Por Felivia Mejía

La industria cosmética formal, que engloba la fabricación de productos para el cabello y la piel, jabones de baño o tocador y desodorante, en República Dominicana casi triplica sus ventas en la última década, pasando de 35 millones de dólares en 2012 a casi 90 dólares el año pasado.

Ese crecimiento que revelan las cifras de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) -que no incluye las operaciones de las fábricas informales, las cuales representan más de la mitad- mucho tiene que ver con que los productos locales son consistentes en su calidad.

Además, es el resultado del trabajo en conjunto entre los sectores público y privado para impulsar la innovación en la industria, a juicio de la presidenta del Clúster de Productos de Belleza, Rommy Grullón.

“La industria cosmética es muy pujante y siempre está a la vanguardia, luchando para ganarse su espacio”, dice Grullón, quien señala que se exporta más de 40 países en el mundo, la mayoría a Estados Unidos y las islas del Caribe.

Aunque el dominicano dedica el 8.63% de sus ingresos a su cuidado personal (3.52% lo gasa en peluquerías y el 5.11% en productos y artículos para la atención personal), según datos del Clúster, la mayoría de las ventas de muchos fabricantes son producto de sus exportaciones.

Como parte del apoyo gubernamental a ese sector, la Comisión Nacional de la Defensa de la Competencia (Procompetencia) organizó el año pasado rondas de negocios internacionales, de las que varios fabricantes en el modelo zona franca lograron acuerdos para exportar a México y Colombia.

La cosmética criolla llega principalmente a las góndolas de tiendas de Estados Unidos, Países Bajos, España, Puerto Rico, Haití y Cuba. Pero está la intención de explorar nuevos mercados en Europa y el Caribe.

Grullón opina que los países asiáticos también representan una opción interesante sobre todo para los productos capilares, pero para ir tras esa zona, primero los químicos locales tendrían que adecuar sus fórmulas, ya que las necesidades son diferentes a las exigencias de un cabello en clima tropical.

El Clúster de la belleza se creó en 2009, como resultado del Programa Innovación Industrial: Compitiendo en Rapidez y Flexibilidad que desarrolló la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD) con el apoyo del Consejo Nacional de Competitividad (CNC), con fondos provenientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Desde entonces, la AIRD ha llevado a cabo investigaciones sobre el comportamiento del sector, que han permitido conocer mejor su perfil y necesidades. Entre los principales competidores regionales que han identificado están México y Panamá, países que destinan su exportación de productos de belleza principalmente hacia América del Norte y América Central.

En tanto que entre los países con mayor participación en exportaciones globales destacan Brasil, Argentina, Colombia, que destinan sus exportaciones a América del Sur, principalmente.

El turismo también ha sido apoyo para la promoción de la industria. Por ejemplo, visitantes que llegan desde Rusia, un segmento de turista en crecimiento en los últimos años, luego de probar marcar locales, las llevan a sus países, lo cual ha abierto oportunidades a algunas empresas para vender en ese mercado.

Esa industria corresponde al renglón “Fabricación de productos de la refinación de petróleo y químicos”, que en el 2019, reportó un 9.8% del valor agregado de manufactura y un 1% del PIB, según estadísticas del Banco Central de la República Dominicana.

Del 2014 al 2020, los productos con mayor aumento en las exportaciones han sido las preparaciones capilares (66%), las mezclas de sustancias odoríferas (58.6%) y preparaciones de belleza, maquillaje y cuidado de la piel (22.7%), según cifras de la Dirección General de Aduanas.

Emigrantes embajadoras

El boom de migración de dominicanas a Estados Unidos que tuvo lugar en la década de los 90 se convirtió en el despegue de la exportación de los productos capilares de fabricación local.

Las mujeres se dedicaron a trabajar principalmente en salones de belleza, pero al no encontrar en Norteamérica acondicionadores que les proveyeran resultados en el cabello similares a los de su país, pues comenzaron a pedir a sus familiares que les enviaran las fórmulas locales, que luego compartían con sus vecinas extranjeras.

Así cuenta, Ricardo Esteban, quien representa a la tercera generación de directivos de una de las empresas más antiguas de productos de belleza del país, Halka Industrial, fundada a inicios de la década de 1930.

Esteban cuenta que su familia empezó elaborando jabones, colonias y vaselina para el pelo. Más adelante, el mercado fue exigiendo soluciones para cuidados más específicos para el cabello, por lo que Halka Industrial, con su marca HK Cosmetics, se ha ido adaptando a esos requerimientos.

“El mercado en el exterior tiene un gran potencial de crecimiento”, afirma Ricardo. “A pesar de ser un año de pandemia, en el 2020 tuvimos un crecimiento de un 37% de ventas y sumamos seis países para exportar, Canadá, Chile, Perú, Ecuador, México e Inglaterra”, agrega Esteban, vicepresidente comercial de Halka Industrial.

Para esa fábrica, con 158 empleados, el comercio internacional representa el 39% de sus ventas, principalmente exportan a Holanda, España, Francia, Italia, Bélgica y Eslovenia.

Esteban explica que la demanda de los productos capilares ha evolucionado a un consumidor que exige propuestas más orgánicas y aprecian en mayor medida las mezclas basadas en ingredientes naturales.

En el albor de la industria cosmética, los tratamientos para alisar el cabello rizado y los colorantes representaban las principales ventas. Pero ahora, la tendencia de llevar el cabello de textura afro al natural, tan marcado en el Caribe, ha hecho que las manufactureras trabajen en novedosas líneas que satisfagan esas necesidades.

“Ahora mismo nosotros tenemos cinco nuevos productos, porque a las consumidoras les gusta probar cosas nuevas, lo que está causando tendencia, la empresa que no innova está condenada a desaparecer”, argumenta Esteban.

La presidenta de Halka Industrial, Isabel Esteban, explica que la pandemia del Covid-19 ha representado un reto de supervivencia para el sector, ya que debido a las limitaciones que la crisis sanitaria ha impuesto a la producción y la comercialización, algunas empresas han optado por diversificar sus portafolios.

En su empresa incursionaron en la generación de productos desinfectantes de consumo masivo, como como geles antibacteriales y jabones. Asimismo, para enfrentar el impacto de la pandemia, adoptaron otras medidas, como la reactivaron su tienda en línea, ofreciendo descuentos atractivos, facilidades de pago y servicio a domicilio, con el fin de mantener los niveles de venta.

Entre otras medidas, recortaron al máximo sus gastos de publicidad y mercadeo, así como otros gasto superfluos. Además, hicieron más eficaces los procesos de llenado de los envases, detalla Esteban.

Aspectos a mejorar

Los fabricantes se enfrentan a la situación de que ese sector tiene débiles barreras de entrada, es decir, que tienen escasas restricciones para exportarse, por lo cual es fácil que empresas que no siguen rigurosos procesos de producción puedan penetrar a mercados internacionales, señala José Antonio Lomba, presidente de la Asociación de Fabricantes de Productos para el Cuidado e Higiene Personal y del Hogar (AFAPER).

El empresario indica que por ejemplo en Estados Unidos a los productos de belleza no se les exige registro sanitario, sino que se especifique la nomenclatura de los ingredientes, lo cual facilita que empresas informales vendan sus productos en esa nación.

“Tenemos el reto de asegurar que la mercancía dominicana que se vende al día de hoy fuera garantice que cumple con los criterios de calidad establecidos en el mercado de destino, para no desprestigiar el trabajo que han hecho muchas empresas que tienen una tradición de excelencia”, opina.

Lomba indica que las autoridades tienen oportunidad de apoyar al sector en la vigilancia de la legalidad del comercio, ya que se estima que de 150 empresas que están en operación, apenas 50 están registradas formalmente.

El presidente de Afaper expresa que esa situación de ilegalidad de tantas empresas genera una desventaja competitiva, porque al estas no pagar impuestos pueden ofrecer precios más bajos que las sí están aportando al fisco y asumiendo los costos de generar empleos formales.

“Las estructuras de operación informal genera una distorsión y un desánimo para el que sí cumple”, opina el ejecutivo.

Por otro lado, una debilidad del sector es que sus costos dependen bastante de los precios del dólar, una moneda que en los últimos dos años ha presentado una tendencia al alza en el país. Pero otro aspecto que les afecta es que el 90% de la materia prima es importada, y por ejemplo los fletes marítimos de la carga proveniente de China han triplicado su precio en el último año. El traslado de un contenedor que a principios del año pasado podía costar 1,500 dólares este año ha tenido momentos que ha alcanzado hasta los 13,000 dólares, según datos de la Asociación de Navieros de la República Dominicana.

Con el valor del dólar incrementado, al tiempo de los fletes, para muchas empresas ha resultado cuesta arriba mantener sus precios, sin traspasar el costo a los consumidores.

En torno a eso, Lomba propone que se formen plataformas que permitan a los laboratorios dominicanos comprar materias primas y material de empaque de forma conjunta, lo cual aseguraría que varias empresas adquieran al mismo tiempo mayores volúmenes y obtengan mejores precios.

“Una ventaja es que hay empresas a nivel local que distribuyen algunas materias primas, por lo cual no hay que comprar, en ciertos casos, contenedores completos”, dice Lomba, quien también está al frente Laboratorio Capilo Español, una empresa que produce al año alrededor de 100 toneladas de sustancias cosméticas, principalmente para el cuidado del cabello.

Lomba indica que un nicho de mercado que tiene mucho potencial es el de desodorantes y las lociones, pero para explotarlo haría falta innovar y marcar algún sello distintivo, como por ejemplo usar elementos naturales propios del país como el coco y el cacao.