Por Natiana Gándara

Hace dos años, la pandemia del covid-19 golpeó a la mayoría de las economías del mundo y a todos los sectores productivos, incluyendo al inmobiliario y de construcción. Sin embargo, el año pasado logró recuperarse y un estudio elaborado por La Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios de Guatemala (Adig) junto con la firma Central American Business Intelligence (Ca-Bi) comprobó ese dinamismo.

El sector deja un valor agregado para el país de aproximadamente Q74 mil millones anuales, creciendo (en términos reales) entre 4% y 6% cada año. Incluso en el año 2020 con la crisis más fuerte en materia económica en 40 años para Guatemala, esta actividad reflejó un crecimiento que si bien fue moderado (0.5%), se desempeñó de mejor manera que la mayoría de las industrias a nivel nacional.

Es así como la estimación de facturación (ventas brutas) de la actividad de desarrollo y construcción anual fue de Q103 mil 234 millones en el 2020, reflejando un crecimiento de un 50% en tan solo ocho años.

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Al implicar una combinación de las actividades económicas relacionadas con la construcción y venta de bienes inmuebles, la cadena productiva incluye materiales de construcción y otros bienes industriales, maquinaria, servicios financieros y mano de obra.

Pero el impacto del sector no solamente se queda en el monto de las ventas y el involucramiento de otros sectores en la cadena productiva, sino que genera consumo a través del pago de sueldos y salarios, reinversiones empresariales y los impuestos correspondientes. En ese sentido, el impacto secundario que genera el sector es de hasta Q48 mil 200 millones adicionales.

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Huella expansiva

La huella económica de un sector se mide por su crecimiento y participación en el Producto Interno Bruto (PIB), el monto de facturación anual, el impacto en sus proveedores, la generación de empleo y la autorización de metros cuadrados.

Según los datos anteriores, esta actividad económica equivale al 25.3% del PIB o sea que Q1 de cada Q4 que giran en la economía guatemalteca, tienen que ver directa o indirectamente con el sector, indicó Ricardo Rodríguez, analista de Ca-Bi.

Las estadísticas oficiales de Guatemala refieren que en el país se autorizan alrededor de 3 millones de metros cuadrados anuales de construcción de uso particular (es decir, construcciones no relacionadas con fines gubernamentales) ya sea para temas residenciales o comerciales.

Al analizarlo por metro cuadrado de construcción, este genera una huella económica total de Q45 mil; entre Q800 y Q900 en pago de impuestos anuales y un promedio de Q4 mil en salarios al año. Además, cada 10 metros cuadrados implican la generación de un empleo en el país, refirió Rodríguez. En total el número de empleos directos e indirectos de la actividad es de 395 mil.

“Los datos reflejan la necesidad de inversión que el Estado de Guatemala debe fomentar y trabajar en proyectos gubernamentales que ayuden a generar más proyectos inmobiliarios y de construcción”, comentó Marcos Penados, representante de la Adig. Y resaltó que es un sector en constante crecimiento y por esa razón considera que siempre es un buen momento para invertir.

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Crecimiento en los departamentos

Aunque la mayoría de los metros cuadrados autorizados se registran en el departamento de Guatemala, hay evidencia de un crecimiento más acelerado en Huehuetenango, Santa Rosa, Sacatepéquez, Jalapa, Zacapa y Quetzaltenango.

Por ejemplo, en Huehuetenango el crecimiento promedio en los últimos ocho años es de 74%; en Santa Rosa, 39%; Sacatepéquez, 15%; Jalapa, 11%; Zacapa, 10%; y Quetzaltenango, 9%. Luego, les siguen Petén y San Marcos con un crecimiento de 5% y 4% respectivamente.

Ello evidencia que el mayor dinamismo del sector construcción e inmobiliario se concentra en el departamento de Guatemala, pero comienza a acelerarse en otras áreas del país, especialmente en ciudades intermedias, por la transición urbana que se está viviendo en Guatemala, concluyó Rodríguez.

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