilidad de la vacunación”, dice Valle, pues “no es con la agilidad que la industria pudiera pensar”. Considera que “lastimosamente” los gobiernos no realizaron alianzas con las empresas para la vacunación: “hubiéramos podido aportar mucho en comunidades donde tenemos influencia positiva de inversiones”.

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Juana Icela Galván, directora ejecutiva de la ALA, destaca que mantienen contacto con la FAO sobre “cómo colaborar en la sostenibilidad de los ecosistemas”, sobre todo en el manejo de los desechos, el uso de tecnologías limpias y de punta para hacer menor uso de la tierra aumentando la productividad y el aprovechamiento del agua.