Miguel Collado Di Franco*
La deuda pública de los países DR-CAFTA y Panamá representó el 52% del PIB en 2020. En 2019 la misma relación fue 43%, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El aumento de la deuda pública es un hecho que ya se estaba verificando desde hace tiempo. Nuestros gobiernos, y los de la mayoría de los países del mundo, han perdido la noción clásica de disciplina fiscal.

Financiar el gasto público con endeudamiento es una consecuencia natural de los sistemas democráticos donde no existen reglas fuertes de contrapeso. En ausencia de reglas fiscales, y del cumplimiento de éstas cuando existen, los factores que moldean las decisiones públicas actúan en libertad. Estos factores son: el corto plazo, la construcción de popularidad y la influencia de grupos de interés que demandan determinados bienes y servicios públicos, así como transferencias y subsidios.

Construir popularidad en el corto plazo es sin duda una acción común entre gobernantes. Así como es común entre los votantes realizar demandas que son satisfechas con gasto público. Cuando el gasto actual pierde su conexión directa con los impuestos, los ciudadanos no sienten su impacto inmediato en sus bolsillos. Por vía de consecuencia, aumenta el endeudamiento.

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La deuda pública representa un riesgo para la sostenibilidad de las finanzas públicas. Las crisis fiscales suelen estar relacionadas con el endeudamiento público y resultan en depreciación de la moneda, en altas tasas de interés y en inflación. Prácticamente todos los países de América Latina han experimentado algún episodio con estas características.

Más allá del riesgo económico de una crisis fiscal, la deuda presenta aspectos morales a veces ignorados en las discusiones del tema.

Los tenedores de los bonos de deuda reciben su pago al vencimiento, en el mañana. Los gobernantes toman decisiones para beneficiar a los votantes actuales de un gasto que será pagado por los contribuyentes del futuro.

Sacrificar a los ciudadanos del futuro por las decisiones de gasto público del presente es una acción que carece de carácter moral.

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Al tocar el tema de la deuda pública es preciso señalar que la misma tiene un efecto negativo sobre la riqueza de los países. Al financiar gasto presente con deuda se reduce el estándar de vida en el futuro.

El Premio Nobel de Economía de 1986, James M. Buchanan, lo expresó de la siguiente manera: “Al financiar gasto público corriente con deuda, estamos, en efecto, cortando los árboles de manzana para hacer leña, reduciendo así el rendimiento del huerto para siempre”.

Como colofón, sería sano ponderar la adopción de reglas fiscales o, aún mejor, cláusulas constitucionales que establezcan balances no deficitarios del sector público de nuestros países.

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*Vicepresidente ejecutivo del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES)

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