EFE.- La juventud de Costa Rica muestra preocupación por el desempleo y la economía del país, mientras que al mismo tiempo siente desconfianza y decepción por la política, reveló este martes una investigación con miras a las elecciones del próximo 6 de febrero.

El estudio elaborado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Sede Costa Rica, en coordinación con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), indicó que un 20 % de los encuestados están preocupados por el desempleo, el 15 % por el costo de la vida y la situación económica, y un 9 % por la mala gestión del Gobierno.

El documento titulado: “Cultura política de las personas jóvenes frente al proceso electoral costarricense de 2022: orientaciones hacia el desarrollo sostenible sin dejar a nadie atrás”, también destaca que hay preocupación por la corrupción (8 %) y más recientemente sobre el sale el tema de la salud (19 %).

“En ámbitos como salud, educación y empleo los jóvenes se enfrentan a obstáculos que una vez vencido el primero se encuentra el segundo y el tercero (…) Hay una sensación de desprotección, de limbo, en donde no hay apoyo, donde ellos sienten que no se atiendes sus necesidades, porque no tienen posibilidades de seguir estudiando, pero tampoco tienen oportunidades de empleo”, explicó la investigadora de Flacso, Karla Salazar.

El estudio también muestra que en general existe una desconfianza (83 %) y decepción (77 %), así como un malestar (55 %) y un cansancio (46 %) por la política, mientras que un 49 % dice que tiene esperanza, de cara a las próximas elecciones presidenciales en febrero del 2022.

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Datos de las autoridades señalan que para el proceso electoral que viene, un 38 % de la población corresponde a personas jóvenes, por lo que es indispensable escuchar sus opiniones y tomar en cuenta sus necesidades.

Entre las barreras que enfrenta la población joven, las brechas territoriales, de género, la situación socioeconómica y la edad. Por ejemplo, existe una sobrecarga por las tareas de cuido que se asigna a una parte importante de mujeres jóvenes.

Además, hay una condición vulnerabilidad en la que los derechos laborales pasan a ser negociables con tal de acceder a la primera oportunidad de empleo o los jóvenes no tiene garantizada la posibilidad de contar con seguro social, educación o empleo.

“Creo que es necesario reconocer las diferencias, reconocer que lo que vive una mujer en la meseta central, no es lo mismo que vive una mujer en la frontera o la costa, porque son realidades completamente diferentes, y más si a eso le agregamos que es mujer indígena, mujer afrodescendiente o mujer con discapacidad. Tenemos que identificar prioridades y entender las demandas”, dijo el coordinador de proyecto del PNUD, Gerald Mora.

El estudio utilizó una metodología mixta, de modo que se recopiló y analizó información cualitativa y cuantitativa para ocho grupos focales en modalidad virtual a personas con edades entre los 18 a 35 años, con balance por sexo.

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