Por Rayna Breuer / DW

Un grupo de cuervos está sentado en una rama, uno de ellos fumando un puro. Ríen, bailan y cantan, burlándose del pequeño elefante “Dumbo” con sus grandes orejas, que los escucha con tristeza. El líder del grupo de cuervos cantores se llama Jim Crow, que es el nombre de las leyes que establecieron la segregación racial en los estados del sur de Estados Unidos.

Disney ya ha admitido que esta escena es incorrecta por varias razones: recuerda a los espectáculos de los “minstrels” racistas, en los que artistas blancos se pintaban las caras de negro para imitar y burlarse de los africanos esclavizados en las plantaciones de los estados del sur de EE. UU.

No es la única escena del clásico de 1941 que ha sido objeto de críticas recientes: al principio de la película, unos trabajadores negros sin rostro montan una carpa de circo. Mientras lo hacen, cantan una canción que dice: “Trabajamos todo el día, trabajamos toda la noche. Nunca aprendimos a leer ni a escribir. Somos ayudantes felices”. Y continúan: “Cuando otros se van a dormir, nosotros trabajamos hasta morir”. Una representación cínica de la población negra en Estados Unidos y una trivialización de la historia de la esclavitud.

Otros ejemplos

“Dumbo” no es la única película de Disney que caricaturiza a indígenas o miembros de culturas no dominantes de forma irrespetuosa. En la clásica “Peter Pan” (1953), por ejemplo, los nativos estadounidenses hablan una lengua incomprensible y se les llama repetidamente “pieles rojas”.

Escena de la película “Dumbo”.

Entretanto, Disney ha agregado advertencias al comienzo de varias películas antiguas como “Dumbo”, “Peter Pan” y “Aristogatos”: “Esta película contiene representaciones negativas y/o un tratamiento inadecuado de personas o culturas. Esos estereotipos eran erróneos entonces y siguen siéndolo ahora”. Estas exposiciones pretenden estimular discusiones que permitan crear un futuro común inclusivo y sin discriminación, según el gigante del entretenimiento.

Pero, ¿es suficiente una nota al principio de una película? “No”, dice Keala Kelly, cineasta que vive en Hawai y es Kānaka Maoli (término que significa nativo de Hawai). “Tal advertencia es en realidad un pase libre para que Disney actualice y mantenga los roles racistas del pasado”, opina.

La compañía no estaría dispuesta a renunciar a minas de oro como “Peter Pan”, porque no es solo la película la que aporta miles de millones de beneficios. Es el merchandising y las constantes reediciones de estas películas. “Lo triste es que los grupos culturales que retrata Disney tienen menos capacidad de defenderse, porque son los más marginados y tienen una historia de colonización detrás de ellos”, explica Kelly.

Apropiación cultural y superioridad

La apropiación cultural se produce cuando los elementos de una cultura, como la propiedad intelectual, las expresiones culturales, los objetos, la historia o los conocimientos son tomados por miembros de otra cultura, fuera de contexto, para adaptarlos a sus propios gustos o para sacar provecho de ellos.

Hay varios ejemplos en la filmografía de Disney en los que se han tomado elementos de una cultura concreta y se han alterado con fines de entretenimiento. Por ejemplo, la película “Pocahontas” tiene poco en común con la historia original: Disney convirtió a una niña de diez años en una atractiva mujer ligera de ropa que se enamora de John Smith, un aventurero y colonialista inglés.

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Pero no solo se acusa a Disney de apropiación cultural en películas antiguas; también se critican obras más recientes, como por ejemplo la película “Moana” (2016), que cuenta la historia de un pueblo isleño del Pacífico. Una de las críticas es que Disney utilizó las culturas de varios pueblos del Pacífico e hizo una mezcla de ellas.

“Están intentando borrar nuestra cultura comercializándola. Cuando Disney llega a Colombia (con “Encanto”), a Noruega (con “Elsa”), a Hawái o al Pacífico (con “Moana” y “Lilo & Stitch”), saca estas culturas de su contexto y la desmantela, es como seleccionar cerezas”, critica la cineasta Keala Kelly. “Vienen, hacen una autopsia, extraen el órgano que necesitan y lo trasplantan a su versión Frankenstein de nosotros. Luego se lo dan a la audiencia con estos adorables personajes de niños pequeños”, critica Kelly. Ese sería el proceso: “Una extinción industrializada de pueblos y culturas”.

“Moana”, otra de las películas de Disney.

Revisión, desde fines de la década de 1990

Disney ha reconocido esta responsabilidad con el tiempo. El grupo ahora intenta, cada vez más, contar historias auténticas y no solo hablar de personas de otras culturas sino trabajar con ellas. Así, fundó la plataforma “Stories Matter”, en la que la compañía no solo habla sobre el nuevo enfoque de la realización cinematográfica, sino también sobre viejos errores.

El último ejemplo había sido “Frozen II”: antes de que se hiciera esta película, Disney se vio obligada a firmar un acuerdo con representantes de la población sami, cuya cultura sirvió de base para ambas películas.

Ahora, con “Encanto”, Disney demuestra que la empresa ha aprendido de los errores del pasado y es consciente de su responsabilidad. Para crear una representación auténtica del pueblo zenú, los creadores trabajaron en estrecha colaboración con artistas y artesanos zenúes.

“Era mi trabajo aportar el conocimiento de cómo el pueblo zenú siempre ha trabajado la caña flecha”, dice Reinel Mendoza. “Así como contar la historia del ‘sombrero vueltiao’: cómo se elaboran, qué significan sus manchas en las diferentes familias y cómo la flora y la fauna inspiraron a nuestros antepasados ​​en el trabajo. Fue una tarea importante y muy agradable, poder presentar nuestros productos artesanales, sobre todo el sombrero”.

Los sombreros tejidos por Reinel Mendoza son productos artesanales tradicionales del pueblo zenú en la costa caribeña de Colombia. Se ha demostrado que ofrecen una protección solar que corresponde al factor UV50. En las comunidades indígenas de Colombia, se tejían diferentes tipos de sombreros a partir de plantas similares, por lo que el “sombrero vueltiao” se ha convertido en un símbolo de la identidad colombiana.

Con la película “Encanto”, Disney vuelve al ojo de la crítica.

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“No se cuenta toda la historia”

Disney reconoció la importancia de respetar y reconocer todas las culturas y tradiciones. Y, para ello, es esencial la cooperación. Sin ella, no es posible una representación respetuosa de una cultura sin incurrir en formas de apropiación cultural. Pero para la cineasta Keala Kelly, la colaboración no es suficiente porque, pese a ella, parte de la historia de estos pueblos no se cuenta.

Solo lo bueno es rentable para Disney, insiste: “En Colombia, muchos indígenas son asesinados porque defienden sus derechos. ¿Cree que esto también se verá en ‘Encanto’? A lo que hacen Disney y Hollywood lo llamamos “blanquear” (whitewashing, en inglés). Todo se cambia y se reorganiza para que puedan contar un cuento de hadas. Esa es la narrativa estadounidense sobre los pueblos indígenas. Entretenimiento cultural adulterado, diluido y libre de culpa.”

Este contenido se publicó originalmente en DW.COM y puedes ver esa nota haciendo click en el logo:

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