Por Carlos Argumedo Cervera
Reducir el manejo de efectivo en diferentes ámbitos de la vida económica está resultando un verdadero reto para Latinoamérica toda vez que diversos países europeos se han dado a la tarea de darle prioridad al uso de tarjetas inteligentes o incluso a través de los teléfonos celulares y/o wearables.

En las grandes tiendas para el abastecimiento del hogar, comienzan a proliferar los espacios denominados de auto pago, en donde el cliente mismo pasa sus productos por un sensor, suma el total de su consumo y a través de su tarjeta de débito, crédito o celular paga sin la necesidad de que haya un dependiente de por medio.

Lo mismo está sucediendo en el ámbito del transporte público y nuevamente, es Europa quien se pone a la vanguardia en donde, en algunos países ya no se requiere acudir a una ventanilla para boletos o tarjetas para transportarse en autobuses o trenes locales o interestatales.

México trata de ponerse a la vanguardia en este objetivo de migrar a un esquema en donde el pago para acceder al transporte público sea sin hacer uso de dinero en efectivo, pues además de facilitar el viaje al usuario, reduce costos de Traslado de valores y depósitos bancarios, así como la reducción de fugas.

La implementación de pagos bancarios en el transporte público sirve como un detonante para la inclusión financiera en las Ciudades que se ha utilizado, pues es un sistema rápido, seguro y confiable, el usuario no bancarizado se comienza en familiarizar con estos  medios de pago y sus bondades y un porcentaje opta por bancarizarse.

La Ciudad de México es un ejemplo de esto. Se espera que se convierta en la punta de lanza en Latinoamérica en aceptar cualquier medio de pago en el transporte, como actualmente lo tienen ciudades como Londres y en América, Estados Unidos, los cuales han sido pioneros en el uso de esta tecnología en el transporte público.

De hecho, ya se han comenzado a instalar y a funcionar “máquinas inteligentes” para que llevan a cabo la operación en donde los usuarios solo tienen que utilizar su tarjeta de crédito o débito, Visa o MasterCard, incluso sus relojes o celulares para la compra de sus accesos y viajes.

Desde hace algunos meses, los usuarios se han dado cuenta de este nuevo esquema de pago y de hecho ha sido aceptado, tan es así, que las transacciones con tarjetas para adquirir peaje en el transporte público ha crecido significativamente en dos o tres meses a la fecha.

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En un momento tan complicado por la pandemia, es también pertinente establecer el hecho de que se evitará tocar las pantallas para la compra de boletos con la consecuente seguridad de evitar aún más los contagios en este momento tan complicado y de alto riesgo a la salud.

Tal y como sucede en las tiendas de autoservicio, el auto pago en el transporte público ya no puede esperar más y de hecho se está convirtiendo en una realidad, toda vez que la necesidad de evitar o depender cada vez menos del dinero en efectivo es fundamental en las nuevas sociedades.

Sin duda, además de ofrecer al usuario del transporte público nuevas opciones de pago en sus traslados y facilitarle el manejo en el uso de efectivo, las empresas dedicadas a este proyecto buscan acceder a nuevas tecnologías que pongan a la vanguardia a nuestro país en relación con el resto de América Latina.

El compromiso que adquieren no es fácil, pues migrar de un esquema de pago en efectivo al pago a través de tarjetas de crédito o débito o de relojes llamados smartwatch, requiere de la coordinación de empresas bancarias con el gobierno para establecer esquemas de trabajo transparentes y efectivos, siempre en beneficio de la ciudadanía.

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*El autor es experto en la implementación de sistemas de cobro en el transporte público

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