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Llevamos meses hablando de los problemas que ha atravesado la economía de Centroamérica como consecuencia de la pandemia que hemos vivido, de la misma manera que hemos ido advirtiendo de los problemas a los que se enfrentan estas economías en un escenario de excepcional incertidumbre como el actual. Sin embargo, unos datos que publica el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre las economías de la región nos dejan sensación de optimismo en un momento en el que, además, viene muy bien.

En esta línea, estos datos de los que hablamos se extraen tras revisar el crecimiento registrado en Centroamérica en el año 2021. En estos, el organismo multilateral señala que la economía de Centroamérica registró el pasado ejercicio un crecimiento que superó el 9%, llegando a sobrepasar en 9,2 puntos porcentuales el pasado registro. Así, hablamos de un crecimiento respecto al año anterior que conviene señalar, pues confirma que la recuperación avanza, en tanto en cuanto estos países van recuperando el nivel de PIB que estos presentaban antes de que existiera el COVID.

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Por países, el estudio nos indica que ya hay países que, como Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua o República Dominicana, ya han alcanzado el nivel de actividad económica previo a la pandemia. En otras palabras, hablamos de economías que ya se han recuperado. Más rezagadas, Panamá, así como otras economías, esperan recuperar dichos niveles prepandémicos entre este año y el siguiente. En otras palabras, hablamos de una región que pretende recuperarse plenamente antes de que finalice el próximo ejercicio.

Con estos datos en la mano, podemos decir que la recuperación en Centroamérica evoluciona favorablemente. Teniendo en cuenta que hablamos de un crecimiento que supera el 9%, no podemos decir que estas economías no estén creciendo, de la misma forma que no podemos decir que no se están recuperando. La realidad es la que es, y como muestra el organismo multilateral, debemos celebrar este crecimiento pese a que hablemos de una recuperación, en esencia, heterogénea y asimétrica. Pues hay que tener en cuenta que hablamos de economías que se encuentran en desarrollo, por lo que presentan mayores carencias y, por ende, más debilidades.

Sin embargo, y sin tratar de “ensuciar” este fenómeno que aquí repasamos, debemos ser conscientes de que nos encontramos en un momento de excepcional incertidumbre. Muchos riesgos se asoman en el horizonte, a la vez que el crecimiento, como consecuencia de esto, sigue moderándose en tanto en cuanto se van sucediendo diversos fenómenos que, como la guerra entre Ucrania y Rusia, la inflación, la inestabilidad y la confrontación política global, entre otros sucesos, siguen poniendo “palos en las ruedas” a esa recuperación tan necesaria.

En este contexto, el FMI también hizo públicas sus perspectivas de crecimiento para el presente ejercicio y el siguiente, destacando la moderación que preveían experimentar las economías de América Latina ante lo que estaba sucediendo. Así, se esperaba que, con la moderación del crecimiento en economías desarrolladas como los Estados Unidos, las economías de América Latina, en esa línea, vivieran una moderación similar. Es decir, el mundo se enfrentaba a numerosos riesgos que, en esencia, estaban lastrando el crecimiento y frenando la recuperación.

Además, entre esos riesgos, el que más preocupa es el que representan las presiones inflacionarias a las que nos enfrentamos en estos momentos. La inflación no deja de incrementarse en tanto en cuanto los consumidores pierden poder adquisitivo y la economía reduce su potencial crecimiento. Además, hablamos de una inflación que ya escala a máximos y que obligará a los bancos centrales a tomar medidas que, de la misma manera que tratarán de combatir la inflación, frenarán el crecimiento y, por ende, la recuperación económica.

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Por esta razón es importante ser optimistas, pero no caer en esa autocomplacencia que podría llevarnos a asumir riesgos innecesarios. En el presente, los datos nos dicen que vivimos un momento de intensa volatilidad e incertidumbre, por lo que debemos estar atentos. Pues hoy vemos un crecimiento del 9,2% del PIB de las economías de Centroamérica, al igual que vemos a muchas de las economías que integran esta rica región recuperando su situación anterior a la pandemia. Sin embargo, mañana, como ha ocurrido con México, podríamos estar hablando de estanflación y de recesiones técnicas.

En definitiva, tenemos motivos para ser optimistas y para creer en esa nueva normalidad que todas las economías ansían. Sin embargo, aún quedan motivos para desconfiar de una recuperación que presenta tantas sombras como luces en el horizonte. Por lo que, ante semejante contexto, debemos seguir trabajando en formular esas reformas que precisan estas economías, aprovechando semejante ritmo de crecimiento, para lograr impulsarlas antes de que el estancamiento llegue. Pues esa es la única vía para salir más fuertes de cara a la siguiente crisis económica, que llegará.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.