Hace escasas semanas se publicaban las perspectivas económicas del Fondo Monetario Internacional (por sus siglas, FMI) para los próximos años. En este informe, el organismo recoge la percepción que tiene sobre las distintas economías a lo largo y ancho del planeta, a la vez que muestra el ritmo, las cifras, al que estas economías prevén crecer los próximos ejercicios. Unas perspectivas muy esperadas por el escenario de excepcional incertidumbre, pero muy poco sólidas por la misma razón.

En otras palabras, debemos ser conscientes de que hablamos de previsiones económicas, es decir, de una cifra que aún no se ha registrado y se trata de aproximar. Si tenemos en cuenta que el Fondo Monetario Internacional no ha sido tan preciso como podría haberlo sido, como muestran los estudios al respecto, y si tenemos en cuenta el escenario en el que vivimos de excepcional incertidumbre, como decía anteriormente, extraer una cifra de crecimiento que se cumpla en unos meses, teniendo en cuenta que en 3 años hemos vivido una pandemia, una guerra, el asalto al capitolio, a Afganistán por los Talibanes, entre otros sucesos, es una tarea casi imposible.

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Entrando ya en materia, el informe del que hablamos recoge las perspectivas de crecimiento para los próximos años. En este, lo que observamos, de inicio, es una mejoría en las perspectivas para unas economías, así como un deterioro de las perspectivas para otras. Sin embargo, hay que decir que, a diferencia de lo convencional, no son las economías en desarrollo y emergentes las que sufren este deterioro, sino que son las desarrolladas y, especialmente, las europeas, las que se llevan el shock, en tanto en cuanto mejoran las perspectivas para las economías de América Latina.

Y no es que haya que alegrarse por el deterioro de estas perspectivas, pero sí podemos celebrar que las economías de América Latina, muy deterioradas tras la pandemia vivida, no están sintiendo tanto la sacudida que supone la guerra para unas economías europeas que han comenzado a desacelerarse notablemente. Incluso las propias perspectivas globales se han visto sacudidas por el conflicto que se está produciendo al este de Europa y, sin embargo, el FMI se muestra bastante optimista con muchas economías de la región, en donde algunas esperan crecer a un ritmo de dos dígitos, incluso.

Para hacernos una idea, las cifras nos muestran cómo el Fondo Monetario Internacional rebajó hasta el 3,6% su previsión de crecimiento económico global para 2022 a medida que la guerra se recrudece en Ucrania. Sin embargo, y como decíamos, el escenario para América Latina es completamente distinto. En este sentido, las proyecciones son más optimistas, y para ser precisos, incluso más optimistas que las que emitía este mismo organismo hace tres meses. En cifras, la región podría crecer a un ritmo cercano al 2,5% este año, una décima más de lo que esperaba en enero, antes de que estallara el conflicto.

Y como digo, no es que debamos celebrar el deterioro de las perspectivas en las economías europeas, pero sí celebrar el crecimiento de unas economías claramente más rezagadas en lo que a crecimiento y, en especial, desarrollo se refiere. La pandemia fue un duro golpe para todas las economías en el mundo, y la capacidad de estas para responder a esta era bastante menor. El resultado fue una acentuación de las desigualdades y años perdidos de desarrollo y crecimiento que veríamos a ver cuando se recuperarían. Sin embargo, hay que decir que este optimismo que vemos en la recuperación, en la que incluso salen reforzadas frente a otras que ya comienzan a mostrar los primeros síntomas de ese deterioro futuro, es una noticia bastante positiva para el conjunto de economías que integran esta región.

De hecho, hemos hablado en otro momento de relocalización y nearshoring. En estos momentos, las distintas cadenas de valor repartidas a lo ancho y largo del planeta están reposicionándose. Muchos inversores, empresarios, mandatarios están buscando alternativas a China que reduzcan una dependencia asiática que ha acabado derivando en desabastecimiento y escasez. Y hay que decir que esta mejora en las perspectivas acentúa el atractivo de un conjunto de economías emergentes que se postulan como la mejor alternativa a China para reducir la dependencia y, de esa manera, atraer la inversión extranjera y la actividad económica y riqueza que de esto se deriva.

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Pues hay que decir que, en conclusión, llevamos muchos meses siendo bastante pesimistas, como se ha podido observar en la narrativa económica, pero ello no quita que entre todas esas sombras, existan luces que permitan ver el final del túnel. En estos momentos, los datos nos dicen que debemos seguir trabajando y que son muchas las reformas que deben impulsarse en la región, pero también vemos buenos datos de crecimiento en muchas economías, así como economías que ya se encuentran plenamente recuperadas. Un síntoma bastante bueno de unas economías que demuestran ser más capaces y resilientes que en el pasado.

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