Constantemente vemos en foros como los economistas y expertos aconsejan a las economías de América Latina y el Caribe cooperar para salir airosas de los desafíos que se van planteando en el horizonte. Además, ante una crisis de dimensiones tan destacadas como la actual, incluso la CEPAL ha organizado numerosos actos para fomentar y potenciar esta cooperación para enfrentar la situación y no retroceder en lo logrado hasta la fecha. Y es que no hablamos de una mala idea, pero el problema no reside en la idea.

Pese a que existe un claro consenso en que estas economías, debido a sus debilidades, deben cooperar entre ellas para, como región, ser más fuertes, esta cooperación no termina de darse en todos los niveles. Vemos una clara unificación entre estas economías de la región, pero pocos son los puentes que se tienden para extender tratados comerciales más allá de México, a la vez que todavía vemos a economías, como Colombia, que se resisten a potenciar su sector exterior y abrirse a los mercados internacionales.

Acuerdos comerciales como Mercosur han potenciado el crecimiento económico de estas economías emergentes, las cuales se encuentran cada vez más presentes en los mercados internacionales. Es más, el comercio que canaliza Mercosur ofrece cifras muy destacables, confirmándose las teorías económicas que dicen que los acuerdos comerciales y los tratados de libre comercio fomentan y potencian el flujo de comercio exponencialmente. Y aquellas economías que han entendido los beneficios del comercio, hoy registran altos índices de exportaciones en su balanza comercial.

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México es un ejemplo.

El país azteca, hoy, presenta un producto interno bruto en el que cerca del 80% de dicho PIB se encuentra supeditado al comercio exterior. La participación de la economía mexicana en los mercados internacionales es muy fuerte, y crece con el paso de los años, especialmente desde la guerra comercial que iniciaron China y los Estados Unidos. Desde que el TLCAN se firmó en 1994, el país no ha dejado de utilizar el comercio como motor del crecimiento económico. Y durante la pandemia lo hemos visto, registrando cifras record de forma constante.

Para que nos hagamos una idea, el peso del comercio en el PIB mexicano en el año 1994, cuando México firma el TLCAN, representaba el 30% del PIB. Dos años después, en 1996, el peso de este era del 50% del PIB. Pero México es un ejemplo, pudiendo ver otros como podía ser el caso de Chile. Cuando el país Chileno firma el acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, en 2001, el peso del comercio en el PIB atendiendo a datos del Banco Mundial era el 60% aproximadamente. Pocos años después, superaba el 80% del PIB, y hoy sigue siendo casi el 60%.

Como vemos, son varios los ejemplos que muestran las bondades del comercio y los tratados de libre comercio entre economías. Y muchas son las muestras que evidencian que el comercio es un claro motor de crecimiento para aquellas economías que confían en el y quieren aprovechar las oportunidades que ofrece la globalización. Por ello, si estamos constantemente tratando de encontrar vías mediante las que fomentan la cooperación, y a la vez queremos encontrar un motor que impulse el crecimiento económico de la región, y si a eso le sumamos la evidencia de que Mercosur funciona bastante bien, qué motivo nos lleva a no escoger la vía que ha impulsado a economías como la mexicana o la chilena, incluso en tiempos de pandemia.

Integrar estas economías mediante el comercio es la mejor manera de fomentar la cooperación e impulsar el desarrollo de una serie de economías que ofrecen tantas oportunidades como valor que exportar. Obviamente existen numerosos factores negativos que deben corregirse y de lo que estas economías deben preocuparse, pero en un escenario en el que estamos atendiendo a una reestructuración de las cadenas de valor en todo el mundo, es un momento único para postularse en esa reconfiguración.

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En lo que a turismo se refiere, al menos, todas las economías han entendido que el exterior es una fuente de ingresos muy potente. Y las remesas que sustentan a muchísimas familias en estas economías es una clara muestra de que el capital extranjero sienta muy bien a estas economías. Si hablamos de una región unificada, una región coordinada y una región preparada para abrirse al exterior y potenciar la recepción de inversiones, una posible salida de China por parte de muchísimas empresas industriales podría acabar en terreno latinoamericano; incluso empresas chinas llegarían a la región.

Pues puede criticarse el comercio, clamar al colonialismo y al imperialismo, o a leyendas y todo lo que se desee para desechar el comercio y la apertura al exterior, pero no existen razones de peso que nieguen las evidencias que el artículo subraya y que ha quedado presente en numerosos indicadores económicos, hoy vigentes. Por ello, si buscamos que la región coopere, el comercio parece la mejor vía para que así sea.

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