Por Froylan Alvarado

Costa Rica es un país libre, independiente y democrático, que cada cuatro años tiene la dicha, y el deber cívico y moral de elegir a sus gobernantes a través del sufragio, privilegio del que gozan todos sus ciudadanos tanto en el territorio nacional como en las diferentes embajadas y consulados alrededor del mundo entero.  Para tal efecto, una de las instituciones más privilegiadas y efectivas de nuestro país lo es el Tribunal Supremo de Elecciones, quien por deber constitucional está en la obligación de velar por el cumplimiento efectivo de las normas electorales, así como de la imparcialidad, honestidad y transparencia del proceso electoral, asegurando a través de un conteo claro y preciso la declaración de un ganador al final la jornada electoral.

Sin embargo, y en busca de resultados aún más contundentes para determinar la elección de un Presidente de la República, la Constitución Política de Costa Rica estableció que al momento de realizase una convención nacional, el ganador debe contar con al menos el cuarenta por ciento de la intención de voto popular emitido, de lo contrario, se debe acudir a una segunda ronda que se celebra dos meses exactos después con los dos candidatos que hayan alcanzado mayor porcentaje de votos emitidos, siendo el ganador quien al final obtenga el mayor número de votación, es decir, que podría ganar por un solo voto de diferencia.

EL ABSTENCIONISMO COMO PANDEMIA ELECTORAL

La primera vez que en Costa Rica fue necesaria una segunda ronda se remonta a las elecciones del año 2002, luego se repitió el fenómeno en los comicios electorales de los años 2014 y 2018, y actualmente en este 3 de abril del año 2022 volveremos a repetir tal ejercicio democrático, decidiendo los costarricenses entre los candidatos Rodrigo Chaves y José María Figueres quien será el próximo Presidente de la República por los próximos cuatro años. De primera impresión podríamos pensar en un país dividido entre muchos partidos, por lo que los porcentajes de la primera ronda no alcanzaron el mínimo para evitar una ronda más. Más sin embargo, la verdadera razón no es otra que el abstencionismo, el cual cada cuatrigenio crece aún más, evitando así un ganador en primera ronda electoral y generando evidentes gastos mayores al Estado.

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Cuando hacemos un análisis del abstencionismo en nuestro país, nuestro Tribunal Supremo de Elecciones llega a la conclusión que dos de cada cinco costarricenses debidamente empadronados no acudieron a las urnas a votar el pasado 6 de febrero sumando un 40.29% de abstencionismo, el más alto de su historia desde el año 1958. Este resultado se obtuvo según datos del Tribunal luego de contar 6.039 juntas receptoras de votos, teniendo entonces un aumento del 9.49 % de puntos porcentuales con respecto a las elecciones del año 2018, lo que tiene como corolario la realización de una segunda ronda electoral.

Dentro de las razones que se perciben para la existencia de este abstencionismo en la población costarricense, se puede indicar que la principal de ellas lo es la realidad socioeconómica de los votantes, pues son las poblaciones más vulnerables en cuanto a pobreza que más se ausentan a la fiesta electoral. A mayor pobreza mayor es la falta de un nivel educativo aceptable para el crecimiento personal e intelectual de la población, lo que contribuye a que la ausencia electoral de este sector sea muy notoria. Además a ello se debe sumar la falta de interés que le provoca a esta población vulnerable de participar en las elecciones pues se sienten olvidados y utilizados por la clase gobernante, toda vez que sin importar el partido ni los años, su situación sigue siendo la misma.

EXPECTATIVAS DE LA DECISIÓN ELECTORAL

Es claro entonces que en nuestro país quienes se acercan a las urnas evidentemente confían en un mejor destino, en una persona o agrupación que mediante acertadas decisiones gubernamentales se favorezca al ya tan agobiado bolsillo de los gobernados. Lo que nos lleva a pensar entonces que la primera expectativa de cualquier proceso electoral lo es la recuperación de la economía, tanto desde el punto de vista comercial como familiar. Se espera un desarrollo sostenido y eficaz en el crecimiento de una economía que estuvo a punto de morir por la pandemia Covid 19, pero además el crecimiento económico de cada familia a través de la generación de empleo y oportunidades de desarrollo y crecimiento para cada uno de sus integrantes.

Como segundo punto de importancia, las expectativas y esperanzas del costarricense están cifradas en un futuro gobierno que le escuche, que sea cercano con sus necesidades no sólo económicas sino personales. El alto costo de los combustibles, las consecuencias económicas de la guerra en Ucrania, y los golpes que en todos los sectores generó la pandemia, hizo que la población se desgastase en todos los frentes, sin tener por parte del Gobierno un norte definido o claro donde se pueda ir vislumbrando una salida o una solución. El reto del próximo gobernante es que a través de sus acciones más inmediatas logre rescatar la confianza del pueblo, sobre todo de aquel que se abstuvo de votar por sentirse abandonado.

Un tercer reto y expectativa es la recuperación y superación de la actividad educativa, la cual a pesar de los esfuerzos que se hicieron para llevarla a los estudiantes a través del internet, ha tenido lo que ahora llama un “apagón educativo”, pues el acceso a los recursos tecnológicos no son amplios para todos los pobladores, y además el uso de los mismos en muchos casos creó gastos no previstos por la economía del hogar. La compra de dispositivos como computadoras, tabletas o celulares para el acceso a la educación, así como el pago de la señal de internet, se vio enfrentada con el pago de necesidades como el pago el pago de alimentos o habitación, siendo éstos últimos la opción más clara a elegir por cuestiones humanas y de vivencia normal.

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Por último, esta segunda ronda electoral debe superar nuevamente al abstencionismo. El ciudadano debe preguntarse Porqué dejar que otros decidan por nosotros? Cómo exigir acciones a los gobernantes si no participamos en su elección? Venceremos la pandemia del abstencionismo para fomentar una mejor Costa Rica? Las respuestas a tales interrogantes sólo las tiene el pueblo costarricense, quien a diferencia de otras realidades latinoamericanas, tiene la oportunidad y virtud de aún poder elegir a través del voto a su Presidente, sin imposiciones ni dictaduras que condenan al fracaso social. No dejemos que el abstencionismo sea una enfermedad mayor, pues las expectativas se cumplen cuando participamos de acciones propias y personales para hacerlas realidad. Bien lo dice el conocido refrán “ A Dios rogando y con el maso dando”.-

*El autor es expresidente el Colegio de Abogados de Costa Rica. Presidente de la Asociación Costarricense de Profesionales en Derecho del Poder Judicial.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.