Las economías de América Latina, tal y como señala el Fondo Monetario Internacional (FMI), se encuentran en una situación muy delicada. Al margen de lo que ha ocurrido con México y Brasil, las economías que más peso tienen en la región y que justifican gran parte de las revisiones, hablamos de economías con grandes desequilibrios y que se encuentran muy debilitadas tras la ardua tarea que ha supuesto amortiguar el duro shock que ha supuesto la pandemia.

Ante la escasez de recursos con los que cuentan estas economías, los datos que proporciona la universidad de Columbia nos muestran que estas economías emergentes de América Latina no fueron capaces de estimular su gasto fiscal al nivel que lo hicieron economías como la estadounidense o las europeas. Para que nos hagamos una idea, hablamos de una respuesta que se sitúa en el 2,4% del PIB, mientras la media en los países desarrollados se encontraba en el 6,7%.

En consecuencia, las economías de la región sufrieron un duro shock que llevaron a estas economías a contraerse notablemente, con las consecuencias que esto tiene. Pero es que no debemos dejar de recordar los desequilibrios mencionados anteriormente. Pues América Latina se compone de economías en los que ya se observan elevados niveles de informalidad económica y laboral, corrupción, desempleo, desigualdad, entre otros fenómenos, por lo que este impacto únicamente ensancha estos desequilibrios, a la vez que frena esa necesaria convergencia.

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Y es que hay que señalar esto muy bien, al hilo de las recientes perspectivas que ha publicado el Fondo Monetario Internacional. El organismo multilateral con sede en Washington DC señala que el crecimiento en las economías de América Latina, salvo excepciones y con motivo de las presiones inflacionarias y la creciente amenaza que supone Ómicron, ha comenzado a desacelerarse sustancialmente. De hecho, hablamos de la región en el mundo que menos crecerá en todo el planeta, incluso por debajo de África.

Atendiendo a estas perspectivas, hablamos de un crecimiento que se situaría en el 6,8% en el 2021, pero que se moderaría en 2022 hasta el 2,4%, rebotando levemente en 2023 hasta cerrar en el 2,6%. El resto de las regiones, a diferencia de esta, prevén crecer, en el caso de Estados Unidos, Europa, Asía, Asía emergente y África, un 4%, un 3,9%, un 4,3%, un 5,9% y un 3,7%, respectivamente. De esta manera, la región sigue descolgándose del resto de economías en una recuperación que, para algunas economías de esta región emergente, podría no llegar hasta el 2025, como podría ser el caso de México o Argentina.

Al darse esta situación, preocupa que estas economías se descuelguen en la recuperación, al menos si tenemos en cuenta todo lo citado anteriormente. Las desigualdades siguen acentuándose en tanto en cuanto la recuperación es más asimétrica y la brecha se ensancha. Y lo peor es que poco pueden hacer estas economías que, como decíamos, no solo se han tenido que enfrentar a esta crisis con menos recursos, sino que lo han tenido que hacer de forma más intensa, desgastándose hasta un punto en el que hemos visto un incremento generalizado de la ratio deuda/PIB en estas economías.

Por esta situación, es complicado exigir más esfuerzos a unas economías que, como era de esperar, tenían que recuperarse a lo largo del presente ejercicio y los siguientes. Sin embargo, parece que esta borrachera de crecimiento económico de la que estábamos tan pendientes los economistas no ha sido como se esperaba. Las previsiones nos dicen que la economía de América Latina vuelve a desacelerarse, a la vez que la región lucha por no dar ni un paso atrás en ese desarrollo y ese proceso de convergencia que hoy se encuentra amenazado ante ese primer ensanchamiento de las desigualdades mencionado, así como por esta desaceleración asimétrica.

Pues debemos saber que ese intento de hacer de estas economías emergentes, economías desarrolladas y prósperas, desde hace años se encuentra amenazado, y esto que ocurre hoy puede condenar a estas economías a un mayor retraso en esa convergencia. Para que nos hagamos una idea, las economías emergentes han pasado de crecer a un ritmo medio cercano al 14% antes de la crisis de 2008, a crecer a un ritmo medio del 7% tras ella. Y hoy estos crecimientos son, como vemos, del 2%.

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¿Vamos a seguir con los brazos cruzados?

Es hora de actuar, y algunas economías ya se han puesto manos a la obra. Colombia es claro ejemplo de ello, previendo liderar la recuperación en la región con un crecimiento que podría llegar a situarse en el 10%, pero hay otras como México que, por diversas razones, ha acabado entrando en recesión técnica al finalizar el cuarto trimestre del pasado ejercicio. La convergencia está en peligro y es hora de apostar por las reformas estructurales y el desarrollo, pues hablamos de una convergencia que podría llegar a retrasarse en más de 300 años.