Con la llegada de la Navidad, uno espera que los titulares en la prensa sean distintos a los que hemos estado viendo meses atrás. El consumo que estas fechas generan, así como todo lo que ello supone para la economía (más empleo, etc.), suele dejar una visión más optimista del fin de año; maquillándose los indicadores con la tan esperada estacionalidad que caracteriza a estas fechas tan señaladas. Sin embargo, la realidad podría distar mucho de esto que comentamos.

Hoy, una nueva variante del COVID, Omicrón, sigue extendiendo su presencia en todo el mundo, en tanto en cuanto los países se preparan para la que sería la 6ª ola de Coronavirus desde que este se detectase en Wuhan. Y es que, como digo, la realidad nos muestra que esta nueva cepa, mucho más contagiosa que su variante anterior (Delta), pretende no ponerle las cosas fáciles a la economía. Pues, pese a que las economías se recuperan, esta nueva variante amenaza con frenar en seco dicha recuperación.

En un momento en el que la recuperación parecía que iba viento en popa, y cuando todos los Gobiernos y los mandatarios de los bancos centrales debatían sobre la elevada inflación y la necesidad de normalizar la política monetaria, esta nueva variante llegaba para amenazar un crecimiento que, a ojos de los analistas, sigue siendo todavía muy débil, a la vez que se encuentra poco consolidado. Pues debemos saber que nuevos confinamientos y nuevas restricciones, de la misma forma que permiten amortiguar la incidencia del virus, impactarían de lleno en el PIB, provocando nuevamente su caída.

Este escenario, en un momento en el que la economía lucha por recuperarse, es muy peligroso para las economías.

Un reciente estudio del Banco de España muestra la relación entre PIB y restricciones. Lo que muestra este estudio, o sus conclusiones, es que dicho PIB se encuentra claramente condicionado por las restricciones, justificando en el caso de España cerca del 70% de la caída registrada, del 11%. Sin embargo, este estudio se ha replicado en otros países y las conclusiones han sido las mismas. Es decir, nuevas restricciones en la economía para frenar el virus, como muestra el estudio, dejarían nuevas contracciones del PIB.

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Teniendo en cuenta que necesitamos ese crecimiento para recuperarnos, esta paralización nos alejaría de una recuperación que se sigue enquistando para muchas economías; especialmente las de América Latina por sus debilidades estructurales. Pues si estas economías que mencionamos ya se encontraban descolgadas en la recuperación, esta nueva variante podría provocar que se descolgasen más aún. Pero además de todo esto, no debemos olvidar que hablamos de economías más débiles y en las que las oleadas pandémicas inciden con más intensidad.

Por tanto, nuevos cierres y nuevas restricciones suponen una clara amenaza para las economías, pero especialmente para las de la región.

Pero tampoco debemos olvidar otros aspectos básicos que deben tenerse en cuenta. Como sabemos, la vacunación es una de las herramientas clave para contener el virus. Sin embargo, estas economías más débiles, de la misma forma que no disponen de recursos suficientes como para ofrecer respuesta al virus, no disponen de vacunas para inmunizar masivamente a su población. En otras palabras, son economías en las que la sociedad está más expuesta, por lo que nuevas restricciones, también, afectarían más intensamente a estos países con menos vacunados.

Y todo ello, en un escenario en el que los problemas de inflación y de desabastecimiento seguirían presentes. Pues no debemos olvidar que esta crisis de suministros, de tener que paralizar la economía, se agravaría notablemente. Además, pese a que la inflación subyacente siga abajo, la inflación podría crecer considerablemente si tenemos en cuenta que no habría disponibilidad de bienes si los países volvieran a bloquear las fronteras. Un mix para nada deseable.

Pues debemos saber que aquellas políticas que se aplican para combatir la inflación, al igual que ocurre con las restricciones y el PIB, también reducen el crecimiento económico y acaban con esos estímulos que hacen que la economía haya recuperado su dinamismo. Como la primera dicotomía (cierre o crecimiento), la segunda (subir tipos para frenar la inflación, o dejarlos para continuar creciendo) nos lleva a una difícil solución.

Así, hablamos de un contexto en el que el coste de oportunidad está más presente que nunca.

Si estimulamos la economía y cerramos para frenar los contagios, la inflación seguirá creciendo y el PIB caerá, pero si retiramos los estímulos y abrimos la economía, el crecimiento podría apagarse y los casos de Omicrón dispararse, pudiendo cerrarnos de lleno a los meses siguientes por la incidencia que se daría en este caso. Y esto, como decía, en una región en la que la inmunización sigue siendo bastante desigual si la comparamos con las economías europeas o Estados Unidos.

Sea como sea, lo que muestra este artículo, en resumen, es que los gobernantes no lo tienen nada fácil, pues los retos a final de año parece que se multiplican por momentos. Otra razón más para seguir atentos y trabajando por una recuperación que, como vemos, sigue sin llegar al 100%.

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