Nuestras vivencias en las organizaciones como líderes nos van a marcar para siempre, tanto las positivas como las negativas. Por ello, conviene que nos preguntemos ¿qué responsabilidad tenemos al ejercer nuestro liderazgo en las vivencias de nuestros colaboradores?

Yo considero que esa responsabilidad es ¡muchísima! Dejamos huella en las personas sobre las que ejercemos nuestro liderazgo, dejamos huella siempre en las personas que nos rodean y de nosotros depende que esas huellas sean positivas o negativas.

¿Nos lo planteamos cuando actuamos? Si no es así, habría que comenzar a hacerlo: ¿Qué legado nos gustaría dejar de nuestro paso por esta vida? ¿Qué queremos dejar como líderes en las personas que están a nuestro alrededor? ¿Qué herencia queremos dejar en nuestros colaboradores?

En nuestro rol de líderes debemos ser conscientes de que nuestra misión pasa por hacer crecer la empresa haciendo crecer a las personas. Si tan solo crece una de las dos dimensiones, en algo estamos fallando, entonces urge poner atención a los pequeños detalles del día a día: cómo nos dirigimos a cada una de las personas que conforman nuestros equipos, qué hacemos cada día por su crecimiento.

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Dejemos las quejas, dejémonos de excusas, dejémonos de ‘echar pelotas fuera’. Somos nosotros los que debemos llevar el barco a puerto, con el equipo de que disponemos, y si somos capaces de hacer crecer a ese equipo, no dudemos que tendremos “éxito” (pero todos, no sólo nosotros).

Indira Gandhi dijo: “El mundo exige resultados. No le cuentes a otros tus dolores de parto, muéstrales al niño”.

¿Qué niño quieres parir? Igual que no eliges a tus hijos, pero sí que puedes y debes moldearles (desde su indivi- dualidad y su personalidad), así mismo considero que debemos tratar a nuestros equipos. Sí, a nuestros hijos les queremos, les amamos, pero ¿y si amáramos a nuestros equipos? Si hubiera más amor en las organizaciones seguro que habría menos frustración, menos rotación, menos desmotivación y mucha más eficiencia y productividad.

Nuestro rol pasa por extraer el máximo talento de nuestros equipos. Pero hay algo mucho más escaso que el talento y es tener el talento de reconocer el talento. Reconocer es valorar.

Sé que puedo sonar muy utópico, muy idealista, pero estamos en un mundo con demasiado realismo y pragmatismo, y yo también tengo un sueño, como diría la frase ya célebre de Martin Luther King.

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