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Por Norbert Monfort
Construimos demasiados muros y no suficientes puentes, nos decía el gran matemático Isaac Newton. Si bien las cosas no son como las matemáticas predicen o casi nunca, es cierto que siempre sumar aporta más que restar, sobre todo cuando de emprender se trata.

¿Será que algunas personas no hemos estudiado suficientes matemáticas? De lo contrario no entiendo el motivo por el que nos cuesta tanto generar sinergias en nuestras organizaciones. No me refiero tan solo a los directivos o gerentes, también a los trabajadores de base.

¿Qué nos hace pensar que individualmente vamos a lograr más, que trabajando inclusivamente apoyándonos en la diversidad? La primera opción a este cuestionamiento, es la ignorancia, y la segunda: la soberbia. No sé con cuál quedarme.

En 1995 Clint Eastwood dirigió e interpretó Los Puentes de Madison de modo maravilloso, una adaptación cinematográfica de la novela homónima, de Robert James Waller (y no voy a decir lo que siempre decimos para darnos un toque de intelectuales, aquello de que la novela era mejor que la película).

Una historia de amor entre Francesca, interpretada por Meryl Streep —como siempre de modo impresionante (se le nominó a los Oscar por la mejor interpretación femenina)— y Robert Kincaid (Clint Eastwood) fotógrafo de National Geografhic.

Por deformación profesional analicé la película para derivar algunos temas organizacionales.  De ahí, surgió el siguiente cuestionamiento: ¿Cuántas personas viven diariamente en la empresa la disyuntiva de quedarse en ella sin vibrar, sin ilusiones, sin proyección, tan sólo por el miedo a emprender un nuevo proyecto en el que saben que pueden volver a ser la persona que soñaron cuando se incorporaron al mundo laboral?

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La zona de confort es muy amplia. Nuestros vínculos personales son muy fuertes y nuestras ‘obligaciones’ nos paralizan.

La pregunta es: ¿Somos como Francesca que quiere locamente bajarse del coche en el semáforo y correr bajo la lluvia para ir hacia Robert? ¡Sí, seguro que sí! Pero actuamos como ella, nos quedamos sentados  ’llorando’ y viendo cómo pasa nuestro tren.

Las organizaciones ¿no se dan cuenta de que los ojos de sus trabajadores no brillan de emoción, no se dan cuenta de que sus trabajadores están desperdiciando lo mejor de su vida diciendo sí a lo que no creen, y todo por no tener tensiones que les incomoden en la vida rutinaria de la empresa?

Por supuesto que la vida no es sencilla, y que la valentía es considerada , en ocasiones, irresponsabilidad, pero tal vez en ello deberíamos aprender un poco de los millenials, a los que tanto criticamos cuando no se quieren quedar en un lugar en el que no disfrutan y en un proyecto que no les llena. No los justifico y no estoy de acuerdo en todo lo que hacen. Creo que la impaciencia no es buena consejera. Sin embargo, sí que les envidio por su “querer disfrutar en el trabajo”. Al final, no está demás reflexionar y decidir, si quieres saltar del auto…

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 Norbert Monfort  CEO de Monfort Ambient Management y profesor del ESADE

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.