Como comentamos en pasadas columnas, los crecimientos que iban registrando las distintas economías en el mundo, motivados por esa recuperación económica, ese rebote que comenzaba a darse tras la contracción, han comenzado a notar los efectos de los problemas a los que se enfrenta el planeta, entre los que destacan la creciente incidencia de Ómicron y una inflación que escala a máximos. Como resalta el Fondo Monetario Internacional (FMI) en sus perspectivas del mes de enero, la recuperación mundial se ha interrumpido, y las proyecciones que el organismo publicaba en octubre, hoy se han revisado a la baja para numerosos países.

En esta línea, hay que decir que ya en el mes de octubre del pasado año, y como resaltábamos en esta columna, podían verse trastornos en la economía que permitían visualizar una desaceleración en el corto plazo. Pese a que la economía crecía, las previsiones también se revisaban a la baja ante una creciente incidencia del virus, los numerosos trastornos en las cadenas de suministro y una presión inflacionaria que obligaba a los Bancos Centrales a movilizarse. Y basta observar el título bajo el que se publicaban estas perspectivas para darnos cuenta de que el panorama no era, ni de lejos, el deseado e idílico.

Así, el organismo multilateral pronostica que la economía de América Latina y El Caribe, al cierre del ejercicio 2022, podría cerrar el año con un crecimiento estimado del 2,4%. Dicho de otra manera, el crecimiento de la región se ha revisado a la baja, restando -0,6 puntos porcentuales al pronóstico emitido en 2021. De esta manera, América Latina se sitúa en un momento delicado, al registrar sus principales economías (Brasil y México) unos ritmos de crecimiento que el organismo calificaba como “tibios”; recordemos que en el caso de México, incluso, vimos contracciones durante el tercer trimestre.

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No obstante, pese a esto, hay que señalar que la economía mundial avanza en esta línea. Es decir, se prevé́ que el crecimiento mundial se modere hasta situarse en el 5,9% en 2021 y en el 4,4% en 2022. Dicho de otro modo, hablamos de medio punto porcentual menos en 2022 de lo previsto en la edición de octubre. Por lo que, si atendemos a estas previsiones para la economía a nivel global, hablamos de una revisión a la baja que aleja a la región de ser esa excepción entre un conjunto de economías que luchan por recuperarse.

Con todo, que la región no sea la excepción en estas revisiones a la baja no quita que hablamos de la región del planeta que menos crecerá en 2022. Es decir, las nuevas previsiones, que lastran el crecimiento hasta situarlo en ese 2,4%, sitúan a América Latina como la región del mundo que registrará una menor tasa de crecimiento durante el ejercicio 2022. Incluso África, incluyendo a todas las economías que integran esta región, prevé crecer más que la propia Latinoamérica. Por lo que hablamos de una situación que debería preocuparnos.

Para 2023, el organismo pronostica una situación más optimista. Es decir, prevé que la región crezca más de lo estimado en un inicio. Para que nos hagamos una idea, el organismo ha revisado al alza las previsiones para la región en 2023, mejorando su estimación en 0,1 puntos porcentuales. Debido a esta revisión, la economía de América Latina prevé cerrar el próximo año con un crecimiento que podría llegar a situarse en el 2,6%. Sin embargo, los datos que hemos publicado anteriormente, a ojos de la directora del FMI “muy significativos”, nos impiden alegrarnos por esta mejora, pese a que sí que la economía crecería, a la vez que lo haría a un ritmo levemente más acelerado.

Por tanto, los datos hablan por sí solos. La economía se ha desacelerado notablemente, y muchos palos se cuelan en las ruedas de una recuperación que va perdiendo inercia en tanto en cuanto se intensifican estos riesgos. Y es que debemos saber la importancia de esto que comento, pues esa desaceleración no solo llevará a estas economías a recuperarse más tarde, sino que se incrementará la desigualdad, a la vez que los numerosos desequilibrios que ya viven estas economías. Además, las reformas que deben aplicarse, así como la convergencia con las economías desarrolladas podrían retrasarse considerablemente.

En conclusión, hay que señalar que todos estos pronósticos se realizan en un entorno de excepcional incertidumbre y en el que realizar pronósticos es una tarea sumamente difícil. Además, el FMI tampoco es un organismo que elabora proyecciones perfectas, y son más del 70% las ocasiones en las que estos pronósticos no se han cumplido. No obstante, hay que atender a estos pronósticos con atención, tomar nota de ellos y trabajar en revertir una situación que podría condenar a muchas economías, tan vulnerables como estas emergentes, a una recuperación bastante más tardía.

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