Por Keila González Báez

Representar el 3 % del PIB mundial (Producto Interno Bruto), generar más de dos mil millones de dólares al año —más que toda la industria automovilística de Europa, Japón y Estados Unidos — y dar empleo a cerca de 30 millones de personas es un asunto que no puede pasarse por alto. Esas son cifras que ofrece La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) con respecto al impacto de las Industrias Culturales y Creativas.

La Economía Naranja, como también se conoce al conjunto de bienes y servicios relacionados con la cultura y el sector creativo, está siendo cada vez más visible, y por tanto, tomada en cuenta por países e instituciones alrededor de todo el planeta.

Dependiendo del tipo de negocio, podemos aprovechar las bondades de esta economía de diversas maneras. Por ejemplo: producir contenido de alto impacto que pueda ser ofrecido a través de un newsletter a cambio de una suscripción mensual.

También, podríamos crear una aplicación que facilite la vida de nuestros clientes actuales y potenciales, así como eventos presenciales o virtuales que nos hagan más visibles y relevantes en nuestro mercado de acción; también se pueden crear cursos en audio o video que sean distribuidos a través de plataformas digitales. Otra opción es producir una colección limitada de NFT, al igual que han hecho recientemente empresas como Cerveza Presidente, Pringles o Louis Vuitton.

La Economía Naranja ha abierto un universo de opciones en diversos sectores. Sin importar si nuestro negocio está o no relacionado con este ecosistema, podemos aprovechar las oportunidades que está abriendo el reconocimiento de la cultura para la dinamización de la economía y el avance de la humanidad.

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Acciones para impulsar este sector

En 2017, el actual presidente de Colombia y entonces senador Iván Duque, impulsó la promulgación de la Ley Naranja, con el objetivo de atraer a más personas a la cultura y generar un ecosistema emprendedor sostenible y progresista en el sector creativo.

Recientemente, el Banco Popular Dominicano, en alianza con el Ministerio de Industria y Comercio, lanzó el proyecto «Dominicana Creativa» “con el propósito de exponer y fortalecer las industrias culturales y creativas, que generan valor agregado a la economía nacional”, tal como indica su sitio web oficial.

Así mismo, existen docenas de países comprometidos con generar políticas públicas para incentivar la Economía Naranja.

Un universo de opciones

La Economía Naranja debe su nombre a la asociación que suele hacerse entre este color con la cultura y la creatividad. Por lo tanto, cualquier actividad que genere riqueza a partir del talento y la propiedad intelectual, podría considerarse parte de esta economía.

El cine, los videojuegos, la moda, la arquitectura, la gastronomía, el diseño gráfico o de interiores, la artesanía, la música, la literatura, la creación de software, la creación de contenido, la fotografía o la realización de espectáculos, son solo algunos de los mercados participantes en la dinámica de la Economía Naranja.

Además del lucro, este sector busca el desarrollo cultural y creativo, uno de los pocos aspectos que, hasta ahora, las máquinas no pueden llevar a cabo; sin pasar por alto que la cultura es un factor esencial para el avance de los pueblos.

El crecimiento de esta economía puede ser aprovechado por profesionales de distintos sectores, como abogados, mercadólogos, fotógrafos, psicólogos y ocupaciones afines. Lo fundamental es que se apegue a aspectos culturales y creativos.

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Keila González Báez es empresaria dominicana del sector editorial y autora de libros sobre creatividad y emprendimiento. Creadora de un nuevo formato de lectura: el Magabook, premiado por el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes de su país.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.