Es claro que la pandemia ha generado una de las mayores crisis económicas y sociales de las últimas décadas. Pero también es cierto que la crisis se transformó en una oportunidad para que se construyera una nueva normalidad impulsada por el cambio tecnológico.

Así, en unos meses, se avanzó en teletrabajo lo que se había avanzado en dos décadas. Mismo fenómeno se dio en comercio electrónico, o en entretenimiento digital. La tecnología del siglo XXI permitió no sólo la continuidad del negocio en medio de la crisis; si no la creación de nuevas oportunidades a nivel global. Estas oportunidades no se irán con el fin de la pandemia, son esa nueva normalidad. Aunque en la región el contexto parece anclarnos en la vieja normalidad.

LA NUEVA NORMALIDAD DIGITAL

Controlar la expansión del coronavirus a inicios de la pandemia requirió medidas de distanciamiento social para disminuir la transmisión del virus. De ahí los llamados a quedarse en casa, el cierre de establecimientos, restricciones de aforo, cierres de fronteras o incluso toques de queda.

Estos cambios crearon las condiciones para que en el corto plazo las empresas se movieran al teletrabajo, para que los pequeños negocios incursionaran en el comercio en línea, para que las personas buscaran entretenimiento digital, y para que se digitalizaran procesos y trámites. En otras palabras, usar la tecnología para garantizar la continuidad de las dinámicas económicas y sociales, la nueva normalidad.  

De acuerdo a la OCDE, el aumento en el tráfico de internet subió hasta 60% en algunos países justo en el momento de inicio de la pandemia. Así aumentaron en 37% los ingresos del comercio electrónico del 2019 al 2021 según datos de STATISTA. Representando un 20% de todo el comercio minorista a nivel global, de acuerdo a estimaciones de UNCTAD.

Por supuesto estos avances han sido de distintas magnitudes entre los países. Porque aún cuando estos procesos han sido globales, hay diferencias en los contextos y condiciones que facilitan la adopción tecnológica. Así por ejemplo, en promedio, sólo 20% de los asalariados en América Latina pudo hacer teletrabajo de acuerdo a la OIT, mientras que en Canadá la cifra fue de 38%.

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ANCLADOS A LA VIEJA NORMALIDAD

Y es que tener éxito en esta nueva normalidad digital va más allá de la tecnología. Se requieren de ciertos complementos no tecnológicos que tienen que actualizarse para acompañar la transformación digital. El Banco Mundial los categoriza en 3: las normas, las habilidades de la población, y la calidad de las instituciones.

Los más competitivos en estas condiciones serán los que usen mejor la tecnología para generar valor. Por ejemplo, las economías más desarrolladas y con mejores entornos de competitividad, tienen en promedio un porcentaje de uso de internet para operaciones bancarias del 62.3%. Pero en América Latina la tasa es de apenas 11.6% de usuarios según datos de la UNCTAD.

Respecto al comercio en línea, en las economías con mayor ingreso el porcentaje de usuarios que compra en línea es de 53.9%; en contraste, en la región solo es de 13.1%. En donde no hay brechas es en el porcentaje de participación en redes sociales, pues en ambos grupos de comparación el porcentaje de usuarios es cercano al 80%. Por eso no sorprende que en la región la mayoría de las MIPYMES usaran las redes sociales para vender sus productos y servicios.  

Los datos y tendencias son claros, el mundo vive una pandemia digital que se acelera. Pero la región tiene rezagos en aspectos básicos de la economía digital, a pesar de los avances impulsados por la crisis. Y es que nuestro entorno de competitividad formado por normas, habilidades e instituciones sigue diseñado para el siglo XX. Será urgente que los planes de reconstrucción y reactivación post-covid tengan un componente de transformación digital pensando en esta nueva normalidad.

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*El autor es director regional de Social Progress Imperative.

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