Por Brayan Bolaños

Si hiciéramos un repaso sobre las diferentes transformaciones industriales que ha experimentado la humanidad, nos daríamos cuenta de que estamos inmersos en la cuarta revolución industrial y que esa es la base de lo que actualmente llamamos transformación digital. Esa transformación viene marcada por la incorporación y adopción masiva de un conjunto de tecnologías digitales, como el comercio electrónico, el Cloud Computing, el Big Data y la Inteligencia Artificial, el Internet de las Cosas o el Blockchain, entre muchos otros novedosos recursos.

Hablamos de revolución industrial porque la incorporación de estas tecnologías conlleva cambios a nivel de estructuras sociales y de comportamientos en avances económicos, cambios en la manera cómo nos organizamos para trabajar con los nuevos modelos de negocio de las compañías, o en las nuevas formas de comunicarnos y colaborar unos con otros.

Cambios que se producen también en forma de economías colaborativas, en cómo buscamos la información por internet, en cómo aprovechamos las redes sociales, también en conceptos como la marca digital y la huella digital, o en la aparición de Marketplaces, en cómo consumimos los recursos digitales, en cómo las compañías se anuncian entre sus usuarios y clientes o con la aparición de nuevos roles, como los nómadas digitales, o los nuevos conceptos de trabajo con flexible working, el teletrabajo, y los equipos distribuidos virtuales. También ha supuesto un modificar la relación omni canal con nuestros clientes el uso de nuevas tecnologías aplicadas a la formación como el e-learning, la formación a través del móvil y el blended learning.

Todo esto también ha conllevado cambios a nivel de aspectos legales: la evolución con la industria 4.0, con la automatización y robotización en la producción y la digitalización en la colectividad de nuestros dispositivos o maneras de desarrollar productos y gestionar proyectos y definir nuevos modelos de negocio. Este significativo conjunto de cambios es lo que hemos bautizado como cuarta revolución industrial, transformación digital que implica que las compañías se reinventen, en muchos casos para mejorar y adaptarse a este nuevo entorno más competitivo con nuevos modelos de negocio, con nuevos procesos y métodos de trabajo, y una nueva cultura empresarial.

Y es aquí donde, paradójicamente, no debemos dejar de lado el sentido común, sino colocarlo, vigilante, junto a las disrupciones oportunas y creativas.

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Para movernos con éxito en esos campos tenemos que analizar y redefinir la estrategia de la compañía, nuestros modelos de negocio y el cambio cultural asociado, pero también tenemos que liderar, desplegar y poner en marcha estas tecnologías, esos nuevos procesos de trabajo y esta nueva manera de trabajar y relacionarnos con esos colaboradores y consumidores. Para ello necesitamos líderes directivos y profesionales digitales capaces de entender este nuevo entorno, comprender el porqué de esas tecnologías digitales y cómo ponerlas en marcha para transformar nuestras organizaciones, ahora fundamentadas en la digitalización y la tecnología, sin dejar de lado la base comunicacional y humana.

Un tecnólogo o ingeniero en sistemas podría entender cómo crear un negocio digital desde cero sin las limitaciones que enfrenta un negocio establecido; sin embargo, cuando los pones en un entorno de empresa real a menudo fallarán simplemente porque no entienden el negocio o no lo quieren entender. Por lo general, su caída comienza anticipada, tan rápido como comienzan a transmitir su visión para la transformación de los proyectos de la empresa, sin escuchar cuidadosamente cómo funciona el negocio y las necesidades reales de los líderes y clientes. Aquí es cuando la educación debería plantear cuáles son las competencias humanas y las habilidades digitales indispensables en un profesional, para asumir el reto de la transformación digital.

Debemos analizar y revisar diferentes modelos de competencias digitales desarrollados por diferentes empresas y compañías, analizar las propuestas de organismos gubernamentales como la ONU o la UNESCO, tomando en cuenta que de ahí surge el modelo de habilidades digitales para directivos que tuvo su origen en 2015, modelo que se ha ido actualizando acorde a los cambios del entorno.

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*El autor es MSc. Project Manager

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