De las cosas que más me gusta hacer al iniciar un nuevo año es estrenar una agenda, un nuevo cuaderno y escribir los propósitos y metas. Soy de las personas que todavía rayan mucho en el papel para escribir ideas, actividades, indicaciones, sueños; le doy mucho valor a lo que queda plasmado en una hoja.

Durante esta fecha, las redes sociales están inundadas de fotos divinas y mensajes como: “2022, trátame bien”, “2022, espero mucho de ti”, “este será mi año”; incluso hablando con familiares y amigos, muchos de ellos están llenos de la ilusión de la nueva oportunidad para comenzar un ciclo con diferentes fines: conseguir al amor de su vida, encontrar el trabajo de sus sueños, cuidar su salud de la forma adecuada.

Dentro de mis planes del año está volver a estudiar, observar más, ser más dueña de mi salud y responsable de mi vitalidad, meditar más y comer menos dulce; incluso tal vez encontrar un poco más de dicha en caminar por el centro y no tanto en los extremos. Mientras escribo todo esto en mi nueva agenda, no puedo dejar de pensar en que todos los días tenemos la oportunidad de hacer nuestro propio “comienzo de enero”, ese momento en el que nos sentimos poderosos y tenemos un nuevo inicio y el primer gran día en el aspecto que queramos.

Me pregunto, por qué tenemos qué esperar a qué termine el año o empiece uno nuevo para sentirnos con la energía suficiente para hacer cambios, proponernos ser mejores, hacer más ejercicio, modificar relaciones, empezar cursos, vernos con amigos, viajar a dónde siempre quisimos, en definitiva, VIVIR. Y si más bien, ¿vivimos así siempre?

Más allá de enero…

Según diferentes asociaciones de fitness en el mundo, como resultado de estos propósitos y metas de ser más saludables y cuidarse; durante enero los gimnasios ven un incremento en inscripciones de entre el 50 y el 70% con relación a cualquier otro mes del año; sin embargo, un 60% de estos nuevos inscritos desiste a los tres meses. ¿Enero es el mes de resoluciones y abril el de las tareas inconclusas?

Por supuesto que creo en la fuerza mental y la energía colectiva de un inicio “fresco” al comenzar un nuevo año, pero y si ¿nos permitimos siempre empezar desde dónde estamos sin importar la fecha?… Llegamos a abril y aún no hemos ido a las clases de pilates que nos prometimos; pues da igual, empezamos ese día, sin importar que ya el año avanzó o si por el contrario empezamos al inicio del año y ahora nos abruman nuestros propósitos y queremos desistir, ¿podríamos buscar una pequeña táctica para no abandonarlo?

Creo que debemos confiar en el proceso, en hacer lo mejor que podemos y avanzar un paso a la vez. Todos los cierres nos traen la promesa de nuevos comienzos, a veces no somos conscientes y estas fechas nos invitan a hacerlo evidente… pero y si ¿siempre utilizáramos el poder que está en nuestras manos para  cerrar lo que dejó de servir y luego empezar algo más?

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Decidí usar mi agenda nueva para anotar algunas cosas que me permitan cumplir con lo que me proponga, pero que sean útiles para cualquier temporada del año, así: 1) Hacer una lista con las cosas que tengo que hacer o quiero hacer (no importa el día o el mes), 2) Resolver cada tema un paso a la vez (no es necesario hacer todo en un día), 3) Generar una rutina diaria que me permite avanzar un poco más hacia la meta cada día, 4) Tratarme con amor (creo que esto es lo más importante)… a veces hago todo muy bien, otras muy regular y a veces todo me salen mal y eso también está bien y 5) Confíar en mi proceso, confíar en mí misma (este lo subrayé con resaltador de colores).

Usemos esta agenda o cuaderno en blanco para escribir cosas que nos ayuden a saber que no tiene que ver con el 2022, 2021 ó 2023, tiene que ver con la  capacidad que tenemos para decidir cada día dar un paso adelante, hacia nuestros sueños, metas, confiando en el proceso. Les deseo para este año, muchos momentos de felices y exitosos primer día!!

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