Hay momentos en los que se precisa de ese optimismo de los analistas para, con su narrativa, reforzar las expectativas, tratar de dinamizar la economía y, en esencia, motivar a los agentes económicos que en esta operan. Pero, de la misma manera, en ocasiones se hacen necesarios análisis realistas y que, con su crudeza, conciencien a los gobernantes y, más importante aun, a la población de la situación que vive el país y las consecuencias que tendría para este la inacción y la autocomplacencia injustificada ante la realidad que siempre nos ofrecen los datos y numerosos indicadores.

Y en estos momentos, ante los datos que vamos recogiendo y analizando, se puede observar claramente esa necesidad de mostrar una realidad que, no siendo optimista, precisa ser señalada ante la importancia que representa semejante hecho. Y es que dijimos que esta crisis tendría consecuencias irreparables en materia de desigualdad, convergencia entre economías desarrolladas y en desarrollo, entre otros aspectos, pero la realidad de los datos a la que hacíamos mención nos muestra que esto que comentamos no era un mantra, y que ya se observan señales que deberían, como poco, preocuparnos y motivarnos a revertir una situación para nada deseable.

Leer: Así espera el Banco Mundial que crezca el PIB en los países de Centroamérica para 2022

Navegando en Google, basta con introducir “economía de Centroamérica” para ver esos titulares a los que hago alusión en esas advertencias que señalo. “La economía de El Salvador proyecta el menor crecimiento económico en el mundo para el año 2022”, “A Centroamérica le espera la mayor inflación y el menor crecimiento en el año 2022” o “El fin del sueño centroamericano” son algunos ejemplos de estas consecuencias que señalo, y que la ciudadanía debe conocer, así como tomar conciencia para revertir una situación tan preocupante como peligrosa de no subsanar y adoptar medidas para corregirla y revertirla.

Como sabemos, desde la gran crisis financiera de 2008, las economías de América Latina y el Caribe, entre las que podemos destacar especialmente a las en desarrollo de Centroamérica, comenzaron a sufrir una desaceleración que acabó con ese gran dinamismo que, años antes, presentaban. Los ritmos de crecimiento, que antes de la crisis recogían una media que ascendía hasta los dos dígitos, se redujo considerablemente. Y todo ello, teniendo en cuenta ese estancamiento, retrasaron esa necesaria convergencia entre economías desarrolladas y en desarrollo en hasta 300 años, tal y como cifraron numerosos macroeconomistas.

Y esta crisis a la que nos enfrentamos hoy vuelve a poner en peligro esa convergencia, hoy frenada. El impacto asimétrico de esta crisis, atendiendo a las desigualdades que presentan estos dos tipos de economías, está provocando un ensanchamiento de los desequilibrios y, por ende, un mayor ensanchamiento entre los niveles que muestran unas, las economías desarrolladas, y otras, las economías en desarrollo. En otras palabras, volvemos a enfrentarnos a un nuevo retraso en esa convergencia, el cual condena a la ciudadanía a sufrir todas las consecuencias que tiene presentar esas debilidades que tanto caracterizan a este tipo de economías.

Portada Mayo Forbes Centroamérica y República Dominicana
Portada Mayo Forbes Centroamérica y República Dominicana. Fotocomposición: Fernando Luna Arce / Forbes Latam

Debilidades, por ejemplo, como la pobreza, la economía informal y la corrupción, así como otros desequilibrios que impiden alcanzar el bienestar que, por otro lado, se persigue.

Por esta razón, podríamos escribir un artículo señalando el buen registro turístico que prevén registrar economías como la dominicana, o señalar el buen desempeño de la economía costarricense entre tanto pesimismo, pero no conviene señalar hechos coyunturales ante un análisis estructural que presenta atención urgente por parte de unos países que enfrentan más sombras que luces en el horizonte. Las oportunidades y las ayudas están, pero los desequilibrios van en aumento y la ciudadanía está comenzando a notar los efectos de esto.

Prueba de ello podría ser la migración de personas que, día tras día, tratan de salir de la región para lograr oportunidades en países como los Estados Unidos.

Y es cierto que hay oportunidades. La pasada semana hablaba sobre cómo la reconfiguración de las cadenas de valor podría suponer una oportunidad para estas economías de atraer capitales extranjeros, empleo y riqueza. De la misma manera, los derechos especiales de giro del FMI, las ayudas ofrecidas por numerosos organismos multilaterales, o las buenas condiciones financieras que se ofrecen a estas economías para lograr su desarrollo también ayudan, y especialmente en un momento como el actual, en el que las instituciones precisan recursos. Y todo esto que comento, entre otras oportunidades, como podrían ser los nuevos acuerdos comerciales con América del Norte.

Le invitamos a seguirnos en la cuenta de Twitter

Sin embargo, se precisan muchas reformas que deben activarse para hacer todo esto posible. Desde reformas que aboguen por una mayor transparencia hasta la reforma fiscal que tanto precisa la región, pasando por todas esas otras reformas que buscan combatir esas debilidades y desequilibrios que hemos citado en numerosas ocasiones en nuestra columna, la región precisa reformas que permitan que todas esas oportunidades se conviertan en realidad. Y más importante aún, que la región logre ese dinamismo que, nuevamente, permita confiar en una convergencia tan deseada como necesaria.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.