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Por Ángel Martí

Si alguien conoce bien el sistema financiero de Iberoamérica, ese es Manuel Romera, quien además de ser profesor de IE Business School ha dedicado gran parte de su profesión a hacer valoración de riesgos e ingeniería financiera, formando a importantes directores del sector financiero.

Desde su mirada escrupulosa y su experiencia que lo ha llevado a participar en diversos proyectos internacionales, como un trabajo de gestión de mercados para Mercosur y el desarrollo de actividades de análisis de mercados bursátiles en Tokyo (Japón), pone sobre la mesa la necesidad que tienen los bancos de Latinoamérica de evolucionar en el actual contexto.

Es sabido que los bancos locales tienen un papel fundamental en los servicios financieros de Latinoamérica. Banorte, Banco Azteca, Bancolombia, Banregio, Banco Atlántida y Banco Continental, son tan solo algunos ejemplos de ello.

En muchos de los casos, su éxito se debe al conocimiento que tienen de los mercados. Sin embargo, hoy uno de los principales retos que enfrentan es la digitalización e innovación de sus procesos y, junto con ello, el boom de las Fintech (empresas tecnológicas de servicios financieros).

“Algunos bancos más consolidados internacionalmente como los españoles Santander o BBVA, están adquiriendo Fintech para ser más flexibles e innovadores, que es una de las características de este tipo de empresas”, apunta el profesor de Finanzas de IE Business School.

Y añade: “(este tipo de bancos más globales) no ven en las firmas tecnológicas un riesgo, sino un aliado para incursionar en el mundo digital”. Desafortunadamente, muchos de los bancos locales, en su mayoría familiares, parecen estar rezagados respecto a esta visión.

Los grandes jugadores que vienen

El especialista en Finanzas del IE advierte una cosa: las Fintech tendrán un papel preponderante en la economía latinoamericana, pero no se puede dejar de lado a las Bigtech, que ya cuentan con miles de usuarios y que están interesadas en dar servicios financieros o ya están trabajando en esto.

Se trata de empresas como Amazon, Paypal, Google y Apple, entre muchas otras, que tienen un mercado cautivo y listo para convertirlo, ahora, en usuario de sus ofertas financieras. Y no sólo eso, estas Bigtech están buscando también posicionar sus propias monedas digitales.

“Al igual que las Fintech, las Bigtech,no conocen fronteras, y eso les da una gran ventaja frente a los bancos tradicionales. Su capacidad de big data es espectacular, y eso les permite llegar a sus clientes de una manera más estratégica y asertiva”, menciona Manuel Romera.

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Añade que, en países como España, el 60% de los costos de los bancos son gastos de personal, mientras que un porcentaje menor gastos de tecnología. Esto explica que algunos bancos en el mundo hayan reducido hasta 60% su personal y en 50% sus establecimientos físicos.

“Es decir comenta el experto del IE las tendencias no están en el negocio de calle (en establecimientos bancarios). Por eso se espera que en tres o cuatro años los gastos de tecnología representen el 50 o 60% en el total de costos, y el personal el 40%”.

La reputación como moneda de cambio 

Además de la transición que los bancos tradicionales deben llevar a cabo hacia lo digital, Manuel Romera expone que tendrán que apostar por esos pilares que durante años han sostenido su operación, por ejemplo, la seguridad y confiabilidad que brindan al usuario, al estar normados internacionalmente.

Esto, a pesar de que el sistema bancario en general no goce de muy buena reputación, ya sea porque para los usuarios exista la percepción de que cuentan con procesos muy burocráticos, servicios costosos o que la experiencia de servicio no es la mejor.

“Pese a esto, las Fintech, en cambio, hoy carecen de normatividad, y eso no genera confianza y seguridad a las personas. Hay una percepción de que son muy innovadoras, flexibles, lo cual es cierto, pero, ante todo, los usuarios buscan confiablidad”.

En este sentido, el también consejero del banco de inversión Lincoln International y de otras cuatro empresas más, ve una oportunidad para los bancos tradicionales en el reposicionamiento de su narrativa de seguridad, toda vez que “los usuarios saben que los bancos están sometidos a una serie complejas regulaciones y prefieren a estas instituciones, no porque entienden esta regulación, sino precisamente porque no la entienden”.

El profesor del IE y consultor en valoración de empresas concluye que para que la banca tradicional sobreviva a este proceso de cambios que tiene lugar, de manera particular esos bancos locales y familiares tienen que profesionalizarse, y aclara que, para lograrlo, la labor de sus ejecutivos es primordial para que sean ellos los que empujen el proceso de transformación.

“No puede ser que hoy los bancos se piensen como negocios de la banca judía de los años 80 (basados en una relación más personal). Tienen que ser negocios de la banca electrónica pensados hacia 2050. Porque ser pequeño no es malo. Lo que es malo es no tener los productos que espera tu cliente y tener un servicio de atención que ya no va con la nueva era de los negocios digitales”, apunta Manuel Romera.

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