Por Nohelis Ruiz
A los seres humanos nos sorprende cuando acontecimientos históricos se repiten, a pesar de que sabemos lo dañino y devastadores que son. La humanidad cae en la repetición y topamos sin cesar con piedras que ya deberíamos haber quitado del camino, pero vuelven a aparecer, lamentablemente para mostrarnos que seguimos en una constante lucha, esa abrumadora incapacidad para resolver los problemas, o por lo menos sostener a lo largo del tiempo, esos resultados que, aparentemente pudimos resolver en algún momento de la historia. En sistemas más pequeños, como el “Árbol Familiar”, ocurre lo mismo y las historias se repiten de generación en generación. Sucesos y situaciones que redundan y las volvemos a vivir con el mismo nivel de perplejidad. Nos pillan nuevamente actuando como si no hubiésemos aprendido nada de la historia reciente y no tan reciente, como que si esto fuera diferente y no lo hubiésemos vivido ya. Es cierto que son diferentes personas, porque aquellos que lo vivieron, ya no existen, pero ¿Dónde está el error? ¿Qué pasa en nuestra mente que seguimos repitiendo historias en el plano personal, social y global?

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La clave está en que ese resultado obtenido, la solución a aquel problema, no lo anotamos, no lo sostuvimos; por tanto, la información de dicho aprendizaje no se transfirió a las siguientes generaciones. La transferencia de información y su uso sostenido en el tiempo, es de vital importancia y en esto siempre fallamos, de hecho, a nivel personal muchas de las cosas que repetimos, es porque aún nos falta un paso o varios por dar, por transitar, por caminar para que esto se codifique y tenga lugar la transferencia de conocimiento.

Lo cierto es que conocemos decenas de frases que hacen referencia a este tema, todas o casi todas, aluden a que cometemos los mismos errores, hacen referencia a esta incapacidad de aprender de ellos y que estamos condenados a vivirla nuevamente, porque como pueblo, no conocemos nuestra historia. La verdad, es que yo estoy de acuerdo con esas celebres frases de algunos grandes pensadores, filósofos, mentes brillantes, personajes relevantes y referentes. Dichos postulados, hacen referencia a lo mismo, análogamente una y otra vez; y penosamente, solo nos han servido para postearlas en redes sociales, quedándose en frases para la reflexión, una reflexión que no hacemos, no nos cuestionamos esos enunciados. Lo cierto es que eso nos lleva a asumirlos como una verdad, pero una verdad vacía y sin sentido real, que solo nos conduce a la inacción, seguimos en el mismo lugar sin dar ese siguiente paso necesario para que no se repitan nuestras historias.

Por esta razón y porque estamos en el portal que precede el inicio de la nueva humanidad, yo hoy comparto en este artículo mi propuesta, ya no como un supuesto o mera teoría sacada de una noche de reflexión, sino como herramienta que será imprescindible aplicar y usar para que logremos codificar el aprendizaje, y consecuentemente se realice de forma efectiva una “Transferencia de Conocimiento” real y sostenible en el tiempo. Lo que nos compensará como sociedad, y finalmente dejemos de repetir nuestra historia personal y social, es decir en todos los ámbitos, a escala individual y a escala colectiva.

Los seres humanos confundimos “Aprendizaje” con “Acumulación de Conocimientos”

 Una de las premisas a tomar en cuenta es la de NO confundir “Acumulación de Conocimientos” con “Aprendizaje”. Son cosas muy diferentes, por una parte, debemos tener en cuenta que toda la información recaudada, obtenida y recibida, debe ser relacionada y utilizada. Para ello es necesario experimentarla, utilizarla, actuarla, sentirla; gracias a lo cual, se convierta en aprendizaje y luego podamos codificarla con el propósito de que sea transferida. Esto no los confirma, por ejemplo, la informática, la Inteligencia Artificial y la vida misma; la data no relacionada no sirve de nada, la información almacenada, sin que haya un proceso de filtro, selección, relación y uso; no se convierte en aprendizaje, es una mera “Acumulación de Conocimiento”. En la vida todos hemos visto como millones de personas alrededor del mundo obtienen un grado o título universitario, y que, por alguna razón, no han ejercido la profesión, ese conocimiento se quedó solo en eso, un diploma que se obtuvo gracias a estudios, pero no pasó de recaudación información y nos quedamos solo en “Yo se”, el saber por el saber no es funcional. Lo que nos hace humanos no es nuestra capacidad de pensar, ni de saber, es nuestra capacidad de COMPARTIR EL APRENDIZAJE que obtuvimos, gracias a la experiencia, gracias a haberlo aplicado de forma activa y expresa.

Para que la transferencia de conocimiento sea funcional, real, efectiva y la codifiquemos como individuos y como grupo, es imprescindible identificar, ver y anotar aquello en lo que nos hemos convertido “El Nuevo YO”, “El Nuevo Sistema”, “La Nueva Humanidad”, “El Nuevo Mundo”. Comprender y mantener siempre presente ese logro, ser conscientes del proceso, es decir, de cómo logramos liberarnos de esas cosas repetitivas, de esos peligros, de esos eventos y situaciones catastróficas. Identificar, aceptar, integrar y asumir ese “Nuevo YO”, ese resultado o solución a la cual llegamos gracias a descubrir de forma individual y colectiva esas capacidades, poderes y talentos, que hasta ahora no veíamos y no teníamos en cuenta; y que se han puesto en juego para el logro de ese objetivo beneficioso al que hemos llegado.

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La liberación se trata de crear una realidad donde seamos libres, no se trata de liberarnos de donde estábamos, sino de construir una nueva realidad, habitarla y sostenerla a lo largo del tiempo.

Una vez hecho este trabajo de identificación, es imprescindible que lo repliquemos una y otra vez en el tiempo y en diferentes ámbitos, que sigamos de forma coherente y honesta, actuándolo, usándolo, aplicándolo y expandiéndolo. He aquí los pasos que no damos, no hacemos este trabajo porque creemos que el resultado se mantendrá tal cual lo concebimos, nada más lejos de la realidad. La historia nos demuestra lo contrario, y la vida insistentemente nos recuerda que es necesario mantenernos en un avance constante y traspasar las fronteras de lo posible. Tomando como ejemplo un “Acuerdo de Paz” en una región o país, una vez llegados a ese acuerdo, será necesario incluir e integrar a más y más personas, países, organizaciones en dicho acuerdo. Expandir los límites y fronteras, aceptando las diferencias del otro, y no, sacándolos de “nuestro acuerdo” por su color de piel, por su ideología, sus creencias, prácticas religiosas o su filosofía de vida. Lograr un acuerdo, o la rendición de un pueblo, tomar el control o poder sobre ellos, intentar sacarlos del juego para protegerme a mí, y querer eliminarlo, es lo que nos hace repetir la historia. Se trata de ir creando acuerdos, donde todos seamos parte, acuerdos para armonizar y no para eliminar al otro, repitiendo la historia “Quítate tu para ponerme yo, porque lo mío es mejor que lo tuyo”.  Te cuento un secreto, no hemos venido a cambiar al mundo, hemos venido a crear armonía, con todos los que somos, con todos los involucrados, con todos los que estamos en este planeta, con todos los que aquí vivimos, como los grandes directores de orquesta, logrando sonidos sublimes con todos los músicos y diferentes instrumentos. Aquí entra en juego la inteligencia colaborativa y colectiva, que solo se puede medir y cuantificar, una vez que todos juntos, por encima de nuestros intereses particulares,  e involucrados; manifestemos de forma expresa y activa, la voluntad de crear o resolver algo juntos, permitiendo que esto arroje resultados excepcionales, que no solo tengan consecuencias buenas y satisfactorias para un grupo, sino que sea para el total, dando lugar al aprendizaje y por ende a la transferencia de conocimiento, gracias a esas experiencias enriquecedoras.

*La autora es experta en Networking

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