Por Juan Francisco Torres Landa Ruffo

Se cierne sobre nuestro país y el resto de Latinoamérica un problema muy serio. Viene una ola mundial que mezcla recesión e inflación, lo que los economistas denominan estanflación. El panorama no es muy halagador, en particular porque se suman varios elementos en la región que hacen de este fenómeno mundial mucho más preocupante para nuestro vecindario. Se podría evitar la severa adversidad si se toman ciertas medidas pronto. Nos explicamos:

Coyunturas Históricas

Las coyunturas históricas no se escogen, se presentan, y la referencia obligada es saber cómo actúan las personas o las naciones ante dichos eventos. Aunque evidentemente se puede hacer mucho por amortiguar golpes o mejorar condiciones, la realidad se impone y toca ver qué hace cada país,  para no quedar demasiado afectado ante las circunstancias. Por ello debemos revisar lo que México y otros países de la zona latinoamericana están haciendo en esta época tan incierta.

La historia nos plantea momentos de definición. En los últimos 100 años apenas ha habido unos cuantos episodios que definen la trayectoria real de los países. Entre ellos podemos citar el fin de la Segunda Guerra Mundial, las guerras de Corea y Vietnam, la situación de misiles en Cuba, la crisis del petróleo, la caída del muro de Berlín, la apertura económica de China, la revolución digital, la pandemia del Covid-19, y ahora, en momentos recientes, la guerra de Ucrania y la modificación drástica en la relación comercial entre EUA y China. Todos estos han sido eventos relevantes que generan condiciones disruptivas que detonan cambios de fondo en los países afectados.

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Impacto Global

Es así, que en este mundo convulso, donde estamos saliendo de la pandemia, que tenemos una combinación de efectos con gran impacto global. Como en toda situación compleja, las crisis o riesgos generan también oportunidades. En concreto tenemos el rompimiento de las tradicionales cadenas de suministro o valor. La salida masiva de instalaciones fabriles en China para estar más cerca de los lugares de manufactura final es una realidad. En el caso de EUA el destino más obvio de este fenómeno de “onshoring” o “near shoring” es Latinoamérica y en particular México.

Oportunidad Histórica

La pregunta es si los países al sur de los EUA van a aprovechar esta oportunidad histórica o si se perderá en beneficio de otros países, como de hecho ya acontece de alguna manera con sitios en el este de Asia. La realidad es que no hay una segunda oportunidad. El momento es ahora y lo que no se haga en los meses por venir es factible que no se pueda hacer en muchos años. Las ventanas se cierran en cuanto se consolida una determinación empresarial de que los nuevos arreglos ya quedaron implementados.

La inercia política en Latinoamérica es asimétrica con lo que la demanda económica requiere ahora. Una ola de populismo inhibe la toma de decisiones racionales para tener el mejor entorno posible ante esta oportunidad histórica que no se va a repetir pronto. El populismo y la retórica resultante colisionan con esquemas tan obvios como son la certidumbre de inversión, la independencia judicial, los contrapesos institucionales, y la claridad regulatoria, entre otros. Estos ingredientes tristemente no los vemos en la gran mayoría de los países latinoamericanos.

Efecto Económico

Por ello, es que en la actualidad vemos con preocupación que ante la estanflación que se viene como tsunami en el mundo, y ante la coyuntura de lo que representaría recibir masivamente inversiones extranjeras que serían contra cíclicas, se haya perdido el rumbo dado que para los populistas en las urnas es rentable en el corto plazo aparecer como disruptivos y antisistema. El resultado previsible es que el impacto adverso de la estanflación y la baja recepción de inversiones van a generar una zona de turbulencia evidente por meses y quizá años. Los problemas son reales y tangibles.

Mal momento para que la región cayera víctima del populismo, sobre todo ahora viendo que prácticamente todos los países importantes están en esa deriva, salvo los casos de Uruguay y Ecuador. No vemos grandes cambios a esta mala ruta en el corto plazo. El principal resultado es que la región tendrá un mal desempeño económico en lo general, en un momento en que se deberían haber recibido inversiones a un ritmo de unos US$70,000 millones de dólares según las estimaciones del BID (con un 50% de dicho monto en México nada más). Esos flujos llegarán a otros destinos.

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Aún hay posibilidad de cambio

Pero como todo en la vida, el hubiera no existe. Ojalá y nos equivoquemos y haya un cambio de rumbo pronto y que entonces los países latinoamericanos se den cuenta de la gran oportunidad a la que tienen acceso hoy. Por el bien de su población y del presente y futuro de sus capacidades económicas no deberían cerrar los ojos por simple agenda electoral. Requerimos estadistas, no meros gobernantes enfocados únicamente en las urnas. El tiempo de grandes definiciones es ahora. El tiempo apremia.

*El autor es Socio de Hogan Lovells, Líder de la práctica Latinoamericana

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