Por Erika D. Galván

Las primeras semanas del año, regularmente, las utilizamos para recordarles a nuestros equipos de trabajo cuáles son las metas, los objetivos o los indicadores de rendimiento (KPI) que nos hemos propuesto para el 2022, lo cual tiene mucho sentido, pues son la brújula que nos permitirá desenvolvernos de manera adecuada en nuestras labores. Sin un camino claro es imposible -o al menos será más difícil- llegar a una meta.

Los planes estratégicos, así como sus respectivos ajustes conforme avanza el tiempo, son fundamentales para todas las corporaciones; sin embargo, no debemos olvidar que contamos con el talento humano capacitado para desarrollar sus asignaciones de manera autónoma. Es decir, nosotros contratamos al personal porque tiene las habilidades y aptitudes que requiere su puesto de trabajo.

¿Por qué recuerdo esto? Porque no es bueno invertir tiempo y esfuerzo en actividades o documentos (reuniones, correos, presentaciones, entre otros) de poca trascendencia para fortalecer la cultura empresarial. Tampoco debemos dejar que cada quien haga lo que se le antoje, ya que un líder siempre brinda apoyo y fortalece la competencias individuales de cada colaborador.

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Un buen líder también encuentra el equilibrio ideal entre planificar, asignar, delegar, monitorear y evaluar. Pero estos verbos estratégicos -o acciones- pierden sentido si no tomamos en cuenta la parte humana. Aunque nuestra empresa sea tecnológica y esté llena de procesos automatizados, los cuales son indispensables debido a la transformación digital, no podemos abandonar dos aspectos que harán que las personas se sientan valoradas. Estoy hablando del salario emocional y la motivación.

Utilicemos con frecuencia esta fórmula infalible

Así como tenemos planes estratégicos que nos permiten evaluar cada cierto tiempo la evolución de los proyectos, también debemos tener una programación sistematizada para dar a nuestros equipos algo más allá de la retribución económica por su trabajo: motivación, compromiso, sentido de pertenencia, orgullo, interés y, sobre todo, agradecimiento por el esfuerzo que hacen todos los días.

  • Motivación. Puede sonar trillado, pero una buena forma de arrancar el año es con una actitud de resiliencia y con el deseo de darlo todo para alcanzar las metas profesionales. Somos nosotros, los líderes, los encargados de transmitir energía y optimismo. Tomémonos el tiempo para decirles a nuestros colaboradores: “Tenemos grandes retos, pero tu talento, la fuerza del colectivo y mi apoyo harán que cualquier obstáculo se transforme en una oportunidad de éxito”.
  • Sentido de pertenencia. En todos los equipos hay personal que lleva muchos años en la empresa y colaboradores que están empezando. En cualquiera de los casos, es importante recordarles por qué decidieron aplicar a la plaza y ser parte de la familia corporativa. No demos por hecho que todas las personas se sienten identificadas con la corporación. El sentido de pertenencia es algo que se fortalece poco a poco, pues, en ocasiones, nuestros colaboradores pueden sentirse desvinculados. Es nuestra misión recordarles que su trabajo es parte fundamental de un gran engranaje que todos debemos hacer funcionar.
  • Orgullo. Más allá de incentivar el orgullo de pertenecer a la empresa, lo que debemos motivar es el orgullo por sus logros. No importa si son éxitos pequeños, medianos o grandes, debemos celebrar y agradecer ese esfuerzo que nos da satisfacciones diarias. Nunca está demás despedirnos con esta frase: “¡Buen trabajo! Mañana será un día igual de exitoso”.
  • Interés. El peor enemigo de la motivación es la rutina y la monotonía. Es normal que nuestros colaboradores pierdan el interés si no les planteamos retos profesionales que los obliguen a salir de su zona de confort. Es necesario que, en equipo, nos exijamos a pensar diferente para hacer las cosas diferentes. Esa es la clave de un grupo de trabajo innovador y propositivo. 
  • Agradecimiento. Cualquier colaborador se va sentir contento con un bono o con un pequeño detalle, pero esto no tiene valor si no va acompañado de palabras y actitudes que evidencien que la corporación está agradecida con el trabajo que realizan. Dedicar palabras de agradecimiento o enviar un correo enumerando las cualidades de nuestro personal siempre será una palmadita que nos impulse a seguir con el trabajo y alcanzar las metas.

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*La autora es experta en planeación estratégica, comunicación corporativa, capital humano, tecnología, innovación y liderazgo.