Conceptos que definen una nueva forma de entender el turismo, que implican temas tan importantes como las buenas prácticas, y derechos tan fáciles de entender y de asumir como la posibilidad real de poder apreciar, experimentar y compartir lo que ofrece nuestro planeta, todos. 

Tiene mucho que ver con un cambio de mentalidad, con grandes dosis de pedagogía en todos los niveles y estructuras; con nuevos modelos de prestaciones y también tecnologías punteras que permitan un enfoque plenamente inclusivo, sostenible y accesible.

Las cifras lo explican a la perfección: el 15% de la población mundial vive con algún tipo de discapacidad. Estamos hablando de 1000 millones de personas. En América Latina y el Caribe 85 millones. Las previsiones de la Organización Mundial del Turismo (OMT) apuntan a que más de 250 millones de personas tendrán alguna discapacidad moderada o severa en el futuro.

La UE cuenta con un mercado potencial de personas con discapacidad de 80 millones, 130 si se añaden las personas mayores y sus acompañantes (suelen viajar acompañados de 2 a 3 personas). De ellos, un 70% disponen de medios económicos para poder viajar. Estamos hablando no sólo de asegurar un derecho tan importante para todos, sino también de una gran oportunidad para un sector que ha sufrido mucho en la pandemia del Covid-19. 

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La cumbre iberoamericana que se celebró en Cuba en diciembre del año pasado sobre el turismo accesible ha sido el evento más relevante celebrado sobre esta materia. Concluyó con la declaración de La Habana por un turismo inclusivo y accesible, una llamada a reconocer que “la discapacidad es un concepto dinámico y complejo, resultado de la interacción de las personas con las barreras presentes en el entorno, lo que no debe limitar y/o discriminar la participación libre y activa de las personas con discapacidad en la actividad turística”.

El documento también promueve lo que ha venido a denominarse un modelo turístico accesible e inclusivo en el que usuarios, prestadores de servicios, organismos públicos, universidades, instituciones, organizaciones empresariales, etc.  deben jugar un papel decisivo, invitando a participar también a “las personas   interesadas en generar las condiciones que posibiliten la experiencia turística, como un ejercicio de vida cotidiana de todas las personas sin distinción alguna”.

En el diagnóstico sobre las barreras existentes, en las que están trabajando los expertos y los responsables de asociaciones empresariales, figuran cuestiones como la ausencia de información sobre la accesibilidad en los destinos, y los propios problemas de accesibilidad, la falta de formación específica del personal, problemas de movilidad y accesibilidad en los aeropuertos y estaciones, o la ausencia de webs accesibles.

En lo referente a la formación existe otro importante escollo: la inclusión de trabajadores con discapacidades en el sector turístico, una asignatura pendiente.

Además, es prioritario el diálogo permanente entre las instituciones de las que dependen la oferta turística y las asociaciones de personas con discapacidad, especialmente para comprender necesidades, identificar obstáculos y buscar soluciones. Todo ello encaminado a contemplar la accesibilidad como una ventaja competitiva. 

Sostenible sí, pero por todos

La OMT calcula que el flujo de turistas internacionales alcanzará los 1.800 millones en 2030. Con este panorama, si queremos que el sector pueda contribuir de manera eficiente al desarrollo sostenible, y garantizarlo a largo plazo, es crucial avanzar hacia modalidades de consumo y producción sostenibles.

Es un hecho: el sector crece más deprisa que la economía mundial o el comercio internacional. Frente a esta realidad los expertos apuntan a la necesidad de desvincular el crecimiento global del sector del uso de recursos naturales.

Cuando hablamos de sostenibilidad olvidamos con mucha frecuencia la responsabilidad que tenemos todos como turistas. Somos consumidores y protagonistas de viajes que llevan consigo actividades al aire libre, un entorno al a debemos ir preparados, mediante una clara planificación sostenible, desde la preparación de estos al disfrute de la propia actividad. Una mentalidad y predisposición que deben fomentarse desde las aulas y potenciarse siempre. 

Siguiendo estos parámetros de responsabilidad, de buena planificación, de compromiso y de defensa y de preservación del mejor patrimonio que tenemos, comprobaremos el potencial que tiene el turismo de contribuir a la creación de empleo.  Se trata de asegurar en el largo plazo el impulso del empleo estable, la mejor fórmula de inclusión social.

Además, debemos ser capaces de impulsar un amplio programa de acciones e iniciativas de sensibilización tendentes a impulsar una integración social inclusiva, preservar el patrimonio natural y cultural, conservar la biodiversidad, facilitar modos de vida sostenibles y mejorar el bienestar de las personas.

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Y hacerlo también mediante el buen uso de los recursos medioambientales y su preservación, así como cuidando al máximo el legado y la identidad sociocultural de las comunidades en los destinos turísticos, su tradición, cultura, patrimonio arquitectónico y artístico, entre otros. 

El turismo sostenible, accesible e inclusivo es sinónimo y garantía de una mejor calidad de vida para todos, y una clara apuesta de futuro. Por ello, ocupa una  parte destacada  en la agenda de trabajo en la que estamos inmersos en el Consejo de Empresarios Iberoamericanos, CEIB. Una hoja de ruta en la que figuran todas estas cuestiones, y en la que la voz y el compromiso de las organizaciones empresariales, serán firmes, claros e intensos.

Y como sucede tras cada Encuentro Empresarial Iberoamericano, esta vez el turismo sostenible, justo e inclusivo será un nuevo eje temático permanente al que prestaremos atención y daremos seguimiento, como ya ocurre con las mipymes, la digitalización o la innovación abierta. Forma parte de nuestro compromiso para el próximo Encuentro cuya XIV edición se celebrará en República Dominicana, acto del programa oficial de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno que lleva por lema: “Juntos por una Iberoamérica justa y sostenible”.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.