En los últimos meses los temas de las criptomonedas, el uso de bitcoin como moneda legal, el uso generalizado de las wallets (billeteras digitales) y la compra de NFTs (certificados de propiedad almacenados y respaldados por blockchain que suelen estar asociados a activos digitales como artes visuales, videos, música u objetos de colección), han estado inmersos en la polémica y en el centro de la opinión pública.

Es importante recordar lo que mencionó el inversor estadounidense y administrador de fondos de cobertura y filántropo Stanley Druckenmiller: las criptomonedas valen lo que las personas están dispuestas a pagar por ellas. Su valor, al igual que el del dinero común, depende y varía en función de la oferta, la demanda y el compromiso de los usuarios.

La firma de estadística y análisis Statista señala que, aun cuando la negociación de algunas criptomonedas como el bitcoin se ha concentrado principalmente en naciones como Estados Unidos, Rusia o Nigeria, su relevancia en Latinoamérica ha aumentado de forma constante.

En concreto, compañías emergentes vinculadas a las criptomonedas y al blockchain como Ripio (Argentina), así como los unicornios Bitso (México) y Mercado Bitcoin (Brasil), han logrado posicionarse fuertemente a nivel regional en los temas de transacciones e intercambio de monedas digitales, e incluso han creado su propia criptodivisa.

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Por otra parte, las formas de pago digitales con una gestión centrada en cadenas de bloques, no solo se han ganado la atención de la iniciativa privada y de los especuladores financieros, sino que varios bancos centrales están desarrollando monedas virtuales como medio de pago oficial en sus respectivas naciones.

El mejor ejemplo en América Latina es el Sand Dollar, una criptomoneda en circulación emitida por el Banco Central de las Bahamas, institución financiera que en vez de imprimir papel moneda, crea dólares digitales que circulan virtualmente. La idea central es que la población del país caribeño tenga una especie de billetera digital para hacer transacciones desde su teléfono o dispositivo móvil, sin estar obligados a tener una cuenta bancaria, ni pagar comisiones o costos de transacción.

Otros proyectos de criptomonedas a tener en la mira son el DXCD o Dcash del Caribe Oriental, el Dinero Electrónico de Ecuador y e-peso o Billete Digital en Uruguay.

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Respecto al bitcoin, desde que esta criptodivisa fue nombrada moneda oficial en El Salvador, el país centroamericano se convirtió en la tercera nación con más cajeros bitcoin del mundo, únicamente por detrás de Estados Unidos y Canadá. Por su parte, Colombia se distinguió por tener en las wallets de sus ciudadanos aproximadamente un 21% del volumen total de bitcoin disponible en América Latina y el Caribe.

Sin duda, existen grandes retos y oportunidades en Latinoamérica alrededor de las criptomonedas, cuyo uso, es evidente,  gana terreno en la región. Conviene seguir su evolución en los próximos meses, quizá podamos ver con mayor claridad si el futuro del dinero son las monedas digitales.

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