Por Urías Gamarro

Yared —nombre ficticio, por seguridad— es un guatemalteco que vive en Nueva York, Estados Unidos. Hizo la primera transferencia de dinero del año a mediados de este mes para que sus padres y hermanos cubran sus gastos básicos en Alta Verapaz.

Como todos los meses, desde que comenzó la pandemia, Yared separa un porcentaje de los ingresos que percibe como contratista en trabajos de mantenimiento y reparaciones de viviendas, para enviar a sus familiares.

El despacho de dinero ya no lo hacía con la misma intensidad que cuando llegó a ese país hace más de una década, pero en el 2020 y 2021 debió retomar la frecuencia por los efectos de la pandemia en su núcleo familiar, con el fin de garantizarles el ingreso económico.

Parte de su dinero en Guatemala lo ha invertido en compra de bienes inmuebles, así como en la construcción de vivienda en el departamento. “Algún día espero regresar a mi tierra”, revela.

En la casa familiar, su madre, Bertha, dice que el dinero lo ocupa en cubrir gastos por la pandemia y atender a sus otros hijos afectados en sus trabajos. Además, cuando puede, da apoyo económico a otras personas cuyos ingresos han mermado.

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El 2021 fue un año extraordinario en el ingreso de divisas por remesas familiares en Guatemala con una marca de crecimiento del 34.9 por ciento, indicador que no se había observado en la historia de la balanza, con un monto que ascendió a US$15 mil 295 millones —Q117 mil 771 millones—, y Yared fue uno de los que contribuyó a esa dinámica.

Con este ingreso, Guatemala lideró las divisas en el Istmo y se posicionó en Latinoamérica como uno de los países con mayores ingresos, en medio de la crisis sanitaria mundial.

De hecho, después de México, Guatemala es el segundo país en donde las remesas han crecido de forma exponencial.

“Más sacrificio”

Juan Carlos Pocasangre, presidente de la organización guatemaltecos en Nueva York, confirmó lo expresado por Yared. En los dos años de pandemia, los migrantes hicieron un doble esfuerzo para que sus familiares en Guatemala recibieran ingresos ante la pérdida de empleo y para cubrir gastos de atención por covid, refirió a Prensa Libre.

“Sabíamos que en Guatemala hay muchas personas que se quedaron sin trabajo y no encuentran un empleo, y con el covid-19 y otras enfermedades los migrantes trataron de enviar lo que pudieron a sus familiares. Ellos se sacrificaron aquí porque mandaron demasiado, con mucho más sacrificio”, manifestó Pocasangre.

El líder expresó que los migrantes, a su vez, también tuvieron temporadas sin trabajo, pero enviar a sus familias el dinero que pudieran obtener con algunas ocupaciones les dio tranquilidad.

“Envían lo más que pueden para que sus familiares en Guatemala no salgan de sus casas, que se resguarden del covid o que no se expongan mucho, y ayudar a otros que perdieron sus trabajos. Eso fue lo que incrementó las cifras —de remesas— increíblemente”, dijo Pocasangre.

La Encuesta sobre Migración Internacional de Personas Guatemaltecas y Remesas 2016, de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), expuso que la población beneficiaria de remesas se conforma por seis millones 212 mil 99 habitantes, pero, según especialistas consultados, en el 2020 y 2021 la cifra pudo haber aumentado de forma conservadora en un millón más, por los efectos de la emergencia sanitaria.

“Me atrevo a decir que hay un millón de beneficiados más de remesas, porque la avalancha de migración no se ha detenido. Hay un cierto déficit laboral en Estados Unidos que está atrayendo guatemaltecos”, subrayó el economista Juan Alberto González Jacobo, especialista en temas territoriales.

Yared nunca detuvo su actividad laboral; por el contrario, aumentó la demanda.

Pocasangre confirmó que los guatemaltecos que se emplean en restaurantes tuvieron que cambiar de trabajo por el cierre comercial y se dedicaron a la construcción, jardinería, agricultura, aunque no todos los días conseguían trabajo.

Relató que los hombres estuvieron activos en restaurantes como repartidores de comida, y otros trabajaron en lavado de carros, mientras que las mujeres lo hicieron en actividades domésticas.

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 Cambio de modalidad

Los migrantes ahora conocen y se han adaptado a las plataformas digitales en los teléfonos celulares, en los que por cada envío para Guatemala les cobran US$6. De ese modo pagan menos, ya que si van a establecimientos autorizados o sucursales físicas el cobro ronda los US$8 por remesa, explicó Pocasangre.

Además hizo ver que algunos migrantes hacen transferencias de US$100, en promedio, cada semana, y otros cada quincena, muchas veces por el la carga emocional  de haber dejado en Guatemala a sus hijos,  esposa y  padres.

El estudio de la OIM indica que el 97.1 por ciento de las remesas que se envían a Guatemala provienen de EE.  UU., en especial de California, 33.8; Nueva York, 12.1; Texas, 9.8, y Florida 7.4.

El documento determinó que el promedio mensual por remesas es de US$379 por hogar.

El rumbo

El año pasado, siete departamentos concentraron el 54 por ciento de las remesas, por un monto de Q64 mil millones. Guatemala, Huehuetenango, San Marcos, Quetzaltenango, Petén, Alta Verapaz y Quiché son los que registran más envíos familiares.

Para determinar este modelo se utilizó la estructura porcentual en el destino y por departamentos de la encuesta de la OIM del 2016, y se actualizó con cifras del 2021.

Dicho comportamiento se explica con varios factores, precisó González Jacobo.

El primero considera qué   ciudad de Guatemala ocupa el primer lugar en todos los indicadores genéricos por el número de habitantes que se concentra en el departamento, pero al comparar con el total de la población del país el porcentaje no es tan alto, solo en valores absolutos.

Al analizar el comportamiento en otros departamentos, afirmó, hay características como la proximidad con fronteras, sobre todo con México, y el relacionamiento del territorio con la migración, pues los vecinos tienen contacto con las corrientes migratorias y “todo les pasa por el frente de su casa”.

En el caso de Quiché y Alta Verapaz, documentos históricos relatan cómo hace 60 años, en el marco del conflicto armado interno, iniciaron las migraciones y desde entonces empezaron a posicionarse algunas familias, que se han ampliado con los años.

En ambos departamentos hay concentración de pobreza, pobreza extrema y eran lugares sin emisores significativos de migración, pero ahora esta es la única alternativa, sostuvo González Jacobo.

También inciden los impactos visibles de los desastres naturales que se convierten en factores de la dinámica política, social y territorial.

“Ahí se ve el impacto de las remesas en la arquitectura de las casas de los migrantes rurales”, apuntó.

En Petén, consideró el especialista, ocurre una mezcla de aspectos, ya que cuenta con una extensa frontera con México, que es muy difícil de controlar, y es una zona de tránsito para “muchas cosas” con poco control.

Así como hay territorios con alto volumen de remesas, también están los que reciben poco, como Chimaltenango, Totonicapán, Sololá y Sacatepéquez.

Para González Jacobo, Chimaltenango y Sacatepéquez son áreas muy cercanas a la capital, por lo cual la migración interna atrae más que salir al exterior. Además, son departamentos pequeños, con menos población en pobreza, que tienen otras oportunidades como en agricultura con valor agregado y el turismo, con su efecto multiplicador.

“Antigua Guatemala en sí misma tiene factores propios en su economía, sobre todo porque concentra el turismo y de eso viven”, puntualizó.

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El ciclo

Del 2010 al 2021 las remesas reflejan dos ciclos interesantes, descritos en el informe Evaluación de la política monetaria, cambiaria y crediticia, a noviembre de 2021, y perspectivas económicas para 2022, documento que confirma que las remesas son utilizadas como fuente de acumulación de capital humano y físico que se refleja en mejores condiciones de vida para la población y, por lo tanto, en la reducción de la pobreza en el país.

La participación de las remesas respecto del producto interno bruto (PIB) pasó de 9.9 por ciento en el 2010 a 14.6 por ciento en el 2020, de US$4 mil 126 millones a US$11 mil 340 millones, lo que representó un monto mayor en 2.75 veces en 11 años.

Para el 2021, según el reporte, las divisas se podrían ubicar en US$15 mil 82 millones, un 17.5 por ciento del PIB.

Sergio Recinos, presidente del Banco de Guatemala (Banguat), declaró el 5 de enero que las remesas familiares cerraron el años pasado en US$15 mil 295 millones, y que del 2010 al 2015 el crecimiento promedio era de 8.3 por ciento, pero casi se duplicó del 2016 al 2021, con 16 por ciento.

El año pasado, el indicador estuvo asociado a los efectos de la pandemia y un crecimiento extraordinario del 34 por ciento.

González Jacobo hizo énfasis en que las tasas del año pasado no solo se incrementaron en Guatemala, sino también en México, Honduras y El Salvador, e influyeron en las políticas fiscales que adoptó el Gobierno de EE. UU. para sus ciudadanos.

Según los registros históricos, solo en 1996 y el 2009 las remesas no presentaron crecimiento. El Banguat proyecta que se regularizarán en 2022 con un crecimiento del 12 por ciento.

Yared seguirá enviando dinero a sus familiares este año, ahora con mayor estabilidad en su trabajo.

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Ventas prosperan

Como en el departamento de Guatemala confluyen factores que hacen que las remesas se concentren en la capital, se tomó el segundo departamento con más ingresos por remesas para analizar el efecto en el lugar.

Antonio Sánchez, presidente de la filial de la Cámara de Comercio de Guatemala en Huehuetenango, expuso que con el dinero de las remesas hay una mejora en los negocios locales, así como en la venta de materiales de construcción, aparatos eléctricos, alimentos y otros que activan el flujo.

Pero el esfuerzo que hace el migrante para llegar a EE. UU. y enviar dinero a sus familias no siempre es bien aprovechado en Guatemala. Esto se ha observado cuando el connacional es deportado o regresa al país por alguna razón y no encuentra mayores cambios o mejora  económica en su familia.

Reconoció que es lamentable que algunas personas que reciben remesas no mejoran su situación en el hogar, y es muy posible que sea por la falta de educación financiera.

“Tal vez se hacen grandes casas, excelentes construcciones y con todo lo que quieren, pero las familias internamente siguen viviendo de manera humilde”, indicó.

A criterio de Sánchez hay tres efectos muy complejos en Huehuetenango.

Citó que a las familias les preocupa el efecto en la economía y en lo social.

Uno de los resultados de las remesas es que los jóvenes abandonan sus estudios cuando tienen un familiar en EE. UU., no mejoran en su rendimiento educativo y solo esperan que el recurso venga del exterior.

Por otro lado, hay personas que pierden el interés por labrar la tierra o sus parcelas porque reciben dinero, y otra buena parte espera la oportunidad de migrar con la venta o hipoteca de sus terrenos.

El directivo empresarial del sector agrícola expresó que en Huehuetenango escasea la mano de obra porque las personas “se están yendo, ya se fueron o quieren irse”.

Hacen falta albañiles, carpinteros, mecánicos y labriegos para trabajar en el campo, entre otros, pero las personas que podrían emplear reciben remesas o tienen la ilusión de salir del país.

Sánchez indicó que la falta de trabajadores para los cultivos de café es lo más común en Huehuetenango.

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En qué invierten y consumen

Un informe del Banco de Guatemala da cuenta que las remesas enviadas al país se destinan al gasto cotidiano, orientado a atender las necesidades básicas que no son cubiertas con ingresos locales.

“Este tipo de transferencias corrientes provenientes del exterior han ganado mayor representatividad en el ingreso disponible de los hogares guatemaltecos en los últimos años, al pasar de 10.8% en 2014 a 15.6% en 2020, en tanto que los sueldos y salarios, el componente más importante de dicho ingreso, han disminuido su participación de 38.1% a 35.1% durante el mismo período”, señala el documento.

Con el modelo aplicado, unos Q57 mil 710 millones de las remesas se destinaron para inversión y ahorro en el 2021, en la construcción de vivienda, compra de inmuebles, reparación de la casa, para ahorro y adquisición de seguros.

Otros Q41 mil 222 millones se utilizaron para consumo básico familiar, como calzado, vestuario, transporte, mobiliario y equipamiento para la casa, así como la compra de alimentos.

Para la inversión social se destinaron unos Q9 mil 422 millones, en salud y educación.

Asimismo, unos Q8 mil 244 millones se dedicaron al consumo intermedio, en actividades que generen valor agregado o ingresos a los hogares como negocios, compra de bienes para revender o gastos en alquileres.

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