Por Daniel Falcón

A casi dos años de la llegada de la pandemia de la COVID-19 a la región, hoy no quedan dudas de que uno de los cambios más disruptivos impulsados por esta ha sido el crecimiento y la evolución acelerada de una ‘nueva generación’ del mundo digital. Una generación marcada por la irrupción de las criptomonedas, los NFT, la monetización y más. 

La cada vez mayor relevancia de estos componentes es innegable. Basta mirar cómo el desplome del bitcoin y de otras criptomonedas protagonizaron la agenda mediática de los últimos días, tras un evento histórico y lamentable como el ataque bélico iniciado por Rusia contra Ucrania.

Y es que cometeremos un error si seguimos creyendo que esto es algo netamente anecdótico o pasajero. Las criptomonedas, los NFT, la monetización y demás son componentes —que llegaron para quedarse— de un novedoso ecosistema del cual aún se habla poco en nuestros países, pero que cambiará para siempre la estructura del poder y de la interacción en el mundo digital: la Web3.

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UN NUEVO CAMINO

La Web3 —también llamada Web 3.0— es una plataforma que, sobre la base del blockchain, alberga y fomenta transacciones de un volumen mucho mayor de datos y de una interacción mucho más profunda que la de sus predecesoras. Mientras que la Web1 se basaba en la búsqueda y transferencia de información, con Google como gran ganador, la Web2 trajo consigo las plataformas sociales y de comercio bidireccionales, donde se reunían productores y consumidores de información, bienes y servicios. Si bien la Web2 creó un valor enorme, ese valor siempre pasó a través de un intermediario, con Facebook, YouTube, Twitter o Uber como los principales referentes de ese control de los datos y de las reglas de juego.

Hoy, en la Web 2 “alquilamos” reproducciones de música a Spotify o dominios a GoDaddy, pero no somos verdaderos propietarios de estas y tampoco lo son sus creadores. La Web3 se construye en torno al valor y a un deseo de recuperar esa propiedad, a través de transferencias directas de valor. Ello supone un cambio radical en el equilibrio de poderes del mundo digital y en las estrategias digitales de las organizaciones, al eliminar a los intermediarios que concentraron tradicionalmente ese poder y democratizar el valor que actualmente existe en la web.

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Así, la Web3 se constituirá como el principal gatillador de una transición que va de un entorno digital de consumo a un entorno digital de creación, en el cual todos podrán construir y comercializar con la tecnología. Esos nuevos modelos comerciales permitirán que los creadores y sus comunidades capturen e intercambien valor, forjando economías digitales sólidas.   

A diferencia de la Web1 y la Web2, donde las organizaciones ganaban dinero mediante estrategias publicitarias, la Web3 abre el camino a modelos comerciales centrados en el comercio. Algo que tiene mucho más sentido si tenemos en cuenta que, mientras el 50% de los más de US$600.000 millones que movió el mercado publicitario global en el 2020 ya está insertado en la publicidad digital, solo el 20% de los US$25 billones generados por el mercado de comercio global está hoy en el mundo online, según la firma global de investigación de mercado IMARC Group.

PRIORIDAD: LAS COMUNIDADES 

En ese nuevo entorno delineado por la Web 3, las comunidades empiezan a tomar un rol protagónico. En lugar de buscar información, guías o productos entre las grandes corporaciones o instituciones, las comunidades de jóvenes apelan cada vez más a las comunidades forjadas por creadores de contenido. El fenómeno de Twitch y el codiciado algoritmo de TikTok, que busca identificar exactamente con quién deberíamos estar interactuando, es una muestra indiscutible de la noción de que las comunidades tendrán cada vez más valor para las compañías. 

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Por eso, hoy resulta indispensable para las organizaciones de la región empezar a conectar con esas comunidades, en lugar de seguir mirando hacia otro lado. Porque cambios culturales como los que incuba la Web3 tienen mayor efecto disruptivo que cualquier innovación tecnológica aplicada al modelo de negocio.

La Web3 es la nueva época en la cual los nativos digitales ya están embarcados. Sin embargo, también es innegable que por un tiempo más esta co existirá con la Web2, mientras se resuelven aspectos de su usabilidad que aún restan por afinar. Esto abre una oportunidad para las organizaciones. Mientras ambos ecosistemas conviven, las compañías tendrán la ardua tarea de reenfocar sus estrategias digitales para complementarlas de cara a un mundo con identidades digitales más complejas y comunidades más poderosas, y probablemente sin aquellos intermediarios que hoy les simplifican la tarea.

Daniel Falcón es fundador y CEO de la consultora de innovación y transformación digitalNeo Consulting.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.