Por Johnny Castro / Prensa Libre

El inicio de la pandemia por Covid-19 provocó que hasta un 30% de los latinoamericanos, incluyendo a los costarricenses, migraran sus actividades laborales convencionales hacia el teletrabajo, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Se trata de un tercio de toda la población asalariada de la región la cual migró a esta modalidad laboral durante el confinamiento, cuando esta cifra era inferior al 3% durante 2019.

En números reales alrededor de 23 millones de personas transitaron por el teletrabajo durante el segundo trimestre de 2020 en la región.

De acuerdo con el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo, 21 países, es decir, un 91% de la región, había desarrollado instrumentos legales para regular el teletrabajo como para continuar las operaciones y preservar la relación laboral.

De ellos, 11 fueron a través de decretos presidenciales motivados por la contingencia sanitaria y seis países reformaron sus leyes sobre el teletrabajo, incluyendo Costa Rica.

Nuestro país fue pionero en la materia en Centroamérica, ya que, el 18 de septiembre de 2019, la Asamblea Legislativa aprobó la Ley para regular el teletrabajo.

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El teletrabajo comenzó a disminuir entre el segundo y tercer trimestre de 2020, tras lo cual se registró una tendencia a la flexibilidad de las medidas de sanitarias y la posibilidad de retornar al trabajo presencial en modalidad mixta.

Que esta modalidad esté basada en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) posibilitó la continuidad de las actividades económicas y de la relación laboral, algo crucial al considerar que esta región fue la más afectada económicamente.

Las restricciones a la movilidad y las medidas de distanciamiento social ordenadas para frenar la propagación del virus provocaron que, en muchas ocasiones, el teletrabajo pasara a ser la modalidad exclusiva en estas condiciones excepcionales.

No obstante, las medidas de mitigación y la subsecuente migración acelerada al teletrabajo tuvieron un impacto diferenciado según el género, ya que el cierre de centros educativos dificultó aún más el trabajo en el hogar de las mujeres, debido a que las labores asociadas al cuidado siguen recayendo mayoritariamente en ellas.

De igual forma, debido al rezago en términos de acceso a la conectividad que tiene América Latina, frente a otras regiones, muchas personas no pudieron recurrir a esta modalidad.

Los trabajadores formales, con mayor nivel educativo y que realizan tareas profesionales, técnicas, gerenciales y administrativas, hicieron mayor uso del teletrabajo.

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Por el contrario, los trabajadores informales o por cuenta propia, con menor cualificación y menores ingresos, fueron quienes menos pudieron recurrir a esta forma de trabajo.

*En alianza con La República