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Miguel Collado Di Franco
Los incrementos generalizados y sostenidos en los precios de bienes y servicios, es decir la inflación, está elevando la cantidad de recursos vía impuestos que reciben los gobiernos, y acentúan, por consecuencia, la pérdida de ingreso disponible de los ciudadanos.

Un impuesto es el resultado de multiplicar la base de éste por su tasa. La inflación de precios incrementa el monto de los impuestos que pagan los contribuyentes como consecuencia del aumento en el valor de las bases.

A la base de un bien, que ya contiene el costo, seguro y flete, se le agrega el arancel, los impuestos selectivos y cualquier otro costo o impuesto. En un ambiente inflacionario, los costos de las empresas aumentan.

Sin embargo, también hay que tener en consideración que la base se convierte en la referencia del impuesto al valor agregado (IVA) que paga el consumidor final. Lo que recibe el consumidor en su bolsa de compras es un conjunto de bienes a los cuales impactaron la inflación y los impuestos encadenados.

Cuando el bien que adquiere el consumidor está exento de IVA, el consumidor paga en el precio los impuestos al valor agregado que tuvieron que pagar los productores. Es decir, que el IVA de la materia prima del bien, el del empaque, o el de los servicios involucrados en el proceso productivo van directamente al costo final.

Como el bien está exento, los productores no pueden compensar cada uno los impuestos que pagaron a la administración tributaria. De manera forzada, le corresponde al consumidor final hacerlo.

En consecuencia, esa es otra forma en cómo nuestros sistemas tributarios encarecen las actividades productivas y de cómo la inflación se amplifica por medio de los impuestos que intervienen en la producción.

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Menor impacto por fiscalidad para empresas

Es entendible que los bienes y servicios que consumen los gobiernos terminan aumentando de precios con el proceso inflacionario. Sin embargo, el conjunto de esos bienes y servicios es un subconjunto de todo lo que demandan emprendedores y consumidores.

En la esfera de la sociedad civil, los individuos están adquiriendo todos los bienes que consumen en sus vidas a un precio mayor al de antes. En adición a esta inflación de precios, se agrega el aumento de impuestos ya descrito.

Los hombres y mujeres que sustentan la economía terminan teniendo menos capacidad para consumir y para ahorrar. Ante esta situación siempre cabe preguntarse si no es el momento de que los privados reciban un menor impacto por la fiscalidad. Al fin y al cabo, son ellos quienes crean la riqueza en el mundo y son los que mantienen a los gobiernos con sus impuestos.

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Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.