Por Eduardo Valcárcel
El anuncio que hizo el presidente Luis Abinader de eliminar todas las medidas restrictivas impuestas por el Covid-19 ha sido sensato y se corresponde con la tendencia que iniciaron países como Dinamarca, Suecia, Reino Unido, Noruega, Italia, Alemania, Francia, España y Holanda para el retorno a la normalidad a pesar de la pandemia.

El nuevo curso que ha tomado la pandemia, tras el cese de la quinta ola y la disminución de contagios, hospitalizaciones y tasa de letalidad del Ómicron, última variante detectada, han permitido apostar por una nueva estrategia, que hace especial énfasis en la responsabilidad individual ciudadana para cuidar la salud.

El gobierno ya cumplió con su parte. Durante la situación de vulnerabilidad, incertidumbre y emergencia que impactó al mundo entero, priorizó el combate a la pandemia, garantizando en primera instancia la atención hospitalaria, medicamentos, coberturas de las pruebas de antígenos y PCR, y posteriormente desplegando el  Plan Nacional de Vacunación que, a poco más de un año de haber iniciado, inoculó a más de 5.8 millones de dominicanos con dos dosis.

En los primeros meses de 2021, los gastos sociales en materia de salud representaron un 28.4% del total contemplado en el presupuesto nacional. Para ofrecer una idea, sólo los recursos destinados a mitigar los efectos adversos de la pandemia del Covid-19, dígase vacunas, pruebas de antígenos y PCR, medicamentos, insumos preventivos, los programas de ayuda social y otros más, ascendieron a 53,000 millones de pesos dominicanos entre enero y septiembre del año pasado.

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Aquí me atreveré a hacer una reflexión sobre posibles escenarios: ¿Qué hubiera sido de la República Dominicana sin la inversión en salud que hoy permanece? ¿Qué habría pasado si no se hubieran destinado al Ministerio de Salud Pública entre enero y septiembre de 2021 más de RD$98,623 millones?

¿Si no hubiéramos priorizado la lucha contra el Covid-19? ¿Si no hubiéramos comprado las vacunas necesarias para inmunizar a la población?¿Cuántos más de los nuestros hubieran muerto? ¿Estarían operando los sectores productivos? Me atrevo a afirmar que hubiéramos tenido un país en quiebra, sembrado en la incertidumbre y el caos; con incontables pérdidas de nuestros seres queridos.

En estos 18 meses se ha hecho mucho por garantizar la vida de los dominicanos. Personalmente creo que no podemos tirar este esfuerzo por la borda, sino que debe primar el compromiso individual de cuidarnos a nosotros y a los nuestros.

Sí, es cierto que se ha anunciado el fin oficial del uso de mascarillas y la necesidad de presentar la tarjeta de vacunación para acceder a los lugares públicos, sin embargo, esto no exime wl ciudadano de actuar con la responsabilidad que le corresponde.

Ahora más que nunca es imperante que cada individuo cumpla voluntariamente su rol, completando el esquema de vacunación, manteniendo el distanciamiento y la correcta higiene de manos para evitar un nuevo brote. República Dominicana no puede darse el lujo de volver atrás, especialmente si queremos seguir transitando por el sendero de recuperación económica.

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