Por Sasha Santamaría

¿Has pensado alguna vez en el efecto que tu consumo de vestir tiene en tu economía y en el medio ambiente? ¿Has analizado el ímpetu que te mueve a la hora de hacer compras? Existen dos equipos: quienes visitan el shopping guiados por la intuición de cubrir una necesidad vestimentaria real y, aquellos que acuden cegados por el placer inconsciente y exacerbado que genera el despilfarro de comprar y llegar a casa con bolsas llenas de ropa que, posiblemente, quedarán relegadas en la oscuridad del último rincón del clóset. ¿A cuál perteneces?

Es un hecho que, en la actualidad, una de las problemáticas más urgentes y penosas que atraviesa la industria de la moda es la contaminación causada por la sobreproducción de ropa, situación que la Fundación Ellen MacArthur ha ilustrado en números a través de su reporte A New Textiles Economy, el cual señala que entre 2000 y 2015 se produjeron 100 mil millones de prendas. Muchas de ellas, probablemente, tuvieron los siguientes destinos: divagar sin rumbo en los océanos y ríos confundiéndose entre los peces; terminar incineradas en los fogones de los hogares de familias en situación de precariedad de países de Europa del Este, donde son vendidas ilegalmente como material de combustión, o; apiladas en forma de montaña, irrumpiendo el paisaje natural de Ghana y Chile.

Un escenario que se nos presenta desolador pero que nos permite el cuestionamiento del estado de nuestras prácticas de vestir; la manera en que compramos, en la que gestionamos nuestro dinero y cómo aprovechamos la ropa que tenemos.

Sigue la información sobre la economía y el mundo de los negocios en Forbes Centroamérica

Aquí no apelaré a la retórica del “consumidor responsable” que nos señala como culpables de estos efectos catastróficos. Tampoco haré eco del “deja de comprar”, porque la moda es una industria que permite que muchas familias lleven el pan a su mesa, pero, considero loable que ejerzamos la reflexión de cuánta ropa necesitamos realmente y cómo podemos aprovecharla al máximo y así, procurar resguardar el bienestar del medio ambiente y el de nuestras finanzas.

DE LAS PALABRAS A LA ACCIÓN

Lo apremiante es cultivar una conciencia que nos lleve a poseer únicamente lo elemental; preguntarnos cuáles son las motivaciones que tenemos para comprar algo nuevo: ¿lo hago porque realmente lo necesito o porque pesa más la presión de lo que veo en redes? Esto, eventualmente, nos llevará a realizar nuestras compras con un sentido estratégico y a priorizar la calidad sobre la cantidad.

Resulta enormemente favorecedor para nuestras finanzas invertir en prendas que, con certeza, usaremos infinidad de veces; ya sea porque resultan apropiadas para nuestras actividades o porque encajan con nuestro gusto, a comprar desmesuradamente sin criterio alguno. Y calidad no significa comprar únicamente ropa de diseñador, es decir, si tu presupuesto es acotado y lo único que puedes permitirte es adquirir moda rápida es válido, aquí lo importante es lograr extender la durabilidad de nuestras prendas, y esto es posible mediante el tratamiento cuidadoso y delicado en su lavado y mantenimiento.

La creatividad también es una cualidad maravillosa para potenciar nuestra ropa. Aprender a combinar armoniosamente lo que tenemos entre sí multiplica las posibilidades de nuestros atuendos; como si en realidad hubiésemos comprado muchos más. Aquí la importancia de aprender estas habilidades de la mano de un experto en moda.

Con lanavidad y la temporada de descuentos a la vuelta de la esquina, esta época resulta oportuna para llevar a la práctica estos consejos e iniciarnos en el buen hábito de comprar nuestra ropa estratégicamente, a conciencia y consideración de nuestro bolsillo y del medio ambiente.

*Consultora de moda especializada en Buenos Aires y Londres, experta en investigación de tendencias y estilismo personal.