Los sistemas educativos requieren un profundo replanteamiento para cerrar las brechas y superar las disparidades acentuadas por la pandemia, que aceleró la integración de la tecnología al trabajo y promovió la automatización. Hoy debemos enfrentar esta realidad.

Se vaticina que entre el 70% y el 85% de los empleos que existirán en el 2030 aún no se inventan y que términos como machine learning, deep learning, big data, blockchain, internet de las cosas e inteligencia artificial, que parecían ser más los trabajos del futuro, representan las áreas más dinámicas de la actual economía mundial.

Según El Futuro de los Trabajos, 2020, cambian las habilidades demandadas, ahora se exige el pensamiento analítico, la capacidad de resolución de problemas y de aprendizaje continuo, resiliencia, manejo del estrés y capacidad de adaptación. Ya en 2018 el Departamento de Trabajo de Estados Unidos señalaba cómo nueve de las 10 ocupaciones con mayor crecimiento entonces requerían de conocimientos científicos y matemáticos significativos.

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En la región estamos rezagados. Según las pruebas PISA de 2018, nuestros países tenían un desempeño medio insuficiente. Existe una amplia brecha con respecto a los países líderes. Por ejemplo, Costa Rica y Panamá tienen estos resultados: 426 y 377 en lectura, 402 y 353 en matemática y 416 y 365 en ciencias, muy lejos de los 555, 591 y 590 de tres regiones de China que son las punteras.

El tamaño no es excusa, pues entre los líderes están Estonia, Irlanda y Singapur, este último con la creación de un programa con énfasis en ciencias y matemáticas que ha sido adoptado como plan piloto en muchas escuelas de Reino Unido.

La labor por delante no es sencilla, pues además de las deficiencias de los sistemas educativos y de la brecha digital en el acceso y conectividad, partimos con arraigados prejuicios que dejan atrás al 50% de la población. En ese sentido, producto de mitos y estereotipos, las niñas y las mujeres representan tan sólo un 30% de las graduadas en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), porcentaje pobre, sobre todo ahora que más mujeres se gradúan de las universidades.

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La oferta educativa es también parte del problema. Por ejemplo, en Costa Rica, el 67% de la oferta no está en áreas STEM. Hay que redimensionar esa matriz y enamorar, desde los hogares y las escuelas, a los niños y niñas hacia estas áreas más dinámicas.

Es preciso superar mitos, lo mismo que desarrollar una mayor expectativa de padres y maestros en cuanto al papel exitoso de las mujeres, más colegios científicos, mayor y mejor oferta educativa universitaria y mayor diversidad en la contratación del profesorado. Se requieren más mujeres en la academia que sirvan como ejemplo y mentoría para las más jóvenes.

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*Empresaria y analista

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